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Por Publicado el: 28/05/2015Categorías: Entrevistas

Josetxu Obregón: «Boccherini es un genio indiscutible e inigualable»

 

 

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Obregón y La Ritirata rinden homenaje a Boccherini en Lucca

  • Nunca he querido dejar a un lado los grupos con los que llegué a trabajar
  • Boccherini debería ser para los españoles como Mozart para los austriacos
  • Las Suites de Bach son algo que siempre he visitado, visito y visitaré

 

Aunque la última gira ha llevado al violonchelista Josetxu Obregón (Bilbao, 1979) y su grupo La Ritirata a lugares tan especiales como Japón, el punto más emocionante les corresponde vivirlo en el concierto que ofrecerán esta tarde en Lucca. En primer lugar, por tratarse de la ciudad natal de Boccherini, uno de los compositores fetiche para Obregón y su ensemble. Además, por cumplirse hoy 210 años de la muerte en Madrid de este músico, que elevó el violonchelo a las más altas cotas. De vuelta a España, el 1 de junio culminará el periplo, que La Ritirata ha aprovechado para presentar su nuevo disco para el sello Glossa, en el marco del Festival de Música Cidade de Lugo.

P. Lejos de centrarse en exclusividad con La Ritirata, su nombre aparece en ocasiones con otros grupos ¿Lo hace por aprender? ¿Porque disfruta intercambiando experiencias?

R. Hay un poco de todo. Antes de tener la idea de crear La Ritirata estudié violonchelo moderno. Luego me especialicé en violonchelo barroco y empecé a colaborar con otros grupos. Fue a partir de entonces cuando comencé a pensar en la posibilidad de formar un grupo propio en el que poder mostrar mis ideas sobre el modo de interpretar determinada música. Pero nunca he querido dejar a un lado los grupos relevantes con los que llegué a trabajar, y con ellos sigo colaborando. Por otra parte, está la posibilidad de aprender de gente con una trayectoria increíble, como Jordi Savall. O últimamente de otros músicos que se han lanzado a un proyecto más comercial, como La Arpegiatta, donde hay muchos compañeros con los que toco desde hace tiempo, y me daría pena dejar de hacerlo de repente. Siendo cosas totalmente distintas, siempre hay algo que puedes aprender observando y compartiendo nuevos escenarios. Todo ello me resulta muy constructivo.

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P. El disco que acaba de aparecer –El cello en España– está a caballo entre esas dos posibilidades: lo comercial y la reconstrucción historicista de Savall

R. Desde que empezamos a gestar el proyecto, ese equilibrio nos pareció el adecuado para enfocar un trabajo como este, con mucha labor de recuperación, que ha dado como fruto la grabación de varias piezas que nunca habían aparecido en disco. En ese aspecto, funciona en parte como un documento musicológico de interés. Por otro lado, no quería marginar la posibilidad de conseguir un disco para todos los públicos, que a los no especializados en el violonchelo les pueda despertar el interés por este instrumento.

P. Hay además que desplegar el ingenio a través de un repertorio novedoso para contrarrestar el momento que atraviesa el sector discográfico

R. Si hoy en día haces un disco centrado monográficamente en un autor es más difícil llamar la atención, mientras que buscando una aproximación a toda la música que se escribía para violonchelo en el siglo 18, se puede ayudar a que el producto sea más atractivo cuando, efectivamente, estamos en un momento difícil para el mercado.

P. Entre sus colaboraciones, recientemente aparecía con la Camerata Antonio Soler, incluyendo  voces invitadas ¿Cómo se lleva con ellas el instrumento que se dice más cercano a la voz? ¿Rivalidad, celos, entendimiento…?

R. En ese caso fue una colaboración muy puntual, pero con voces he trabajado también con La Arpegiatta, que suele plantear programas vocales. Incluso con mi propio grupo cuando hacemos proyectos concertantes. Es verdad que siempre se ha dicho que el violonchelo es quizás el instrumento que más se parece a la voz humana en cuanto a timbre y sonoridad, y eso es algo que me ha gustado potenciar. Siempre me ha encantado la música para violonchelo obligado con voz. En el barroco y en el clasicismo español es frecuente encontrar obras para una voz y violonchelo haciendo el papel de solo, que, precisamente por tener muchos puntos en común, parece que empasta muy bien. De hecho, volviendo a este disco, tuve al principio un gran duda pensando si debía incluir en él también piezas vocales, porque en esa época hay muchísimo repertorio de esas características que encajaría en el contenido. Al final lo he dejado relegado para otra posible grabación en el futuro en la que volviera sobre el tema, buscando entonces obras con voz.

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P. Porque aquí no da por concluídas sus pesquisas sobre ese momento

R. Efectivamente. Lo que ha habido que hacer en primer lugar es encontrar toda la música que había de la época para, una vez probada en ensayos, decidir qué era lo más representativo y lo que más merecía la pena grabar. Y en ese momento surgió otra labor importante: descartar, porque hay bastante música escrita y nuestra idea era elegir lo más llamativo en ese aspecto para poder efectuar ese recorrido.

P. La tradición de escribir para el violonchelo en el siglo 18 ¿Se daba en toda Europa, o ya encajaba el   Spain is different?.

R. Por lo general, siempre tenemos la sensación de que aquí vamos por detrás en todo: que hemos importado mucha música de otros países y en España las cosas han tardado un poco más en arrancar. Como ejemplo serviría Luigi Boccherini, uno de los compositores que protagonizan el disco que, sobre todo cuando vive su destierro en Arenas de San Pedro, se ve aislado de lo que se está haciendo en Europa. Esa puede ser una de las razones para que su música sea tan interesante porque, lo que estaba ocurriendo más allá de nuestras fronteras, al estar más al Sur, nosotros lo interpretábamos a nuestro modo.

P. ¿El resultado tiene, por tanto, impronta española?

R. Creo que si. Y eso es lo que he tratado que se escuche en el disco. Porque, al recorrer el siglo, nos encontramos en los primeros años música claramente italiana, en el estilo napolitano o en el del barroco que se hacía en aquel país. Pero a partir de Boccherini, las piezas que se empiezan a componer aquí cuentan con estilo propio. Tienen su huella personal. Como ocurre con su Fandango, en el que adopta el ritmo de esta melodía popular y escribe sobre ella. De tal modo que podríamos hablar de música dentro del clasicismo, con personalidad hispánica.

P. Hasta el punto de atraer intérpretes y compositores de otras latitudes, alguno de los cuales se asienta en nuestro país

R. Así es. Y es muy importante, cuando a España comienzan a llegar chelistas muy destacados del momento, como Porretti o Boccherini, que llaman la atención. Eso está perfectamente visible en la sonata que hemos grabado de Duport, uno de los chelistas más importantes de la época –si no el más- en Francia, deslumbrado por lo que está sucediendo en España, viajó a nuestro país y llegó a dedicar al Duque de Alba una serie de sonatas, cuyo manuscrito se conserva en la Biblioteca del Real Conservatorio de Madrid.

P. ¿En qué archivos han indagado?

R. Además de en el Real Conservatorio, hemos trabajado sobre música relegada internacionalmente a otros lugares, porque está muy esparcida. Sería interesante estudiar dónde la Historia la ha depositado. Los manuscritos de Porretti están casi todos en archivos alemanes o ingleses. En su momento sucedían esas cosas. Sin ir más lejos, el Fandango del Quinteto para cuerda de Boccherini está en Washington.

P. Esas pesquisas ¿les han dado ideas para abordar algún proyecto distinto en el futuro?

R. Alguna cosa hemos visto que podríamos explotar, pero sin una idea clara de cuál podría ser el proyecto inmediato. Eso lleva mucho tiempo prepararlo.

P. Aunque Porretti es otro de los compositores que se quedan, su nombre no resulta tan familar como el de Boccherini ¿La calidad de su obra es inferior o es pura injusticia histórica?

R. Es muy difícil saber la razón exacta, pero varias pueden apuntar en la dirección correcta. Por una parte, es ligeramente anterior a Boccherini, aunque luego, curiosamente, se establece entre ellos una relación póstuma, cuando la hija de Porretti, muerto este, llegó a ser la segunda esposa de Boccherini. Además, la producción de Porretti que conocemos, es mucho más reducida, si pensamos que la obra de Boccherini sería comparable en cantidad -y también en calidad- a la de compositores como Mozart o Haydn. De Porretti aparte del concierto para cello que he grabado, algunos musicólogos afirman que pudo haber escrito muchos más, pero sólo se conoce este, además de cuatro sonatas que si se conservan. Dos de ellas grabadas: las otras continúan inéditas. Hay más música suya, al margen de la destinada al violonchelo, pero no podemos comparar en absoluto ambas producciones. Por último, Boccherini vio en vida mucha de su música publicada: en París y en otros lugares. Esa circunstancia sirvió también para darle mayor proyección. Es verdad que últimamente se le está haciendo mayor justicia a Boccherini, y es más conocido. Porque es un compositor tan importantísimo, que para los españoles debería ser como Mozart para los austriacos, que hasta le han dado su nombre al aeropuerto de Salzburgo. Esas cosas marcan también la diferencia en el nivel cultural. La música de Porretti, siendo muy interesante y muy buena, quizás no es tan genial como la de Boccherini, que es un genio indiscutible e inigualable. Pero para valorarlo en su medida habría que trabajar más sobre él. Y lo mismo digo de otras figuras de la época como Gaetano Brunetti, más contemporáneo de Boccherini. Tocaba la viola y tiene música de cámara -incluyendo quintetos con dos violas- muy interesante. Hay una serie de compositores medio olvidados cuya música tenemos el deber de redescubrir e interpretar los músicos de esta generación.

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P. En la gira, antes de caer hoy en Lucca, han pasado por Japón. Cómo se recibe allí está música

R. El caso de Japón es peculiar. En general, el público de aquel país tiene mucho interés por lo que le suene a música española tradicional: el flamenco, las castañuelas… esas cosas les encantan. Por eso, aunque nunca habían oído hablar de nada que tuviese que ver con el violonchelo en España en el siglo 18, la idea les llamó mucho la atención. Así surgió la posibilidad de dar un concierto en el Instituto Cervantes de Tokyo, y de paso presentar el disco. Me alegra ese interés por esta música en Asia, porque en estos momentos aquellos países, incluyendo China y Corea, son de los que más música consumen. Por lo que el placer es doble.

P. ¿Era su primera visita?

R. No. Había estado en dos ocasiones tocando junto a una pianista japonesa, con la que estudié en Holanda y colaboramos muy a menudo, y una vez más con La Ritiratta, invitados por la Embajada, coincidiendo con la presidencia española de la Unión Europea.

P. Habla de su aprendizaje en Holanda ¿Parte de una formación convencional?

R. Seguí mis estudios de violonchelo en España y después de titularme trabajé en orquestas, como la Sinfónica de Madrid o la de RTVE. A Holanda me fui para ampliar mis estudios con un master en cello moderno, que hoy existe en España pero no en aquel momento, y allí empecé con el barroco. Entretanto, tuve la oportunidad de trabajar durante un año en la Orquesta del Concertgebouw, una de las más potentes de Europa, incluso diría que a nivel mundial, y la experiencia fue maravillosa. Me gustaba mucho aquello, tocando con una orquesta de categoría tan absolutamente brutal como la de Ámsterdam. Pero me seguía faltando algo personalmente para rematar mi proyecto. Fue a partir de ese momento cuando comencé a especializarme en el barroco, y al ver que mi camino me llamaba más hacia la música antigua, tuve que tomar una decisión y formé mi propio grupo. Seguí en La Haya los cursos para especializarme en barroco. Luego, tuve la oportunidad de conocer a Anner Bylsma. Se había jubilado y ya no daba clase en el Conservatorio, pero tenía mono de enseñar y me invitó a dar clases en su casa, y así estuve dos años que me resultaron muy interesantes

P. ¿Usted no tiene mono por volver a grandes orquestas?

R. Estando tan metido en esto, que es un mundo muy diferente, de momento no lo tengo. Aunque alguna vez me han llamado, porque debe de quedar mi contacto en muchos sitios. Me encanta una buena orquesta interpretando una gran sinfonía. Pero sólo para escucharla como público,

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P. ¿Como solista, le gustaría tocar Bach?

R. Eso es otra cosa. Las Suites de Bach son la piedra angular del repertorio del Cello. La culminación de la escritura en el barroco para nosotros, los violonchelistas. Algo que siempre he visitado, visito y visitaré. Nunca me he decidido a grabar música de Bach para cello solo, pero lo he hecho en recitales, y la sensación que te produce es la de redescubrir esa música cada vez que la vuelves a interpretar. Eso es algo muy importante para los cellistas. De vez en cuando surgen recitales de violonchelo solo. Una cosa que me gusta mucho en esos casos es combinar en un concierto obras de Bach como culminación de la música del barroco con las más sencillas de otros compositores del comienzo de ese periodo, como Francesco Paolo Supriano, de quien incluímos una Toccata en este disco, que escribió uno de los primeros métodos para violoncello en Italia. De este modo se puede seguir el proceso que, tras una trayectoria de cincuenta años, desembocó en música como la de Bach.                                          Juan Antonio Llorente

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