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Por Publicado el: 14/09/2019Categorías: En vivo

Crítica: Torrencial Floristán

Crítica: Torrencial Floristán

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Perez Floristan

Obras de Ligeti, Beethoven y Mussorgsky. Juan Pérez Florístán. Ciclo Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Auditorio Nacional, Sala Sinfónica, Madrid. 11-IX-2019.

Tras su éxito en los Proms se presentaba Juan Pérez Floristán en esta temporada en un Auditorio Nacional con menos gente de la debida en la sala sinfónica pero con un notable rejuvenecimiento del público. Tiene su lógica si tenemos en cuenta que lo que ofrece el pianista sevillano es otro tipo de espectáculo, un concierto 2.0, si se quiere entender así. Con desenfado, presentando las piezas en ambas partes, Floristán se saltó unas cuantas reglas de etiqueta concertística para proponer un programa maduro, muy exigente a nivel técnico y en el que hierven las mismas heridas disfrazadas de distintas estéticas. Abría fuego la Musica Recercata de Ligeti, un conjunto de miniaturas disímiles creadas en ese dialecto pianístico tan personal que practicaba el compositor húngaro y que se va desplegando por los compases con imaginación y notable sentido teatral. Floristán las encaró con un ataque muy directo, lejos de cualquier afectación, y en una búsqueda continua de la belleza de lo incómodo, que es lo que en ocasiones plantea Ligeti. La trasparencia del vals de la pieza IV o la turbidez en el uso del pedal de las últimas miniaturas consiguieron transmitir una sensación de paisaje descubierto que sólo aparece cuando se tocan bien. 

Sin solución de continuidad (Floristán había abogado en su explicación inicial por las sinergias entre estas dos obras) llegamos a la Sonata nº 23 de Beethoven, la Appasionata, por entendernos. Aquí pudo el empuje a la claridad, lo abigarrado al sutil dibujo armónico que subyace en la partitura. Como un torrente (con todos lo bueno y lo malo, con empuje casi siempre y precipitación a veces) se expuso el “Allegro assai”, para calmarse un tanto en los dos movimientos restantes, mejor construidos en cuanto a su dibujo dinámico. 

Pero lo magnífico del concierto llegó en la segunda parte, con una versión de los Cuadros de una Exposición de Mussorgsky relevante, arriesgada y con una enorme riqueza de matices. Desde el progresivo oscurecimiento de los Promenade (los paseos entre los cuadros) hasta la fragilidad de pincel de Il vecchio castello, todo fueron aciertos. Para empezar, la idea de trascender lo anecdótico hasta encontrar un mundo sonoro mucho más rico que la mera imagen pictórica  La densidad de sonido, el carácter lírico y el conocimiento de las obras cimentaron el resto, hasta recalar en la tristeza inherente del último tercio de la obra. Para finalizar, bises de Ginastera, Chopin y Schubert para levantar a un público totalmente entregado. Mario Muñoz Carrasco

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