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Por Publicado el: 02/06/2013Categorías: Crítica

Otello, doble homenaje a Verdi y Wagner

Temporada del Palau de les Arts

Otello, doble homenaje a Verdi y Wagner

«Otello» de Verdi. G.Kunde, M.Agresta, C.Alvarez, M.Puente, M.Cerdá, M.Schelomianski, etc. es colaina de la Mare de Déu dels Desamparats, Córdoba de la Generalitat Valenciana y Orquestra de la Comunitat Valenciana. D.Livermore, dirección de escena. Z.Mehta, dirección musical. Palau de les Arts. Valencia, 2 de junio.

Helga Schmidt programó «Otello» pensando en que lo debutase Jorge de León, de algún modo cantante de la casa, y negoció con Pekín el alquiler de la extraordinaria producción. El tenor miró la partitura y decidió aparcarla para más adelante. Pekín se subió a la parra con el precio, al que había que añadir transportes. Total, todo en el aire. La talla de los responsables artísticos se mide ante las adversidades. Hay bien pocos tenores para Otello y contrató a uno de los mejores: Antonenko, pero éste enfermó y se cayó del cartel. Los dos siguientes que se probaron no reunieron nivel. Quedaba Gregory Kunde, pero estaba cantando en Zurich. La tenacidad y tozudez de Schmidt hicieron posible que el teatro le liberase y se incorporase al Palau. El papel lo estrenó en 1887 Francesco Tamagno, un tenor que cantaba también el de Rossini. Justo como este Kunde en su nueva e increíble etapa: «Guillermo Tell» y su tremendo registro alto, el belcantismo de «Il Pirata» de tesitura igualmente complicada, la exigencia de «Vespri siciliani», etc. Creo sinceramente que no puede encontrarse un mejor Otello en el presente: fortaleza vocal, profundidad y adecuación escénica. Potente en el «Esultate!», controlado en el dúo de amor, valiente en el segundo acto -formidable el dúo con Yago -, doliente en el tercero y con arrestos sin mácula hasta el «Ni un mi tema» final. Toda una exhibición. Cantará el papel en el Real en un par de temporadas… ¡en versión de concierto! Por suerte todo el reparto, menos un discreto Ludovico, funcionó al mismo excelente nivel. Maria Agresta era una completa desconocida cuando cantó la Leonora de «Il Trovatore» en el mismo escenario hace tres temporadas. Hoy está solicitadísima y no es extraño. Su momento cumbre llegó en el «Sauce» y el «Ave María», con gratísimo timbre e impecable línea musical. Una Desdémona hoy de referencia. Carlos Alvarez se jugaba el todo con Yago, pues era su primer gran papel dramático tras su vuelta a los escenarios. Si para nosotros ha sido una satisfacción comprobar su total recuperación, mucho más lo ha debido ser para él. Tiempo habrá para detallar los cambios vocales y técnicos detectados, puesto que afortunadamente le vamos a poder volver a escuchar con frecuencia y porque lo importante hoy es felicitarnos mutuamente porque la ópera tiene un gran barítono más con quien contar.

Sin Pekín se decidió afrontar una nueva producción propia, ajustando su coste. La ideada por Davide Livermore apenas introduce tres sillas en la escena. Le basta con un gran plato giratorio elevable en la base rodeado por círculos recordando un foro, un aro en la parte superior, un ciclorama trasero y un elegante juego de iluminación. Todo a favor del canto y todo en el más puro estilo Wieland Wagner de los años de oro de la revolución escénica en Bayreuth. Esta producción serviría perfectamente para «Tristán e Isolda». Curiosamente un «Otello» verdiano servía también para homenajear a Wagner en el doble aniversario. Pero en el foso estaba un entregado e inspirado Zubin Mehta para recordarnos que se trataba de Verdi con una lectura vibrante de tensión en los momentos dramáticos y delicadísima en los líricos. Pura energía, pura potencia -increíble en el momento de la estrangulación de Desdémona- sin jamás apagar las voces. El mejor Mehta en el último acto. Este señor -el coro y una orquesta sobreviviendo milagrosamente a los recortes- marcan la diferencia no sólo en el Palau de les Arts, sino en todos los teatros españoles. El público vitoreaba y no se movía de sus asientos. Doce minutos de ovaciones cortadas por una precipitada bajada de telón. La Reina, aplaudida en su entrada y salida, el ministro de cultura, el presidente autonómico estaban allí, testigos de una velada de ópera excepcional, que se inscribe entre lo mejor del teatro en estos ocho años. Difícil que no obtenga el año próximo el premio Campoamor de la crítica a la mejor producción de la temporada española. Felicidades. Gonzalo Alonso

 

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