Crítica: Pestiño de sinfonía, anodino maestro. ¡Viva la JONDE!
Pestiño de sinfonía, anodino maestro.
¡Viva la JONDE!
75 FESTIVAL DE GRANADA. Joven Orquesta Nacional de España (JONDE). Coro de masculino de la Orquesta Ciudad de Granada. Donato Renzetti, Timothy Brock (directores). Solista: Alejandro del Ángel (tenor). Programa: Obras de Liszt (Sinfonía Fausto, para tenor, coro masculino y orquesta) y Mascagni (Rapsodia satánica, música para la película homónima de Nino Oxilia). Lugar: Granada, Palacio de Carlos V. Fecha: 5 julio 2026.

La JONDE recaló en el Palacio de Carlos V de Granada
Que la Sinfonía Fausto de Liszt es un pestiño de cuidado lo evidencia el hecho de que, pese al buen nombre de su autor, apenas se programe. Tampoco ayuda a ello su extensión -casi ochenta minutos en los que poco o nada interesante ocurre-, y el hecho de requerir su interpretación, además, un tenor, al que se añade, en la versión revisada de 1861, un coro masculino.
Para colmo, la lenta versión escuchada el domingo en el Festival de Granada, estuvo dirigida por un maestro tan anodino y batutero como Donato Renzetti (1950), un admirado maestro de maestros -entre sus alumnos, Gianandrea Noseda- cuya magisterio, como en el caso de otros grandes de la enseñanza (Swarowski, Ilya Musin, Panula, Ferrara…), en absoluto encuentra correspondencia con su rutinario hacer sobre el podio, sin mirar a los músicos, con los ojos clavados en la partitura y los brazos sin apenas marcar el compás ni entradas. ¡Un poema!
La única gloria de este extenso y plúmbeo concierto, en el que también se escuchó, en la segunda parte, la música de cine que Mascagni compuso en 1917 para la película muda Rapsodia satánica, radicó en los chavales formidables de la Joven Orquesta Nacional de España, cuyo vigor, calidad, ilusión y lozana profesionalidad salieron airosos y gloriosos de un brete en el que nunca debieron estar involucrados.
Maravilla escuchar a la JONDE, cuyas calidades y cualidades son el reflejo fiel del nivelazo instrumental de las últimas generaciones, en el que tanto tiene que ver la creación en España de nuevas orquestas y auditorios. Una creciente vida musical en la que, paradójicamente, sigue pendiente una decidida revolución en los conservatorios y programas de enseñanzas musicales.
En la JONDE, en el marco propicio del Festival de Granada y su sinfónico Palacio de Carlos V, brillaron todos sus instrumentistas, desde la concertino, Almudena Quintanilla, a los solistas de violas y fagotes, que resolvieron con temple y arrojo sus comprometidos solos. De las tres partes que integran la sinfonía –“Fausto”, “Gretchen” y “Mefistófeles”- los episodios de mayor abulia se soportaron en el lento movimiento central, llevado por Renzetti con exasperante indiferencia y parsimonia.

Imagen del concierto
Mejoró el asunto en el movimiento final, no por mérito del maestro, sino por la propia obra, que por fin, tras casi una hora de sopor, levanta algo el vuelo. También por la entrega y energía virtuosa de la orquesta, y por las breves intervenciones del bien conjuntado y preciso Coro masculino de la Orquesta Ciudad de Granada (que prepara y dirige Héctor Eliel Márquez), y del arrojado tenor mexicano Alejandro del Ángel, en una tesitura tan incómoda como tensa y arriesgada.
No mejoró la cosa en la segunda parte, con la música satánica de Mascagni, integrada en la proyección del restaurado mediometraje de Nino Oxilia. 43 minutos en blanco y negro en un filme de 1917 lejano en ambición y medios a las obras maestras que sobre el mismo diabólico tema ha deparado la coetánea órbita expresionista.
En esta ocasión, la JONDE estuvo dirigida por el estadounidense Timothy Brock, cuya carrera y reputación como arreglista y director de músicas cinematográficas de la época no se correspondió con el discreto trabajo volcado en el Carlos V, más cercano a Renzetti que a maestros del género como Carlo Savina, Richard Kaufman o incluso André Previn.
El concierto, largo con avaricia, se prolongó hasta bien entrada la madruga del día siguiente. Sorprendió, a esas horas y después de lo que fue la cosa, la entusiasta respuesta del público. El secreto se lo confió un amigo al crítico ya bajando por la Cuesta de Gomérez: “¡Pero tú sabes la cantidad de padres, madres, hermanos, hermanas, novios y novias de jondistas que había entre el público!”. ¡Juventud, divino tesoro! ¡Qué envidia!
























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