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Lss tres efemerides Dowland, Kurtag y TakemistuTres efemérides: John Dowland, Toru Takemitsu y György Kurtág
Por Publicado el: 26/02/2026Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

La ventaja de ver “La Gioconda” en el cine

La ventaja de ver La Gioconda en el cine

La ventaja de ver La Gioconda en el cine

Netrebko y Kaufmann en la grabación cinematográfica de La Gioconda

La experiencia de asistir a la proyección cinematográfica de una producción operística de la calidad de la ofrecida en el teatro San Carlo de Nápoles en 2024, ofrece una serie de matices que frecuentemente escapan al espectador sentado en una platea donde la acústica y la visibilidad son siempre una moneda al aire.

La tecnología actual nos permite una inmersión en la interpretación de figuras como Anna Netrebko o Jonas Kaufmann que, en ciertos aspectos, supera la vivencia presencial al eliminar la barrera física que impone el foso orquestal o la arquitectura del teatro. Mientras que en un teatro uno debe contentarse con la visión general y el sonido que el azar de la localidad le otorgue, el cine nos brinda la posibilidad de escrutar cada músculo facial, cada rictus y la verdad dramática que los grandes artistas de hoy depositan en sus gestos además de en sus gargantas.

Es precisamente en esa cercanía donde el trabajo de Netrebko cobra una dimensión nueva, permitiéndonos apreciar cómo su Gioconda no es solo exhibición vocal, sino una interpretación de una hondura psicológica que difícilmente se percibe desde la fila veinte de un teatro. Ver en primer plano la expresión de la soprano rusa en el momento del Suicidio! nos revela los aspectos más íntimos del personaje.

Lo mismo sucede con el Barnaba de Ludovic Tézier, cuya maldad se vuelve mucho más amenazante cuando podemos observar la frialdad de su expresión y esa seguridad gestual que complementa su estupenda línea de canto, aspectos que podrían difuminarse ante los decorados, aunque estos no fueran especialmente monumentales dado el tamaño del escenario del San Carlo.

Otra ventaja indiscutible reside en el equilibrio sonoro, pues si bien nada puede sustituir una orquesta en vivo, la grabación permite una ecualización que en esta producción concreta beneficiaba enormemente a los cantantes frente a la enérgica dirección de Steinberg. Esto era especialmente de agradecer en el caso de Jonas Kaufmann, cuya técnica basada en el claroscuro y la media voz se beneficia de una captación con los micrófonos que permite paladear cada una de sus intenciones sin que el espectador tenga que realizar un esfuerzo de concentración extra para escuchar sus frases más íntimas entre el fragor de los metales y la cuerda.

La ventaja de ver La Gioconda en el cine

Imagen de la producción del Teatro San Carlo de Nápoles

Además, la realización cinematográfica dirige nuestra atención hacia los detalles que verdaderamente importan en cada escena, evitando esa dispersión visual que a veces nos asalta en el teatro cuando no sabemos si mirar al coro, a la escenografía o al vecino de al lado. El cine nos permite beneficiarnos de la suntuosidad del vestuario y esos pequeños movimientos escénicos que suelen pasar desapercibidos en la inmensidad de un escenario de ópera.

Tampoco hay que olvidar la comodidad que supone disfrutar de una de las cumbres de la temporada lírica mundial sin necesidad de viajar, máxime tal y como andan trenes y carreteras en nuestro país. Y tampoco es de despreciar la diferencia entre pagar los 250€ de una butaca en el Liceo, donde por casualidad se ofrece la misma producción en estos días, pero sin el trío estelar de Nápoles. Por eso no es extraño que la sala del cine Paz estuviera a rebosar. Por cierto, sin sonido de móviles y tampoco que fuera mayoritariamente público de la tercera edad.

En definitiva, aunque el teatro sea el templo natural de la ópera, el cine es un aliado indispensable para ver la ópera desde otras perspectivas. Contemplar a este trío de ases en pantalla grande es, en muchos sentidos, una experiencia que nos permite entender mejor por qué estas figuras dominan el panorama actual, ofreciéndonos una visión privilegiada compartiendo con ellos la respiración y el esfuerzo que conlleva dar vida a una obra tan exigente.

Al salir de la sala en Madrid, o en otras ciudades donde se ha ofrecido este espectáculo, uno tiene la certeza de haber visto y escuchado La Gioconda con una claridad que ni el mejor prismático ni el oído más sensible podrían haber garantizado desde un palco del San Carlo o del Liceo, confirmando que la tecnología es capaz de acercarnos lo más sublime del arte hasta casi poder tocarlo con las manos.

Gonzalo Alonso

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