Crítica: Mahler, la Nacional y Afkham, emoción más que paraíso en Granada
Mahler, la Nacional y Afkham, emoción más que paraíso
75 FESTIVAL DE GRANADA. Orquesta Nacional de España. David Afkham (director). Programa: Novena sinfonía, de Mahler. Lugar: Granada, Palacio de Carlos V. Fecha: 2 julio 2026.

Aflham se despide de la OCNE en Granada
© Festival de Granada | J.M. Grimaldi
En la fraternal y larga historia de afecto y entendimiento entre la Orquesta Nacional de España y el Festival de Granada, Mahler ha sido siempre punto de encuentro. En la memoria quedan visitas mahlerianas tan señaladas en el Palacio de Carlos V como la Sinfonía de los Mil que dirigió Frühbeck en 1999 (antes, en 1970, los mismos intérpretes la estrenaron en España, en el marco del propio festival), o, más recientemente, la Séptima que lideró David Alfkham hace tres años.
En esta ocasión, este mismo director se despidió definitivamente en el Carlos V de su largo periodo al frente de la Nacional con una obra tan inquietante y compleja como la postrera Novena sinfonía. Un final desolado -sus cuatro movimiento recalan inexorablemente en la muerte- pero certero para culminar el ciclo sinfónico de Mahler. También para cerrar una titularidad agridulce que -como de costumbre- ha sido de amor y desamor. Afkham deja la orquesta con honores y reconocimientos -incluido el cacareado ingreso en la Orden Civil de Alfonso X el Sabio-, y un Mahler cuyas cualidades y carencias reflejan lo que han sido sus doce años de titularidad. Eternos para algunos, fecundos para otros.
El problema es que la Novena de Mahler, obra de alma y dolor, no admite medias tintas. “Esta sinfonía es la muerte en persona”, exclamó Alban Berg tras escucharla, y lo reafirmaron Abbado, Giulini, Svetlánov o Bernstein, entre otros.
Es obvio que la Orquesta Nacional, formación fogueada en mil historias y peripecias, incluida su estrecha relación con la música de Mahler, cuyo ciclo sinfónico completo dio a conocer en 1971 impulsado por la mano pionera de Frühbeck, respira, transpira y huele su música. Fue así, como era previsible, una versión sinfónica y anímicamente de calidad, ni siquiera enturbiada por los deslices y desajustes propios de tocar al aire libre, en la acústica particular del “marco incomparable” que es el patio del Palacio de Carlos V.
Hubo intervenciones destacadas, como las del concertino, Miguel Colom, el flautista Álvaro Octavio o el trompeta Manuel Blanco. Todas enmarcadas en el caudaloso flujo orquestal -homogéneo y diverso a un tiempo- de una formación que lleva a Mahler en su ADN, y que encontró su mejor momento en el episodio precisamente más delicado y problemático de la sinfonía: los 27 compases que configuran el Adagissimo en el que Mahler, a través de la cuerda, desvanece la materia sonora en un último e imposible intento de soslayar, de impedir el ineludible punto de inflexión entre vida y muerte, entre sonido y silencio.

Imagen del concierto
© Festival de Granada | J.M. Grimaldi
“Ersterbend” (agonizando) anota Mahler en el último compás de la partitura. Afkham lo escucha y posibilita que lo subrayen los atriles sensibles de la ONE. Los muy largos -eternos- segundos de silencio que siguieron al momento crítico en el que Mahler, inmerso en la zozobra última, se aferra a todo, rubricaron la intensidad emocional con que lo expresaron profesores y maestro.
Antes, en los tres movimiento precedentes, Afkham centró su saber y oficio en hilvanar y llevar a buen puerto las complejas costuras; en clarificar el mosaico de motivos, nostalgias, recuerdos y referencias que las entrañan.
Expresó con cierta rutina y distancia, sin poner la carne en el asador y a tempo contenido, el inquieto Andante comodo que abre la sinfonía, “lo más extraordinario que ha escrito Mahler”, según Alban Berg; insufló de aires y referencias populares el segundo movimiento, y, con buen criterio, no trató de poner orden y concierto en el caos del sorprendente Rondo-Burlesque que Mahler emplaza como tercer tiempo. Una versión, en definitiva, que no tocó el paraíso, pero sí elevó el ánimo a altas temperaturas de emoción.
























Últimos comentarios