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Por Publicado el: 19/05/2016Categorías: Entrevistas

Marina Mahler: «Lo que no es familiar nos da miedo»

 

© Mark Kalow

© Mark Kalow

 

Presidenta de Honor del Concurso Mahler para jóvenes directores de orquesta

 

  • La independencia no se consigue sin lucha
  • No se puede encajonar el arte
  • Para crecer se precisan silencio y tiempo
  • Dar o, mejor, saber dar, es de las cosas más difíciles

Una energía arrolladora le hace adueñarse del espacio allí donde se encuentre. Podría ser el halo del perfume que siempre le acompaña y cuya fórmula no revela, en un rasgo de seductora coquetería que habría suscrito su abuela. Pero su fuerza más poderosa radica en los ojos. En el brillo en la mirada de su madre, Anna, a quien, desde la cuna, sus progenitores Gustav y Alma Mahler, apodaron “Gucki, la de los ojitos azules”. Luchadora como las mujeres que le precedieron, es cosmopolita como ellas: habla inglés al haber nacido en Londres, donde transcurrió parte de su infancia y por haber vivido su adolescencia en Estados Unidos; francés e italiano, por ser las lenguas de los países –Mónaco e Italia- en los que comparte domicilio, y un poco de alemán, por rebeldía –lo lleva en la sangre- frente a su madre, que no le dejó aprender el idioma que tanto dolor causó a los suyos durante el nazismo. De su padre, el director de orquesta ruso Anatole Fistoulari, como de gran parte de sus antepasados de una y otra rama remontando generaciones, Marina ha heredado el amor por la música, a la que ayuda en calidad de mecenas. O respaldando iniciativas como el Concurso Gustav Mahler, del que es Presidenta de Honor. Una cita que con carácter trienal tiene lugar en la ciudad de Bamberg, de cuya primera edición saltó a la fama el nombre de Gustavo Dudamel. El pasado viernes, durante el concierto dirigido por Kah Chun Wong (Singapur, 1986), ganador de esta convocatoria a la que optaban 381 candidatos de los cinco continentes, hacía entrega de los premios a los ganadores, que engrosarán la nómina en esa relación madre-protectora que Marina establece con ellos.

P. Destilando música por los cuatro costados. ¿No le dio por tocar algún instrumentos?

R. Siendo muy pequeña empecé a estudiar piano, pero con siete años, junto con mi madre, abandonamos Inglaterra y a mi padre, y nos fuimos a América a vivir con mi abuela. A esa edad me enviaron a un pensionado donde no pude continuar mi formación musical. Así se produjo mi ruptura con ese instrumento, que me resultó muy triste, porque a pesar de ser tan cría, tocaba muy bien. Después lo olvidé, porque fue mucho tiempo el que pasé en aquella residencia, que no era mi casa, y acabé abandonando la idea de retomarlo. De cualquier modo, de aquello hace ya mucho tiempo y ahora, con la experiencia de verme rodeada de músicos jóvenes valiosos soy más consciente de lo duro que es ser un buen pianista. Tocar para ti y para los tuyos es fácil; hacerlo de una manera profesional, con el rigor y la grandeza de mi abuelo, por ejemplo, muy difícil. De cualquier modo, amo la música, que es una gran parte de mi vida.

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 P. Hablaba de su abuela, que murió cuando usted tenía 19 años ¿Cómo la recuerda?

R. La tengo en mi memoria con mucha claridad y mucha fuerza. Era una mujer extraordinaria, una persona luminosa. Estando frente a ella lo que menos importaba era la edad que tuviese. Un niño ama la belleza, se siente atraído por ella, y por esa razón yo me sentía fascinada por Alma. Enamorada, diría, porque podía mirarla con los ojos totalmente límpidos; de una manera directa y con la fragilidad que se me puede suponer con esa edad. Si intentara describir su expresión, me costaría mucho trabajo, porque siempre me dio la impresión de que no tenía una gran consciencia de sí misma. No se paraba a pensar en ella. Lo hizo siendo joven, pero poco a poco, la velocidad de la vida, de los amores, los hijos … En ese momento de su existencia se sentía muy segura de sí misma. Sin examinarse. Pensaba una palabra, le surgía una idea, tenía su opinión, y la manifestaba. A partir de ese momento, se centraba en otra cosa, ya fuese una persona, un pensamiento distinto… todo esto en conjunto te llevaba a concebir una idea de ella como de alguien total, íntegro, con una personalidad fortísima. Y luego tenía aquel rostro, que me fascinaba: siempre en actividad, muy vivo, con mucha expresividad.

 P. En cuanto a usted, a la hora de aportar algo especial a la música lo ha hecho por la vía del mecenazgo

R. No soy una mecenas como tal. Me limito a participar en todas aquellas ideas que me parecen relevantes, como la del Concurso de Jóvenes Directores en Bamberg que lleva el nombre de Mahler. No me preocupo a ir a conciertos donde se programa su música simplemente por ir, porque Mahler no necesita en este momento apoyos de ningún tipo. Es un compositor suficientemente adorado en el mundo de la música. Otra cosa es apoyar todo aquello en lo que el peso de su nombre, de su grandeza, tanto como compositor como en su faceta humana, pueda ser utilizado para bien.

 P. Con esa finalidad, en noviembre del año pasado ponía en marcha la Fundación Mahler.

 R. Esa es otra historia que espero cristalice. Es muy difícil resumir la idea que la articula. En el fondo se trataría de unir esas historias extraordinarias y misteriosas del amor y el plus que Mahler proporciona no solo a las orquestas También a los compositores Incluso a creadores cinematográficos. En cierta ocasión Toru Takemitsu me comentó que Akira Kurosawa concebía todas sus películas escuchando a Mahler. Por razones como esta y mil cosas más que trascienden a las fuerzas de la expresión creativa me he propuesto articular musical, artística, filosófica y humanamente todas essas energías para conseguir un efecto positivo que contrarreste la negatividad de nuestro mundo.

P. Desde la visión que le da su actividad ¿Faltan mecenas en los tiempos en que las ayudas oficiales decrecen?

R. Claro que faltan. Y es necesario que aparezcan esas personas, esos personajes, que tengan ante todo una pasión por el arte y, además, comprendan que hay que ayudar a todos aquellos que transitan por ese camino tan duro para que no desfallezcan en él. Establecer compromisos; tener valentía para hacerlo. Especialmente hoy, cuando lo que parece premiarse es el exhibicionismo extremo. Para crecer se precisan silencio y tiempo, porque es preciso reflexionar acerca de lo que se está haciendo. Los artistas jóvenes no tienen posibilidades de esto, y se ven lanzados de golpe en el mundo de los medios para al final acabar totalmente mediatizados o totalmente ignorados. Ante esa disyuntiva, a la hora de elegir, las personas se apuntan al éxito inmediato. Los agentes, por su parte, quieren encontrar algo que sea como un destello, capaz de deslumbrar. Que sus representados tengan éxito súbitamente. Y eso no es siempre posible. Cada cual requiere un tiempo para madurar. Esa es la razón por la que a tantos de ellos a los que se empuja demasiado pronto ante el público, cuando se ven allí, de repente, les resulta difícil crecer. Para sobrevivir deben poseer fuerza anímica, integridad y voluntad inmensas. Ahí es donde se puede ver como personas realmente válidas se quedan fuera del juego. Son artistas maravillosos pero no quieren participar en él, porque no tienen esa personalidad que se requiere para hacerlo. No digo que les falte capacidad para venderse. Simplemente, que no tienen esa facilidad para explicarse y mostrar su valía. Necesitan tiempo para madurar y demostrar la medida de su arte.

Los tres finalistas © Michael Trippel

Los tres finalistas de esta edición           © Michael Trippel

P. Cinco ediciones del Concurso Mahler. ¿Merecía la pena la apuesta?

R. Ohhhhh!!! (Riendo extasiada). Esta historia es cada día más bella, y estamos todos muy emocionados: el jurado, la Orquesta, incluso diría que la ciudad de Bamberg al completo, donde se ha brindado a la iniciativa una acogida de fábula, muy generosa por parte de su gente. Notamos su abrazo, y la atmósfera que se percibe es muy especial, con todo el mundo apoyando y sintiéndose partícipe del acontecimiento. Les estoy muy agradecida por todo ello. Especialmente a la Orquesta. Y por supuesto, en el año en que se despide, a Jonathan Nott por lo que ha querido hacer por nosotros en este tiempo.

© Michael Trippel

Marina Mahler y Jonathan Nott entregando el premio      © Michael Trippel

 P. ¿Se ha notado evolución en la calidad de los participantes?

R. Las comparaciones no sirven en este caso, porque cada año es distinto al anterior; una nueva vida, nuevos personajes… Es preciso vivirlo como si se tratara de un nuevo día, cuando te despiertas por la mañana y al ver como sale el sol no te atreves a imaginar cómo discurrirá el resto de la jornada.

© Polícrates

P. ¿Está satisfecha con el ganador en esta ocasión?

R. El premier premio, un joven de Singapur, Kah Chun Wong, se ha propuesto afianzar en Asia el mundo mahleriano. Me impresionó mucho escucharle decir que creía que su responsabilidad pasaba por expanddir la música de Mahler en China, un país tan importante desde el punto de vista cultural. Otro mundo en el que, defendiendo la importancia de sus tradiciones y de su poesía, que encuentro fascinantes, muestran una gran avidez por descubrir nuevos horizontes.

P. Entregándose a los participantes del Concurso como una madre ¿Qué sintió cuándo nombraron a Dudamel director en la Filarmónica de Los Angeles?

R. Primero felicidad. Luego, conociendo a la gente que se iba a encontrar allí, me dije: espero que todo le vaya bien. Porque contaba en el arranque con Esa Pekka, que se ofrecía como un amigo en cuanto a vigilar sus pasos y aconsejarlo como si se tratase de su hermano mayor. Era una posibilidad increíble, partiendo de contar con una sala de acústica fabulosa, que te hace llorar de tan buena. Creyendo en Gustavo al ciento pro ciento, como persona y en lo que respecta a su inteligencia, estaba convencida de que no era posible arriuinar o malograr la carrera de este muchacho. De alguien como él, con unas raíces afirmadas, que fue fortificando desde Caracas con su magnífica orquesta de jóvenes gracias a José Antonio Abreu, una de las personas que más me ha impresionado en la vida. Un hombre fuera de lo normal a quien veo casi como un religioso; igual que si se tratase de un misionero. Alguien que ha inspirado en el verdadero sentido de la palabra a todos estos músicos para que den lo mejor de ellos. Y no lo ha hecho en beneficio propio por la fama o la gloria, sino por la música. Como pienso que Gustavo, a quien voy a ver dentro de poco en Salzburgo dirigiendo West side Story, no va a perder nunca esa fuerza interior, no siento ningún miedo por lo que puededa sucederle en un futuro. No querría que se llegase a casnsar, porque todos quieren ayudarlo, por esa vitalidad que le acompañará siempre y que él transmite a los demás y les hace vivir.

P. Eso que se llama carisma

R. Carisma y algo más. Es una fuente de energía muy especial. Lo que debe hacer es protegerse, y esperar que todos los que lo aman lo protejan también.

P. Un artista que se presenta a un concurso y no lo gana, se considera el perdedor, incluso en el concurso de diectores que usted preside

R. Porque acusan el hecho de no ser los primeros como algo dramático, porque saben que allí acuden los agentes, los medios de comunicación, los managers de las orquestas… en busca de alguien para lanzar. Pero nosotros no estamos para hacer juicios de valor sobre su actitud, sino para dialogar con ellos, para que simplemente la experiencia de pasar por el certamen la valoren como algo maravilloso. Probando sus fuerzas frente a una orquesta como la de Bamberg. De tal modo que, cuando regresan a su día a día, la vida no es ya la misma para ellos, desde el momento en que han sido elegidos, como en esta edición, entre los 14 seleccionados de un grupo de 381 aspirantes. Eso dice algo, habida cuenta de que el premio se ha convertido en referencia prestigiosa, y espero que sea más importante en el futuro.

P. ¿Qué se podría hacer para potenciar la idea del hombre renacentista para crear más iniciativas a favor de la música y del arte en general?

R. Muchas veces me lo he preguntado, porque me gustaría mucho encontrar la fórmula, ya que son absolutamente necesarios para el arte. En Estados Unidos se da con más frecuencia el que personas, a título individual, entreguen mucho dinero para sostener las distintas actividades artísticas, pero en Europa el sistema impositivo no es tan benévolo con los que lo hacen como allí. Me resulta insólito que no haya aprendido de los norteamericanos en esto, porque es algo esencial. No se lo que hace la gente ultra-rica con su dinero, pero sería necesario primero, que ame la música, y, después, que se asocie con un proyecto en el cual crea e insista en esa actitud. No que se limite a costear un concierto aislado. Deben mirar a su alrededor, escuchar las propuestas que se les puedan plantear y respaldar le que más le motive. De ese modo le resultara grato el hecho mismo de implicarse en él y seguir su evolución, ver cómo se desarrolla, y estar dispuesto a ayudar a algo que tenga una secuencia contínua en el tiempo. Esto es lo fundamental, y por eso le doy tantas vueltas para ver el modo de articularlo. Como algo consuetudinario con mi vida encuentro infinidad de jóvenes artistas, no solo intérpretes, también compositores y creadores plásticos de todo tipo. Hablo con tanta gente llena de talento y de energía para hacer cosas… ¡y veo tantas posibilidades de ayudarles!. Lo que no se es como sacar adelante las ideas. Personalmente estoy comprometida con dos proyectos en Spoleto, la Asociación Anna Mahler y Mahler & LeWitt Studios. Pero me doy cuenta de que el resto de la gente tiene miedo en dar el paso, aunque saben que no se trata de nada en lo que vayan a ganar dinero, porque no se lo plantean como inversión. Simplemente es ayudar a toda una generación que será nuestro futuro sobre el planeta. De música, de arte, de filosofía, de literatura… todo eso es esencial para el mundo. No estamos hablando de algo decorativo, ni de complacer a alguien de vez en cuando, sino de sostener todo eso en lo que creemos.

P. Conociendo tan bien las batutas siendo nieta de Mahler e hija de Anatole Fistoulari, hijo de un alumno de Rimsky Korsakov ¿cómo ve el mundo de la dirección?

R. Creo que es necesaria una renovación; encontrar nuevos directores de orquesta. Para ello, me parece esencial que la gente joven que se presenta a los concursos tengan la posibilidad de dirigir una orquesta. Pero también, que es preciso estimular su interés en toda la música. Hablamos de jóvenes del siglo 21 que tienen necesidad de explorar en la música de su tiempo. Algunos lo hacen, y otros no, pero la carrera requiere una excelencia, una perfección, aunque tal vez les absorba demasiado tiempo. Ahora hay muy buenos directores que deberían por su parte ayudar a los compositores. Estos dos mundos habría que contemplarlos desde una óptica integral. Es muy importante saber qué sucederá. Sabemos que la obra de Mahler tardó mucho hasta ser aceptada. Se necesitó que otros directores se apasionasen por su música para conseguir que se desarrollase en el mundo. Esto querría que sucediese ahora. Hay compositores en la actualidad a los que, como sucedía con Claudio Abbado, les gusta trabajar con los directores. Estoy pensando en Simon Rattle, Kent Nagano, Michael Tilson Thomas, Esa Pekka-Salaonen o, más cerca de mí, Jonathan Nott, que han hecho mucho en este terreno. Músicos que aceptan el reto de la dificultad que supone ese empeño, para lo que se precisa verdadero interés. Eso es precisamente lo que yo aprecio.

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                                     Marina con Tilson Thomas

P. ¿Por qué fue difícil reivindicar la música de su abuelo?

R. Se fue haciendo poco a poco, pero se necesitaba tiempo, mucho tiempo, porque no se trataba de una música fácil. Ni ahora lo es, y eso es algo que tiene que ver con el propio oído. Lo que no nos resulta familiar, nos da miedo. La verdadera vía para llegar a la música es sumergirse en ella, no llegar por lo que diga la crítica o por la fama de alguien. Es preciso llegar directamente a la música y escucharla, aunque la relación que nuestro oído ha establecido con la música de otros siglos pasados no ponga las cosas fáciles. Es preciso habituar el oído poco a poco. Y quien únicamente puede ayudar a conseguirlo es el director de orquesta que, frente a los músicos, puede sugerir, incluso insistir en una obra determinada, contagiándolos de ilusión para que estén de acuerdo en ensayarla una y otra vez. Supone mucho trabajo para el director, pero al final esa actividad produce mucho placer.

P. Volviendo a su abuelo ¿las dificultades que encontró en Europa, incluído su propio país, Austria, tuvieron una parte extramusical, más relacionada con lo político?

R. Creo que si. Antes de convencer en Europa la música de Gustav Mahler se valoró en América y en Japón. Luego fue calando en Europa poco a poco. Pero debemos pensar que muchos directores de orquesta se refugiaron en América y vivieron allí, y su presencia sirvió para engrandecer América, como la de toda una generación de artistas de todo tipo que habían emigrado huyendo de la Europa Nazi. No hay más que pensar todos la gente del arte que vivió en Los Ángeles. Toda Viena, diría yo.

P. ¿Se hace bien ahora la música de Mahler?

R. No siempre, pero eso hay que verlo como algo normal. Tampoco se hacen siempre bien MozartBeethoven ni ningún compositor. Dependerá de quién lo interprete. En gran medida depende todo del director, e incluso el mismo puede variar mucho, según el momento.

P. ¿Se podrían establecer pautas interpretativas?

R- No lo creo, porque no se puede encajonar el arte. Luego, todo dependerá de cada director. Un director de orquesta podría encontrar algo en una obra que nadie ha descubierto, porque puede leerla de un modo distinto a como lo han hecho los demás; con su visión personal. De ahí que nos apetezca escuchar la misma obra una y otra vez. Si se tratase de música entendida de un modo idéntico, cansaría. La música debe convertirse cada vez en una revelación.

P. La vida de las mujeres de su familia: su abuela, su madre y usted, está marcada por la lucha y la independencia

R. La independencia no se consigue sin la lucha. Al menos se necesita tener ambos conceptos muy claros en la cabeza y en el alma, siendo conscientes de que, de otro modo, no seríamos capaces de vivir. Sobre todo en un mundo tan masculino como el que en su caso les correspondió. Para Alma debió de ser agotador

P. ¿Que ha heredado de ellas, aparte de los ojos azules?

R. Me cuesta trabajo responder. De mi madre, la voz y la risa. Ella me ha dicho en alguna ocasión ¿pero quien eres, tu o yo?. Y de ambas, una inmensa energía que no se puede esconder y que nos ayuda a salir a flote. De los momentos más duros que he vivido, y que no voy a contar ahora, siempre he regresado renovada gracias a una energía que Dios sabe de dónde viene. Porque es una energía maravillosamente misteriosa.

P. Una mujer tan generosa como usted ¿Hay algo de lo que no se desprendería nunca?

R. Si me pongo a pensar que no vendería, tengo claro que, entre otras cosas, las obras de mi madre, que era una magnífica escultora en piedra alumna de Wotruba. Dar o, mejor, saber dar, es de las cosas más difíciles. Creo que lo único que una persona puede dar es su testimonio personal, sea el que sea. La vida de cada uno que, a fin de cuentas, es lo que tenemos en complicidad con el resto del mundo. Aunque tengo algo que adoro. Lo compré hace muchos años y me ha acompañado allí donde he vivido: un Bokara distinto a los habituales, que son rojos y azules. Este tiene un círculo dorado y naranja y un dibujo que recuerda las huellas que dejan las aves en la playa. Está sin acabar, y me da sensación de plenitud. Lo tengo sobre mi cama, y me resultaría muy triste no verlo más. Pero a fin de cuentas, uno puede vivir sin nada.

                                                                 Juan Antonio Llorente

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