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Por Publicado el: 25/04/2026Categorías: Noticias

Michael Tilson Thomas, artista “visionario”

Michael Tilson Thomas, artista “visionario”

Michael Tilson Thomas, artista “visionario”

Michael Tilson Thomas

Michael Tilson Thomas ha muerto. Lo ha contado y dicho con palabras preciosas y exhaustivas Gonzalo Alonso en estas mismas páginas. Poco cabe añadir. Apenas cuatro pinceladas, apenas tres comentarios. Habla y resalta Alonso la “sonrisa” de MTT. Sonrisa en sentido profundo; de carácter y expresividad; de forma y talante de vida. Él marcó un nuevo lenguaje en la hasta entonces jerarquizada relación entre director y músicos. En este sentido, Tilson Thomas era el “antiToscanini”, el “antiReiner” y “anti” tantos “malas pulgas” que poblaban los podios de las orquestas de la primera mitad del siglo XX, particularmente en los Estados Unidos, donde los directores eran considerados casi “semidioses”.

En este sentido, y como ha subrayado la directora estadounidense Marin Alsop, MTT fue “un artista visionario que redefinió a los directores de su generación”. Su autoridad emanaba de la cercanía, la “sonrisa” y un talento musical que, como dijo Bernstein y recuerda Alonso, era el de un verdadero “genio”. Su talante, tan en sintonía con ese talento, establecía una empatía dentro y fuera del escenario que impregnaba y marcaba sus interpretaciones musicales y el día a día de una vida que administró con pericia y positivismo.

En estos tiempos de fractura, en los que Estados Unidos se acerca a las catacumbas, la “sonrisa” y el “genio” vital de Tilson Thomas se convierten en paradigma de una sociedad -la estadounidense- necesitada hoy más que nunca de personajes de su grandeza, lucidez y saber hacer. De alguna manera, representa lo mejor y más genuino de la sociedad y de la cultura estadounidenses.

Llevaba la savia del teatro y la música en sus venas. Huelga detallar aquí -ya lo han hecho con brillantez Gonzalo Alonso y otras plumas sabias- sus hazañas musicales. Mahlerianas, beethovenianas y tantas-tantas más. Era un músico total. Pianista, compositor, arreglista… A lo Bernstein, pero con su propio marchamo. Su honorabilidad era tan absoluta como el fondo de sus interpretaciones. Desde los conciertos para violonchelo de Shostakovich con Misha Maiski y su querida Sinfónica de Londres, a sus ciclos de las sinfonías de Beethoven u obras de Gershwin, Ives, Prokófiev y tantos otros, por no hablar de la curiosa Tosca que grabó en Budapest, en 1990, con Éva Marton, Josep Carreras y Joan Pons, con la Orquesta Estatal de Hungría y el Coro de la Radio y Televisión Húngaras.
Quienes trabajaron con él, como los españoles Alicia de Larrocha o Javier Perianes, no vacilan en resaltar su exquisito trato y cercanía. Era un divo cercano, risueño y simpático, alejado de los divismos endiosados de antaño. Un poco a lo Bernstein (¡pero no tantísimo!). Dueño y sabedor de su talento. Y un pianista más sobresaliente que notable, lo que le facilitaba la colaboración con otros solistas de renombre. Fue y es, con Leonard Bernstein y James Levine, el gran director estadounidense.
Su memoria queda en el recuerdo de miles de conciertos al frente de las mejores orquestas, en incontables grabaciones y vídeos, y en el sello personal dejado por los podios y orquestas que lideró. Muy particularmente en San Francisco, la ciudad que le acogió y cuya Orquesta Sinfónica convirtió en su casa, desde que en 1.995 asumiera una dirección musical que se ha prolongado hasta casi la actualidad, en la que ha sido una de las titularidades más extensas y fructíferas de las historia de la música, acaso solo equiparable, en Estados Unidos, a las de Szell en Cleveland, Reiner en Chicago, Ormandy en Filadelfia o Levine en el MET.
Recorrer el Davies Symphony Hall, la actual sede de la Sinfónica de San Francisco, es un poco repasar esta larga relación. La moqueta roja y las paredes enteladas casi huelen a MTT. Su huella se mantiene poderosa en la sala y la ciudad que le catapultó a la gloria. Por los camerinos abundan fotos y recuerdos. Con tal o cual artista, con tal o cual personaje o personajillo. El Davies Symphony Hall respiraba y respira MTT. Pero sobre todo, su aura se mantiene en el sonido claro, contundente, preciso y empático de una orquesta que creció a imagen y semejanza de uno de los máximos y más singulares “visionarios” del mundo complicado y maravilloso de la música. Justo Romero

Michael Tilson Thomas

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