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Por Publicado el: 15/08/2019Categorías: En vivo

Critica: Una Butterfly irregular en Donostia

MADAMA BUTTERFLY (G. PUCCINI)

Auditorio Kursaal de San Sebastián. 13 Agosto 2019

Llega la Quincena Musical Donostiarra este año a su edición número 80, lo que pone a las claras que estamos ante unos de los grandes festivales de música del verano. Como todos los años, nos ofrece una ópera en representación escénica y la elegida para la ocasión es la obra maestra de Giacomo Puccini, Madama Butterfly, que ha tenido un desarrollo irregular, con una producción de escaso interés, una dirección musical un tanto decepcionante y un reparto vocal que ha ofrecido dos partes claramente diferenciadas.

Escena

La producción escénica ofrecida lleva la firma del valenciano Emilio López, habiéndose estrenado en el Palau de Les Arts en Octubre de 2017. Ya desde el telón inicial se nos anuncia que estamos en Nagasaki y su destrucción por la bomba atómica, lo que no tiene mucho sentido, pero tampoco molesta. El primer acto ofrece una escenografía (Manuel Zuriaga) bastante habitual, apareciendo la casa en los dos últimos actos prácticamente en ruinas como consecuencia del bombardeo. El vestuario (Mónica Teijeiro) es muy clásico y un tanto rutinario y la iluminación (Antonio Castro) no resulta convincente, especialmente con un segundo acto, que se desarrolla sorprendentemente de noche. En su conjunto, es una producción bastante rutinaria y sin mucho interés.

Llama la atención el hecho de que sitúe la acción de la segunda parte alrededor de la bomba atómica, y uno no entiende qué hace en Nagasaki el cónsul americano en esas circunstancias. Tampoco se entiende el hecho de que el segundo acto se desarrolle en ambiente nocturno, lo que no impide que la protagonista puede ver de noche un barco entrando en el puerto y leer su nombre. Por otro lado, la dirección de escena no ofrece apenas interés, llamando la atención el poco trabajo realizado con el niño de Butterfly, con quien tenían que haber trabajado mucho más intensamente para darle un mínimo de credibilidad a su interpretación.

Escena

La dirección musical corrió a cargo del italiano Giuseppe Finzi, cuya actuación me resultó, en general, poco convincente. Lo más intenso de su dirección tuvo lugar en el último acto, mientras que los dos primeros actos se caracterizaron por la falta de emoción y eso es un pecado grave en una ópera como Butterfly. Los tiempos fueron lentos y hubo exceso de volumen procedente del foso. No tengo nada en contra de los tiempos lentos, pero necesitan una profundidad que no se pudo detectar ayer. Las dos únicas versiones más lentas que la Finzi que yo he tenido oportunidad de ver en teatro corrían a cargo de Lorin Maazel y de Riccardo Chailly. Claro que en las manos de estos últimos la ópera era otra cosa. Estuvo correcta la Orquesta Sinfónica de Euskadi, quedando algo corto elCoro Easo.

El mayor atractivo de esta representación residía en la presencia de la guipuzcoanaAinhoa Arteta en la parte protagonista de Cio Cio San. En el mes de Enero pasado estuve en el Liceu de Barcelona para asistir a su debut en el personaje, pero acabó cancelando las primeras representaciones por razones poco convincentes. La actuación de Ainhoa Arteta tuvo dos partes muy diferenciadas. La primera llega hasta el final de la famosa ariaUn bel di vedremo y en ella la Arteta me resultó poco convincente en términos vocales, habiendo un exceso de vibrato en el centro de su voz, que siempre ha existido, pero ahora es más pronunciado. Pasó con más pena que gloria por la siempre esperada entrada de Butterfly en escena, donde evitó las notas altas, ofreciendo un dúo de amor poco emocionante. A partir de la siempre esperada aria, las cosas mejoraron y su actuación resultó mucho más convincente tanto en términos vocales como escénicos.

Ainhoa Arteta

Pinkerton fue interpretado por el tenor argentino Marcelo Puente, cuya voz resulta adecuada al personaje, con un timbre atractivo y un sonido homogéneo a lo largo de la tesitura, aunque se resiente algo en la parte superior. Falta mayor emoción y expresividad en su interpretación, quedando un tanto superficial.

El cónsul Sharpless fue una vez más interpretado por el barítono español Gabriel Bermúdez, cuya voz tenía dificultades para llegar a la sala. Es un notable intérprete, pero su voz es de tamaño un tanto reducido y sufre bastante en un auditorio con la anchura del Kursaal. Suena notablemente mejor en un tetro a la italiana que aquí.

Suzuki fue interpretada por la mezzo soprano Cristina Faus, que lo hizo de manera satisfactoria. La voz tiene calidad en el centro y resulta una buena intérprete, aunque se queda un tanto corta en las notas más graves.

Intachable en escena, como siempre, Francisco Vas como Goro, aunque también tenía algún problema en el primer acto para llegar bien a la sala. El barítono Isaac Galán dobló como Comisario Imperial en el primer acto y como Príncipe Yamadori en el segundo, cumpliendo en ambos casos. Fernando Latorre fue un sonoro Zio Bonzo. Correcta Ana Cristina Marco como Kate Pinkerton.

El Kursaal ofrecía una entrada próxima al lleno. El público se mostró cálido, aunque no entusiasmado durante y al final de la representación. En los saludos finales los mayores aplausos fueron para Ainhoa Arteta y Cristina Faus.

La función comenzó con 5 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 56 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 22 minutos. Cinco minutos de aplausos.

La localidad más cara costaba 94 euros, siendo el precio de la más barata de 48 euros. José M. Irurzun

Fotos: Iñigo Ibáñez/Quincena Musical 2019

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