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Por Publicado el: 14/05/2013Categorías: Crítica

¿Por qué Marañón no invita a Alfredo di Stefano?

Temporada del teatro Real

¿Por qué Marañón no invita a Alfredo di Stefano?

“Don Pasquale” de Donizetti. Nicola Alaimo, Alessandro Luongo, Dmitry Korchak, Eleonora Burato, Davide Luciano. Coro Intermezzo y Joven Orquesta Luigi Cherubini. Andrea de la Rosa, dirección de escena. Riccardo Muti, dirección musical. Teatro Real. Madrid, 13 de mayo.

Era idea de Riccardo Muti enlazar Nápoles y Madrid a través de la figura de Mercadante y si el pasado año trajo “I due Figaro” para éste había pensado en “La repressaglia”, obra aún menor que aquella. Una intervención clínica le restó tiempo para preparar una nueva partitura y así el público del Teatro Real ha salido ganando, pudiendo disfrutar de una de las óperas cimeras dentro del género cómico. De hecho “Don Pasquale” es una de las tres de Donizetti, junto con «Lucia» y «Elixir», que siempre han permanecido en repertorio. Estrenada en París en 1843, pertenece ya al último periodo del autor. Fue escrita en muy poco tiempo, pero menos hubiera precisado de no haber surgido discusiones con el libretista Giovanni Ruffini, elegido para reelaborar el texto de Agnello Anelli para una ópera entonces popular de Stefano Pavesi, hasta el punto de renunciar a que su nombre apareciese en la partitura. Aún así quedó un libreto excelente, al que Donizetti supo unir la música exacta. El éxito la acompañó desde su estreno, dándose a conocer ese mismo 1843 en Milán, Viena y Londres y año y medio después en Nueva Orleans, Nueva York y Madrid. Representa casi tanto el testamento de Donizetti como el de toda una época de ópera italiana, porque en esas fechas se estrenaban “El holandés errante” y “La batalla de Legnano”, Wagner y Verdi abriendo caminos nuevos.

Obra llena de humanidad, a caballo entre la ingenuidad y el patetismo, con una sucesión de números cómicos hasta el histrionismo en ocasiones, pero también con otros líricos, compasivos, enternecedores, que dotan la dotan de fina ironía y la elevan sobre lo puramente cómico. Afirma Muti que no se trata de reír sino sonreír y tiene razón, ya que lo que pone en juego son muchas de las dudas, miedos e inclinaciones de todos nosotros en el momento de la vejez. Que se lo pregunten si no a Alfredo Di Stefano. La historia es tan de hoy como de ayer: sonreír por no llorar. La partitura prescinde del recitativo seco, convirtiéndose en algo tan melódico como para que se llegase a considerar como “mozartiana”. Lo cierto es que la orquesta juega un papel mucho más importante que en otras obras anteriores del género, ampliándose la continuidad musical con mayor poder en los concertantes.

Todo esto lo sabe obviamente Muti, que debutó con el título en Salzburgo en 1971 y nos lo trae con una producción de su Festival de Rávena de 2006. Intenta y logra que el mundo donizettiano se integre en el hilo musical que enlaza a Mozart, Haydn, Beethoven, Schubert o Schumann. Le da ligereza y al tiempo profundidad en un equilibrio que sólo los grandes pueden hallar, contando con el apoyo de una orquesta discreta, pero joven y entregada. Al escuchar el solo de trompeta del “Cercherò lontana terra” uno no pudo evitar recordar a Manuel Blanco en su estupenda actuación con la ONE esta misma semana.

Andrea de la Rosa se inspiró en el “Decamerón” pero sitúa la acción más o menos en el momento de su composición. Puertas de madera clara en contraste con el fondo negro y unos sofás y cómodas para centrar los personajes ante sus conflictos y no perjudicar nunca el trasfondo de texto y música. No pidamos más, que ya es bastante.

Los grandes tienen también sus limitaciones. Una de las de Muti ha sido habitualmente la voz. No siempre recurre en sus repartos, cuando puede elegirlos, a los cantantes más adecuados. Aquí también busca el equilibrio entre voz y presencia, pero no lo logra de igual forma que en lo musical. Todos aportan más presencia que voz. Al Don Pasquale de Alaimo le falta brillo, un pulido al Malatesta de Luongo, agudos firmes al Ernesto de Kotchak y contención a la Norina de Burato. En la gala de la Zarzuela, también aquí comentada, había artistas españoles del mismo o mayor nivel pero para el Real no parecen existir.

Los asistentes disfrutaron de lo lindo, perdonando tales escaseces a cambio de la vuelta a la ópera para públicos “no inteligentes” con un maestro en el foso dominante, serio y elegante. Esta vez el público no escuchó la música como si fuese una banda sonora. Nos bastó el libreto y Donizetti para entender, aprender o recordar algunas cosas. ¿por qué Marañón no invita a Alfredo di Stefano? Gonzalo Alonso

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