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Por Publicado el: 23/03/2026Categorías: En vivo

Crítica: “El castillo de Barbazul” y “La voix humaine” en Florencia, con polémico final

El castillo de Barbazul y La voix humaine en Florencia: polémico final

A kékszakállú herceg vára, en español, El castillo de Barbazul, música de Béla Bartók y libreto de Béla Balázs. Reparto: Florian Boesch, Christel Loetzsch. Evie Poaros, Mirjam Motzke y Gala Gómez Burlet, bailarinas. La voix humaine, en español, La voz humana, música de Francis Poulenc y libreto de Jean Cocteau. Reparto: Anna Caterina Antonacci. Martin Rajna, director musical. Claus Guth, director de escena. Nueva versión en coproducción con Tiroler Festpiele Erl. Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino, orquesta. Teatro Maggio Musicale Fiorentino, Florencia, 14 de marzo 2026.

Barbazul

Imagen de la producción

El Teatro del Maggio Musicale Fiorentino es un edificio moderno (2014) y funcional que alberga la sala principal (1800 asientos), un auditorio (hasta 1000 personas) y la cávea externa, sobre el propio edificio, para representaciones estivales. Es cómodo, con buena visibilidad. Asistir a una ópera o concierto es un buen complemento en una visita a Florencia.

Béla Bartók compuso El castillo de Barbazul en 1911 con la intención de renovar la ópera húngara desde presupuestos simbólicos y modernistas, con una influencia perceptible de Debussy. La obra no fue bien recibida en un primer momento y no se estrenó hasta 1918, cuando un clima cultural más receptivo permitió su presentación en la Ópera de Budapest. Aun así, tardó en consolidarse en el repertorio, y fue precisamente el Maggio Fiorentino uno de los teatros que contribuyeron a su difusión tras representarla en 1938.

La voix humaine procede de la pieza teatral homónima de Jean Cocteau, que Poulenc transformó en ópera pensando en su musa, la soprano Denise Duval. Pese a su duración relativamente breve —unos cuarenta y cinco minutos—, se trata de una obra exigente: la escritura vocal oscila entre el canto lírico y una declamación musical extremadamente ligada al texto, lo que requiere una intérprete capaz de sostener el drama tanto vocal como teatralmente.

Haremos una pequeña reseña de cada obra por separado y luego veremos la sorpresa que nos prepara el director escénico.

En El castillo de Barbazul, Judith y Barbazul llegan recién casados a un castillo oscuro y vacío. Ella, enamorada y sin miedo, quiere iluminarlo y exige abrir las puertas que él preferiría mantener cerradas. A su insistencia, Barbazul va cediendo y salen a la luz distintas capas de su mundo interior  (violencia, poder, tesoro, belleza y dominio), no mediante puertas reales, sino a través de transformaciones escénicas: juegos de luz y paneles que se ensamblan progresivamente hasta formar un gran salón burgués descuidado, con ecos pictóricos de Hopper. Cada revelación encuentra su reflejo visual (luces frías para la tortura, dorados apagados para el tesoro, expansión del espacio para los dominios, nieve lenta para el lago de lágrimas), siempre en diálogo con la música.

Crítica: “El castillo de Barbazul” y “La voix humaine” en Florencia, con polémico final

Escena

La séptima puerta descubre a las tres mujeres anteriores (aunque ya las veíamos antes, presentes como una memoria física del pasado), vivas, silenciosas y vestidas de rosa; Barbazul las presenta como la esposa de la mañana, del mediodía y de la tarde, y nombra ahora a Judith reina de la noche. Ella entiende que ha cruzado un límite irreversible, asume su papel y se une a ellas, mientras el duque queda solo, sentado en el sofá. Vocal y dramáticamente, Christel Loetzsch y Florian Boesch sostienen con solidez la obra: él sobrio, oscuro y creíble; ella intensamente implicada, con agudos firmes y expresivos.

En La voix, el argumento es mínimo pero decisivo: Elle realiza la última llamada con el hombre que la abandona por otra mujer; el timbre del teléfono (subrayado por el xilófono), los cortes de línea e interferencias (habituales en aquella época), silencios y virajes de tono cuentan su derrumbe sin necesidad de más acción. La escenografía es más sobria, con el telón echado y una cama, mesa y teléfono al frente. La soprano Anna Caterina Antonacci lleva perfectamente el personaje, modula la voz según los altibajos de la partitura, con altibajos también en su comportamiento: ansiedad, desesperación, intento de control, asunción momentánea, calma aparente, …

Pero Guth reinterpreta estas obras, que las hace prácticamente dos actos diferentes de la misma:

  • Al inicio de El castillo, Elle mira desde un lado la escena en la que Barbazul y Judith, casados, están llegando. En el desarrollo, un par de veces Barbazul atiende el teléfono. Acaba él sentado en el sofá, como hemos mencionado.
  • Antes de que se abra el telón a La voix, suena la Elegía del Concierto para orquesta de Bartók a modo de puente entre ambas obras. Y escénicamente vemos a Elle entrar a una habitación de hotel donde tendrá la conversación teléfonica.
  • El giro más controvertido se produce al final de La voix humaine: frente al cierre abierto del original (en el que Elle, tras confesar un intento previo de suicidio, deja en el aire una clara pulsión autodestructiva), el espacio escénico se transforma y la cortina se abre para recuperar la última imagen de El castillo de Barbazul, con el duque inmóvil en el sofá, mientras Elle irrumpe armada y le dispara a quemarropa.
Crítica: “El castillo de Barbazul” y “La voix humaine” en Florencia, con polémico final

Imagen de La voix humaine

Se trata de una decisión polémica, en la línea de otras relecturas radicales vistas en este teatro, como la Carmen de Leo Muscato en la que era Don José quien moría. En este caso, sin embargo, el gesto resulta más forzado y menos sólidamente preparado desde el punto de vista dramático. Si en Carmen podía leerse un alegato contra la violencia de género, aquí la acción de Elle no se apoya en una justificación comparable: asistimos más bien a un estallido de celos que desemboca en un homicidio pleno. Aun así, la propuesta es aceptable y, con una transición escénica más elaborada entre ambas óperas, podría funcionar mejor en futuras reposiciones, como ocurre en otros emparejamientos habituales del repertorio, como Cavalleria rusticana y Pagliacci.

La escenografía de Monika Pormale, apoyada decisivamente por la iluminación de Michael Bauer, resulta especialmente lograda en El castillo de Barbazul, con ese crescendo visual que va del vacío inicial a la configuración completa del espacio doméstico. En La voix humaine, en cambio, la solución escénica parece más pobre y funcional, lastrada por la necesidad de conservar el decorado del castillo para el encuentro final.

La dirección musical del enfant terrible Martin Rajna sostiene toda la función con una mezcla de firmeza y mesura. En Bartók mantiene la arquitectura orquestal sin endurecerla, permitiendo que los estallidos sonoros tengan impacto sin exceso de peso; en Poulenc opta por un acompañamiento contenido, atento a la dicción y al fraseo de la soprano. La Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino responde con seguridad y solidez a lo largo de toda la función.

Javier Lillo

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