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Por Publicado el: 22/01/2018Categorías: En vivo

Michael Fabiano salva una mediocre Manón

Michael Fabiano salva una mediocre Manón

MANON (J. MASSENET). Palacio Euskalduna de Bilbao. 20 Enero 2018.

Temporada de Ópera de ABAO

La Manón de Massenet ha sido uno de los títulos más representados en la historia de ABAO, en lo que tuvo una gran influencia la figura del gran Alfredo Kraus, que la cantó en 3 temporadas diferentes. Pero no solo el canario ha dado brillo a este título en Bilbao, ya que no podemos olvidarnos de Luciano Pavarotti, que la cantó junto a Mirella Freni, debiendo también mencionar a figuras como Renata Scotto o Raina Kabaivanska.

La representación que ahora nos ocupa no ha tenido el brillo de las mencionada más arriba, pudiendo decir que hemos asistido una mediocre representación de Manón, en la que nada aporta la producción, naufraga la parte musical y en la parte vocal no hay mucho que salvar, si exceptuamos a Michael Fabiano.

Escena

La producción escénica lleva la firma del francés Arnaud Bernard, que ha dirigido varias óperas anteriormente para ABAO. Esta producción se estrenó en Montecarlo el año pasado y responde a un concepto minimalista, no habiendo prácticamente escenografía, si exceptuamos una pared al fondo y otra corredera por delante. Por lo demás son los elementos de atrezzo los que dan el ambiente a las distintas escenas. Durante el preludio nos ofrecen la escena final en un embarcadero, donde yace la protagonista muerta. En la estación de postas de Arras la ambientación procede de una serie de bultos o equipajes y un par de diligencias, en las que no se ve cómo se podía meter tanto equipaje. En el segundo acto estamos nuevamente en un escenario desnudo con una cama y una mesa (la petite table). La escena del Cours-la-Reine nos ofrece a Manón descendiendo de un globo, mientras que la de Saint Sulpice presenta unos reclinatorios y unos porta-velas, que se eliminan para el dúo de Manón y Des Grieux. El Hotel de Transilvanie es reducido, con una mesita de juego por delante. Finalmente, volvemos a Le Havre en el embarcadero del preludio, donde tiene lugar la escena de la muerte de Manón. La supuesta escenografía (atrezzo, realmente) es obra de Alessandro Camera, contando con un vestuario del siglo XVIII, que resulta adecuado, obra de Carla Ricotti. La iluminación de Patrick Meus se me hizo un tanto insuficiente. Se anuncia en el programa coreografía, pero no hubo tal.

Escena

La dirección escénica no tiene nada de particular, llamando la atención el afán de Arnaud Bernard por congelar imágenes, dejando inmóviles a las masas en muchas ocasiones, y también los poco adecuados aires bufonescos que ofrece el director de escena en algunas ocasiones, que no tienen cabida en esta ópera. A fin de cuentas, es una producción sin mayor interés, que no molesta y narra bien la trama.

Al frente de la dirección musical estaba el francés Alain Guingal, que volvía a Bilbao tras una ausencia de 12 años y cuya presencia no parece tener más sentido que el hecho de haber sido él quien dirigiera el estreno de esta producción en Montecarlo. Su dirección se ha caracterizado por el exceso de volumen, que molestó en muchas ocasiones, y la falta de matices, en una versión plana donde las haya. Es verdad que seguramente no se podía sacar más que eso de la Orquesta Sinfónica Verum, que sustituía a la Orquesta Sinfónica de Euskadi, tras los problemas que creo su huelga en Don Pasquale. La verdad es que la orquesta manchega dejó que desear. Poco convincente resultó también la actuación del Coro de Ópera de Bilbao, especialmente en un primer acto lleno de desajustes.

La protagonista de la ópera fue encarnada por la soprano moldava Irina Lungu, que debutaba en el personaje. Su actuación no ha sido muy brillante. A su voz le falta consistencia en la zona grave, donde resulta muy débil. Va mejor por el centro y la parte superior, si bien los sobreagudos son excesivamente metálicos. A su voz se le echó en falta un mayor volumen, especialmente en los dos primeros actos, en los que llegaba con dificultades al auditorio.

Des Grieux fue interpretado por el tenor americano Michael Fabiano, que sustituía al inicialmente anunciado Celso Albelo. Ha sido Fabiano claramente el mejor del reparto, cantando siempre con gusto y sin tener en esta ocasión problemas en la zona alta, ya que el rol es muy central, aunque él suprimió el DO sobreagudo que cierra el acto del Hotel de Transilvanie. Destacó en su interpretación del sueño y ofreció lo mejor de la ópera en la escena de Saint Sulpice. Hubo algunos sonidos abiertos que estuvieron de más.

Escena

El barítono Manel Esteve me resultó un tanto decepcionante en la parte de Lescaut. Su voz tenía problemas para llegar con claridad a la sala, en lo que no le ayudaba lo que salía del foso.

Tampoco me convenció la actuación vocal de Roberto Tagliavini en la parte del Conde Des Grieux. Su voz y estilo de canto no van muy bien con este género de ópera francesa y me resultó un tanto basto.

Buena actuación, como es habitual, de Francisco Vas como Guillot de Morfontaine. Fernando Latorre fue un Bretigny demasiado basto.

Lo hicieron bien las tres chicas alegres, interpretadas por Ana Nebot (Poussette), Itziar de Unda (Javotte) y María José Suárez (Rosette).

El Euskalduna ofrecía una entrada algo inferior al 90 % de su aforo, estando los huecos más claros en las localidades altas. El público se mostró complacido con la representación, aunque no hubo entusiasmo, salvo algunos bravos desaforados de algún pariente de los protagonistas. Lo mayores aplausos fueron para Michael Fabiano.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 3 horas y 23 minutos, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 2 horas y 22 minutos. Cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 220 euros, costando la más barata 61 euros. José M. Irurzun

 

Un comentario

  1. S. Velasco 24/01/2018 a las 16:48 - Responder

    Se deja en el tintero otra función de Manon en abao.
    Mediados de los setenta. Montserrat Caballe ( sustituyendo a Freni ! ) y Jaime Aragall.
    Inolvidable.

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