Obituario: Helmuth Rilling “apóstol” bachiano y amigo sin monsergas
Obituario: Helmuth Rilling “apóstol” bachiano y amigo sin monsergas
Helmuth Rilling, “apóstol” de Bach sin monsergas historicistas, fue uno de los renovadores más singulares e influyentes de su largo tiempo, además de persona afectuosa y afable.

Helmuth Rilling
Con su voz, tenue y políglota -hablaba un español entrañable- marcaba desde el podio su condición ecléctica y receptiva, que aunaba la calidad de autoridad incuestionable en la interpretación de la obra de Bach -que él arraigaba en la tradición coral germánica- con una sensibilidad contemporánea que abría horizontes sin complejos ni prejuicios. Su muerte, el pasado día 11, con 92 años, marca el final de una época. También la pérdida de una figura clave en la renovación historicista, que él, sin prejuicios, llevó a las orquestas y formaciones de instrumentos contemporáneos.
Nacido el 29 de mayo de 1933 en Stuttgart (Alemania), Rilling creció en un entorno marcado por la tradición protestante y luterana, que definió su temprana pasión por la música sacra, el órgano y la dirección coral. Inició su formación en los seminarios de Schöntal an der Jagst y Urach, en Wurtemberg, y en su propia ciudad natal, donde estudió con David y Hans Grischkat. Entre 1952 a 1955 estudió órgano, composición y dirección coral en la Escuela Superior de Música de Stuttgart. Completó sus estudios con Fernando Germani en Roma y en la Accademia Musicale Chigiana de Siena.
En 1954, aún estudiante, fundó el Gächinger Kantorei, conjunto coral que pronto se convirtió en el eje de su actividad artística. Más tarde, en 1965, creó el Bach-Collegium Stuttgart, agrupación instrumental con la que desarrolló una labor de referencia internacional. Con ambos conjuntos, Rilling emprendió una empresa monumental: la grabación integral de las cantatas de Bach. Aquella titánica tarea, culminada en la década de 1980, no solo representó un hito discográfico, sino también una declaración estética. En un tiempo en que el movimiento historicista ganaba terreno con criterios de interpretación basados en instrumentos originales, Rilling defendió una lectura que, aun informada por la investigación musicológica, mantenía la sonoridad de los instrumentos modernos y una concepción expresiva profundamente humanista.
Esta actividad concertística la compaginó con su vocación pedagógica: entre 1963 y 1966 enseñó órgano y dirección coral en Berlín, y, a partir de1966, hasta 1976, también en Fráncfort. Tanto en las aulas como en las salas de concierto, defendió una aproximación a Bach alejada de veleidades arqueológicas. Concebía la música no como reliquia del pasado, sino como mensaje vivo, pleno de emoción y vigencia. Para él, cada cantata era “un acto de fe sonora, un diálogo entre texto y música, en el que el director es mediador antes que protagonista”. Esta actitud reverente, pero no distante, marcó su estilo: tempi naturales, líneas vocales claras, equilibrio entre coro y orquesta y una especial atención al significado teológico del texto.
Pronto su figura trascendió las fronteras alemanas, y comenzó a colaborar con coros, orquestas y conjuntos instrumentales en Europa, América y Asia. En 1981 fundó la Internationale Bachakademie Stuttgart, institución dedicada al estudio, interpretación y difusión de la obra bachiana. Bajo su liderazgo, la academia se convirtió en un centro de referencia mundial para jóvenes directores, cantantes e instrumentistas. Rilling no solo enseñaba técnica y estilo, sino también una ética del trabajo musical en la que disciplina, profundidad intelectual y compromiso espiritual eran puntos cardinales.
Desde tales postulados, formó generaciones de músicos que hoy ocupan posiciones destacadas en coros y orquestas de todo el mundo. Para sus discípulos, entre los que abundan nombres españoles, Rilling era no solo un maestro exigente, “sino un mentor generoso que entendía la música como un servicio a la comunidad”.
Como músico heterodoxo y sin fronteras, su repertorio no se circunscribió al universo bachiano. Interpretó con frecuencia a otros compositores del barroco alemán, como Heinrich Schütz, y se adentró en el clasicismo y el romanticismo, con especial atención a Mozart, Schubert, Mendelssohn-Bartholdy y Brahms. Asimismo, mostró particular interés por la música contemporánea, con promoción de obras y estrenos que dialogaban con la tradición coral alemana, como sus versiones de músicas de Schubert reconstruidas por Berio y otros compositores, como el “drama religioso en tres actos” Lazarus, de Schubert, cuya reconstrucción encargó a Edison Denísov.
Con su muerte, la música pierde a un maestro que supo conjugar tradición y modernidad, erudición y emoción. Tras de sí, Rilling deja no solo grabaciones memorables y discípulos agradecidos, sino el recuerdo de un músico y una persona excepcional. Lo saben bien en Santiago de Compostela, donde entre 1996 y 2000 fue director musical de la Real Filharmonía de Galicia, orquesta que ha colgado en las redes un comunicado que habla de “su rigor, su sensibilidad musical y su compromiso con la excelencia marcaron una etapa fundamental en la historia de nuestra orquesta. Con él forjamos, aprendimos y compartimos una manera profunda de entender la música”.
También trabajó con otras orquestas españolas, como la Sinfónica de Sevilla (El Mesías de Händel, diciembre 1993), o la orquesta de València y el Cor de la Generalitat, con los que interpretó una inolvidable Misa en si menor de Bach (octubre de 1996), y, dos años después, en 1998, Un Réquiem alemán de Brahms que también ofrecieron en el Auditorio Nacional, con María Bayo y Thomas Quasthof como solistas. Recuerdos imborrables hoy avivados por la partida del amigo. Justo Romero

























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