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Por Publicado el: 19/12/2018Categorías: En vivo

Crítica: Tebar, Orquesta de Valencia y Coro Nacional

orquesta-de-valencia

Orquesta de Valencia

This is almost America!

TEMPORADA OTOÑO PALAU DE LA MÚSICA.  Programa: Segunda sinfonía, “Canto de alabanza”, de Mendelssohn-Bartholdy. Maria Bengtsson y Ofelia Sala (sopranos), Robert Dean Smith (tenor). Coro Nacional de España (Miguel Ángel García Cañamero, director). Orquesta de València. Director: Ramón Tebar. ­Lu­gar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1750 personas (prácticamente lleno). Fecha: Viernes, 14 diciembre 2018.

Cuando el 25 de junio de 1840 Mendelssohn-Bartholdy dirigió en Leipzig el estreno de su majestuosa Segunda sinfonía, Robert Schumann escribió con entusiasmo acerca del enorme impacto que la nueva obra provocó en el público sajón. Heredera directa de la Novena de Beethoven y de la pasión bachiana de su creador, Mendelssohn-Bartholdy compone este multitudinario “Canto de alabanza” para conmemorar el cuarto centenario de la invención de la imprenta. Tres solistas, un nutrido coro y una compacta orquesta son los mimbres de esta extensa sinfonía coral en forma de cantata, interpretada el viernes en el Palau de la Música por la Orquesta de València, el Coro Nacional de España y un bien escogido trío vocal. En el podio, dirigiendo el tráfico sonoro más que indagando en él, Ramón Tebar.

El titular de la Orquesta de València optó por centrar su versión en los aspectos más superficiales y jubilosos del monumental fresco sonoro, para mantener siempre un nivel correcto, aunque sin adentrarse en ningún caso en los recovecos religiosos e introspectivos que también habitan la exultante partitura, cuyos textos fueron extraídos de la Biblia por el propio compositor y enlazados por el coral ¡Que todo lo que respira alabe al Señor! En su aparatosa y epidérmica lectura Tebar calibró con vehemencia los elementos estilísticos y las energías que convergen en los tres movimientos, y como es costumbre en él, desaprovechó los episodios más calmos e introspectivos para devaluarlos a meros episodios de distensión y tránsito. Así se escuchó el en otras ocasiones sobrenatural  coral Nun danket alle Gott mit Herzen –original de Martin Rinckart, y también utilizado por Liszt, Brahms, Reger o Bruckner en su famoso Salmo 150-, interpretado por el coro a cappella, en el que ni siquiera el recurso artificioso de atenuar hasta la penumbra la iluminación de la sala logró conmover más allá de la cuidada interpretación de las voces del Coro Nacional.

La Orquesta de València respondió bien al compromiso de abordar la música siempre delicada, siempre desnuda, tan clásica y tan romántica a un tiempo, de Mendelssohn-Bartholdy. Los metales –trompetas y trombones especialmente- se mostraron en bastante mejor forma que de costumbre, mientras que a la cuerda, muy correcta y bien conjuntada, le faltó sin embargo cuerpo y densidad. También ligereza y pastosidad. Los contrabajos y los violonchelos se ubicaron arbitrariamente fracturados en dos secciones, cada una de ellas en un lateral del escenario, como si tocaran la Pasión según san Mateo de Bach o la Música para cuerda percusión y celesta de Bartók.

Los tres solistas vocales lucieron su clase y categoría tanto en sus intervenciones individuales como de conjunto. La soprano sueca Maria Bengtsson y la valenciana Ofelia Sala (incorporada al elenco a muy última hora) brillaron y aportaron calor, hondura y emoción con su sobresaliente canto, como también el veterano wagneriano Robert Dean Smith, que cargó de empaque, sentido e intensidad lírica sus intervenciones, muy especialmente el solo Stricke des Todes… (Los lazos de la muerte…).

El Coro Nacional de España, bien preparado por su director el valenciano Miguel Ángel García Cañamero, cantó con brío, entusiasmo y ductilidad, fiel a las indicaciones que llegaban desde el podio, y mostró su punto más vulnerable en una sección de sopranos cuya heterogénea sonoridad era una suma de registros, afinaciones y articulaciones no siempre unitarios. El éxito que cuenta Schumann del estreno en Leipzig se repitió ante el público valenciano, que abarrotó el Palau de la Música y aplaudió con entusiasmo generoso a todos tras el brillante coro final Ihr Völker, bringet her den Herrn… (Pueblos, ofreced al Señor…), cantado en una sala artificiosamente sobreiluminada, como si se escuchara el luminotécnico Poema del éxtasis de Scriabin. Al menos tanto resplandor no era de colorines. This is almost America! Justo Romero

Publicado en el diario Levante el domingo 16 de noviembre.

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