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Por Publicado el: 25/04/2023Categorías: En vivo

Crítica: Tarde titánica con Marín y Liebreich

Tarde titánica con Marín y Liebreich

ORQUESTRA DE VALÈNCIA. Carles Marín (piano). Alexander Liebreich (director). Programa: Obras de Coll, Saint-Saëns y Mahler. Lu­gar: València,  Palau de les Arts (Auditori). Entrada: Alrededor de 1.400 personas (prácticamente lleno). Fecha: Viernes, 22 abril 2023.

Alexander Liebreich y Carles Marín

Extenso pero ameno, feliz y surtido programa, que combinaba el estreno en Europa de Elysian, del valenciano Francisco Coll (1985), con el Concierto Egipcio de Saint-Saëns y la Primera de Mahler, conocida como “Sinfonía Titán”. Un concierto “titánico” por sus proporciones, pero sobre todo por el “titánico” hacer de sus protagonistas: el pianista Carles Marín, el compositor Francisco Coll, una Orquestra de València que firmó una de sus mejores tardes y un maestro -Alexander Liebreich- que hizo gala de sus mejores valores y cualidades. El director bávaro acompañó con dispuesta generosidad a Carles Marín el concierto de Saint-Saëns; trabajó a fondo y a conciencia la nada fácil nueva partitura de Coll, y se volcó en un Mahler suntuoso, personal y cargado de detalles y destellos.

Elysian, estrenada por el también valenciano Gustavo Gimeno y la Sinfónica de Toronto, es un encargo conjunto de la orquesta canadiense (de la que es titular Gimeno) y de la propia Orquestra de València. Nació en plena pandemia, en 2020, y, como tantas veces en el caso del músico/pintor, la pintura está muy cerca, dentro incluso. Pero más allá de cualquier connotación, la obra, sus catorce minutos, es nuevo estadillo del genio creador de Coll. Timbres, efectos, recursos dinámicos, colores instrumentales, Coll recurre a todo sin complejos ni más norma que su propio sentido, para regodearse en ese lenguaje único, inconfundible, que marca toda su obra, incluida la pictórica. Es algo que se siente desde la primera nota. El hálito del genio. Y Coll lo vuelca en esta página de compleja escritura, que supone un reto interpretativo para cualquier formación sinfónica. La Orquestra de València puede jactarse de haber materializado una lectura de refinada calidad, fiel a la letra y al espíritu del compositor paisano. Liebreich y sus profesores se han volcado en esta partitura cargada -como toda la obra de Coll- de retos, sentidos y metas. El propio compositor recogió desde el escenario los aplausos entusiastas de sus paisanos melómanos.

Bravo también merece el modo en que el pianista Carles Marín -uno de los valores importantes del actual piano valenciano y español- planteó el brillante y exigente Quinto concierto para piano, “Egipcio”, de Saint-Saëns, en el que tanto late la condición virtuosa del compositor. Marín, impulsado por el acompañamiento estimulante y atento de Liebreich, lució su alcurnia pianística en una visión impecable, cargada de méritos y dominio, desde la galanura orientalizante del Andante central al reto virtuosístico de un tercer movimiento cuyas muchas exigencias son solo aptas para artistas cargados del dominio técnico y fina inspiración que alentó la versión del artista valenciano. Viva ovación y varias salidas a saludar desembocaron en una propina quieta y preciosista que templo los ánimos encendidos por tan brillante ejecución y música.

Y en la segunda parte, la Primera de Mahler, con un inicio nada alentador por parte de los violonchelos. Fue solo un lapsus. Pronto, Liebreich y músicos se volcaron en una lectura con firma, en la que la batuta ahondó de modo natural en rasgos folclóricos -particularmente en el segundo movimiento-, extremó dinámicas sin hueras retóricas y cuidó primorosamente detalles y matices. En el tercer movimiento contrastó el sentido de la lenta marcha con el empaque de la instrumentación y su arraigo popular. El solista de contrabajo, Javier Sapiña, cantó con afinado esmero su arriesgado solo, como luego, en el resto del movimiento, se lucieron trompetas y cuerda. La explosión del cuarto movimiento, supuso la culminación, radiante, espectacular pero en absoluto vacua, de este Mahler en el que Alexander Liebreich de modo tan palmario ha dejado constancia de su categoría como maestro y artista. ¡Bravo a todos! También y muy calurosamente al muchísimo público joven que siguió el concierto en un silencio y respeto que para sí quisiéramos los del pelo blanco. ¡Titanes del futuro, pero ya bien presentes! ¡Qué envidia! Justo Romero.

Publicado en el diario Levante el 23 de abril de 2023.

Un comentario

  1. Juan Martínez 26/04/2023 a las 18:20 - Responder

    No habría estado de más que se nombrara a Vicente Zarzo Pitarch, a quien se dedicó el concierto, un gran maestro que triunfó en el mundo, referente de la trompa, tanto intérprete como teórico de su aprendizaje.

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