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Budapest Fischer Ibermusica 25 mayo 2026Crítica: La Budapest Festival Orchestra en el Auditorio Nacional y el buen hacer de Iván Fischer
Crítica: Excelente definición de Pablo González y la Orquesta Nacional en el Auditorio Nacional.
Por Publicado el: 27/05/2026Categorías: En vivo

Crítica: Una voz en la cima. Lise Davidsen en el ciclo Círculo de cámara

UNA VOZ EN LA CIMA

Lieder de Schubert. Lise Davidsen, soprano. James Bailleu, piano. Círculo de cámara. Teatro Fernando de Rojas, Madrid.

UNA VOZ EN LA CIMALieder de Schubert. Lise Davidsen, soprano. James Bailleu, piano. Círculo de cámara. Teatro Fernando de Rojas, Madrid.

La soprano Lise Davidsen

Un concierto, como este, que nos ofrecía un rosario de lieder de Schubert, algunos verdaderas y recordables obras maestras, ofrecidos por una de las voces femeninas más relevantes del presente en compañía de un pianista más que cumplidor, era lógico que despertara expectación. Y la sesión dominguera mostró una sala llena hasta los topes. Todo discurrió de forma muy amena aderezada de vez en cuando por comentarios de los dos protagonistas, micrófono en mano, alusivos a las canciones y a su significado.

Es un placer encontrarse nuevo con un instrumento tan importante, muy bien manejado, como el de esta soprano noruega, que es uno de los más señalados fenómenos vocales de diez años a esta parte. Está en el camino de convertirse en una intérprete de los papeles operísticos más espinosos y caudalosos de la literatura wagneriana y straussiana. Posee igualdad, tersura, facilidad emisora por derecho, franqueza en el ataque, solidez en los graves, nunca ahuecados artificialmente, brillo fúlgido en los agudos, volumen y seguridad.

Da la impresión de que nada le cuesta trabajo y de que la voz campanea a sus anchas sin apenas molestarse. Corre rápidamente por la sala, tal es su riqueza de armónicos. El timbre es cristalino, penetrante, pero no agresivo. Tiene carne, grosor, frescura –la de una mujer de de 39 años-, vibración, irisado espectro y músculo. Hace poco debutó Isolde y penetrará enseguida, aunque debería esperar algo más, en las entrañas de Brünnhilde. Sin duda esta joven –y gigantesca- noruega es una de las grandes revelaciones vocales de los últimos años.

Dicho esto debemos comentar cuál fue sobre estas bases su comportamiento al enfrentarse a una veintena de lieder de Schubert, algunos de ellos auténticas y soberanas obras maestras. En general, claro, nota muy alta a la calidad vocal, ya comentada, a la dicción, a la afinación general, a la expresión, a la facilidad emisora.

Hay que rebajar el nivel si hablamos de matización, variedad de registros, reguladores, intimismo, delicado toque poético, blandura. Tomemos como ejemplo el maravilloso lied que es Erlkönig (El rey de los alisos), en donde el intérprete ha de servir las cuatro voces protagonistas: la muerte, el niño, el padre y el narrador, personajes del poema goethiano. El canto de la soprano fue un tanto monocromo, aunque se esforzó vivamente en que no lo fuera. Va mejor sin duda a una voz masculina.

Más satisfactoria fue la recreación de otro gran título, Gretchen am Spinnrade (Margarita en la rueca), también con base poética goethiana. Las zozobras de la joven tejedora quedaron fielmente expuestas. Autoridad máxima en Ganymed (Goethe de nuevo), adecuada dicción y ajustada narración en la tremebunda balada Der Zwerg (El enano), a falta de una mejor definición tímbrica de los dos personajes (la Reina y el enano); estupenda delineación de los personajes goethianos de Wilhelm Meister a lo largo de cinco títulos.

Refinada exposición, de bien medidas dinámicas, puede que sin las gradaciones sublimes, de Di bist die Ruh (Tú eres la paz). Justamente arrebatada exposición de Die junge Nonne (La joven monja). Y muy plausible exposición de las voces de la joven y la Muerte en Der Tod und das Mädchen (La Muerte y la doncella)

Fueron algunos de los instantes destacados del recital, seguido atentamente por el público, que obsequió con calurosos aplausos a la cantante; y a su pianista, James Baillieu, que siguió a la soprano compás por compás con una atención exquisita, respirando con ella, no solo desde el teclado, sino desde su propio organismo. Dos propinas, schubertianas claro, al final. La primera la conocida An die Musik (A la música). Felicitaciones al Círculo y al programador de estos conciertos, Antonio Moral.

Arturo Reverter

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