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DIE MEISTERSINGER VON NÜRNBERG (R. WAGNER). Deutsche Oper de Berlín.
Uchida y la Mahler Chamber, de Mozart a Bartok
Por Publicado el: 22/03/2013Categorías: Crítica

LOHENGRIN (R. WAGNER). Deutscheoper de Berlín

LOHENGRIN (R. WAGNER). Deutscheoper de Berlín. 21 Marzo 2013.

De nuevo en Berlín para asistir a unas representaciones de óperas de Wagner. El inicio ha sido esperanzador, aunque el tiempo tenga muy poco de primaveral. Toda la ciudad está blanca y estamos con amenaza de tener que andar con patines en los próximos días.

Esta producción del danés Kasper Bech Holten (actual director artístico del Covent Garden) se estrenó hace un año en este teatro y resulta un trabajo bastante clásico y no muy adecuado para levantar entusiasmos. Al menos, no molesta.

 

                                                                                 Escena

Sigue la línea del minimalismo, con un escenario (Steffen Aarfing) básicamente desnudo, cerrado por paredes, y separando el escenario en profundidad por un telón. En el segundo acto se añade una pasarela para la aparición de Elsa,  posándose en el suelo en forma de cruz para la escena de la entrada de Lohengrin y Elsa en la catedral, que se ve al fondo. El último acto no ofrece otra cosa que el lecho nupcial, convertido en mesa o altar para la escena final. El vestuario se debe también a Steffen Aarfing y resulta un tanto extraño. Los personajes van con indumentarias medievales, mientras que el coro va vestido con atuendos militares de distintas épocas, la mayor parte pareciendo responder a uniformes de la Primera Guerra Mundial. Lo mejor de la producción escénica es la iluminación de Jesper Kongshaug, que hace una labor espléndida.

No encuentro una idea motriz en la versión de Holten que vaya más allá de presentarnos un pueblo en guerras permanentes, ofreciendo el preludio en un campo de batalla, con soldados muertos o moribundos. La figura de Lohengrin tiene muy poco de humana y mucho de mágica e incluso de ídolo religioso-mediático. Normalmente, el caballero del cisne aparece en esta producción  portando unas grandes alas blancas y Holten, en el Juico de Dios del primer acto, deja claro que Lohengrin actúa con poderes mágicos, ya que utiliza trucos para desorientar y vencer a Telramund. Al final, nos encontramos con la figura de Gottfried, que llega a escena en brazos de su hermana, pero muerto. Para espectadores de vanguardia se trata de una producción muy clásica y para los más conservadores  no es muy atractiva. En resumen, no molesta.

 

                                                                                       Escena

Donald Runnicles se convirtió en director musical de la compañía en la temporada 2009/2010 y ha ido poco a poco ganándose la confianza de los músicos y del público. Hoy es un maestro plenamente reconocido en Berlín, cuyas actuaciones tienen siempre un marchamo de calidad. Su lectura de Lohengrin ha sido francamente buena, muy delicada ya desde el preludio y manteniendo la tensión dramática en todo momento. La colocación de la trompetería a lo largo, ancho y alto del teatro produjo un efecto espectacular durante el tercer acto. La Orchester der Deutschen Oper Berlin tuvo una muy buena actuación. No será una de las orquestas más exclusivas en cuanto a calidad en el mundo, pero estamos ante una orquesta muy buena. Más de una vez me he referido al Chor der Deutsche Oper Berlín como uno de los mejores del mundo y en esta ocasión tengo que repetirlo. Escuchar un coro de esta calidad en una ópera como Lohengrin es algo que pocas veces se tiene la oportunidad de disfrutar. Puestos a puntualizar diré que me pareció mejor la sección masculina y que lo menos conseguido de su actuación fue la conocida como Marcha Nupcial.

En el reparto vocal hay que destacar a la pareja protagonista, aunque no hubo agujeros negros, si bien algún tono gris se hizo presente.

Klaus Florian Vogt fue un Lohengrin magnífico de principio a fin. En algunos círculos de aficionados operísticos se critica mucho a este cantante por el hecho de tener una voz excesivamente blanca, poco apropiada para personajes heroicos. Efectivamente, uno echa en falta otro tipo de voz en los héroes wagnerianos, pero no es el caso de Lohengrin. No hay que olvidar que lo grandes tenores líricos del XIX cantaron el personaje, entre ellos el mismo Gayarre, que tampoco era precisamente un tenor heroico. La voz de Vogt es una de las mejor emitidas que puedan escucharse hoy. Corre de manera extraordinaria por la sala y se le escucha perfectamente, incluso en los concertantes. A esto hay que añadir que canta con un gusto exquisito, expresa perfectamente y tiene un gran dominio del personaje. Su raconto In Fernem Land fue de cortar la respiración, una auténtica exhibición de facultades y calidad canora.  Hoy por hoy es con Jonas Kaufmann el mejor Lohengrin posible.

                                                         Ricarda Merbeth y Klaus Florian Vogt

Ricarda Merbeth es uno de los valores más seguros en ópera alemana. Es de esas cantantes que nunca fallan ni decepcionan, sino que siempre ofrece lo mejor de sí misma. Su Elsa fue francamente buena, tanto vocal como escénicamente. No llega a la altura de una Elsa excepcional, como puede ser Anja Harteros o como podría ser Anna Netrebko (¿por qué, no?), pero uno sale siempre satisfecho de sus actuaciones.

La americana Christine Goerke fue una Ortrud más discutible. En primer lugar, se trata de una soprano, que no tiene el registro grave que exige el personaje de Ortrud. Por otro lado, sus notas altas me resultan excesivamente metálicas. Fue una buena intérprete en cualquier caso, pero en un nivel que no alcanza a las para mí tres grandes en el personaje, Evelyn Herlitzius, Petra Lang y Waltraud Meier,  puestas en orden alfabético.

Christine Goerke

Las voces graves fueron peor servidas y tanto  Telramund como  el Rey Heinrich ofrecieron voces mal emitidas, de las que se quedan atrás. Gordon Hawkins fue Telramund y me resultó poco convincente. Tiene volumen vocal suficiente, pero su voz se pierde y no llega en las debidas condiciones al auditorio.

El caso de Albert Dohmen (sustituía a Albert Pesendorfer) es hoy más grave. Su voz se ha reducido considerablemente, los agudos están muy comprometidos y canta con voz de barítono personajes de bajo. El timbre es atractivo, pero está en claro declive.

Bastiann Everink fue un sonoro Heraldo, aunque algo basto y preocupado por hacerse oir.

El teatro ofrecía un lleno absoluto, con gente ofreciendo entradas en los alrededores. El público mostró su satisfacción, dedicando un gran triunfo a Klaus Florian Vogt, n ofaltando bravos sonoros también para Ricarda Merbeth, Christine Goerke y Donald Runnicles.  El otro gran triunfador popular fue el Coro. La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 4 horas y 25 minutos, incluyendo dos intermedios. La duración estrictamente musical fue de 3 horas y 18minutos, prácticamente la misma duración que la versión de Andris Nelsons en Bayreuth y11 minutos más corta que la de Sebatian Weigle en Barcelona hace unos meses. Los intensos  aplausos finales se prologaron durante 11 minutos.  El precio de la localidad más cara era de 88 euros, habiendo butacas de platea desde 50 euros. La localidad más barata costaba 30 euros. José M. Irurzun

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