El Met paga para que le aconsejen programar más “Traviatas”
En su afán por recaudar como en los no tan viejos tiempos, cuando el templo neoyorquino de la ópera colgaba un día sí, y otro también, el cartel de “sold out”, el Met ha llegado a contratar a una consultora para que le explique cómo recuperar a buena parte de su hoy perdida clientela.

Peter Gelb mantiene su continuidad al frente del Met hasta 2030
El Metropolitan de Nueva York, el templo lírico mundial que en los últimos años ha perdido a un 20% de su audiencia, contrató, no hace mucho, a una prestigiosa consultora, Boston Consulting Group, para que le indicara qué debía hacer para conectar de nuevo con el público perdido.
Cientos de miles de dólares después, la empresa fue clara en su veredicto: programen ustedes más “blockbsusters”, es decir, los grandes éxitos de toda la vida, como La Traviata, durante periodos más largos: o sea, ofrezcan mayores funciones de los títulos del llamado repertorio, los clásicos de toda la vida.
Unos genios estos bostonianos, pero sobre todo sus pagadores de la Gran Manzana, que compraron a precio de oro unas líneas de sensatez al alcance de cualquier buen aficionado a la ópera, cuyos útiles consejos les hubieran salido gratis.
Véase lo que ocurre allí hoy mismo: acaban de programar una nueva producción de Tristán e Isolda, la obra maestra de un tal Richard Wagner, y han puesto como protagonista del cartel a la mejor soprano entre las actuales, una auténtica estrella como las de otros tiempos, la noruega Lise Davidsen.
¿Qué ha ocurrido esta vez? Han tenido que salir corriendo a poner una función extra porque la demanda de entradas ha superado todas las previsiones, hasta agotar el papel disponible. Un “sold out” como no se veía en décadas.
No hay más ciego que el que no quiere ver. Pero Peter Gelb, mánager de aquella casa, sigue empeñado en buscar otras alternativas que le llenen la caja, sobre todo ahora que su apuesta por Arabia Saudí parece haber fallado: allí nadie confirma el acuerdo por más de 100 millones de dólares para que los neoyorquinos llevasen la ópera al desierto, y menos ahora que hay guerra.
El ejecutivo hasta ha llamado a Bob Dylan para que ofrezca al menos una actuación en el Met, y así poner los precios que desee. Un acontecimiento. De momento no ha tenido respuesta, como tampoco le ha contestado Elon Musk, al que llegó a ofrecerle ¡llevar una producción del Met a Marte!
Por cierto, el último intérprete de Bob Dylan en el cine fue Timothée Chalamet. A lo mejor no estaría mal ofrecerle la posibilidad de que diese, en ese recinto, un concierto en homenaje al autor de Blowing in the wind, convenientemente caracterizado como tal. Seguro que ahora mismo el actor no podría negarse.






















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