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Por Publicado el: 29/05/2026Categorías: En vivo

Crítica: Clasicismo en todo lo alto con Sir John Eliot Gardiner y The Constellation Orchestra

CASICISMO EN TODO LO ALTO

Obras de Arriaga, Mozart y Haydn. Nicola Boud, clarinete. The Constellation Orchestra. Director: Sir John Eliot Gardiner. Madrid, Auditorio Nacional, 27 de mayo de 2026. Ibermúsica serie Barbieri.

Crítica: Clasicismo en todo lo alto con Sir John Eliot Gardiner y The Constellation Orchestra

Saludos finales del concierto
Fotos: Rafa Martín/Ibermúsica

 

 

Accedíamos por primera vez a la escucha de los hermosos timbres de la nueva formación creada y presidida por Sir John Eliot Gardiner, The Constellation Orchestra, forjador en su día de otros importantes y ya históricos conjuntos: el Coro y la Orquesta Monteverdi y la Orquesta Revolucionaria y Romántica. The Constellation Orchestra lleva la marca de fábrica del músico inglés, nacido en 1943 y que no ha dejado, desde su más tierna juventud, de estudiar, formar, organizar e investigar. Artista por tanto conspicuo, trabajador y constante. Y, curiosamente, alumno en su día de Nadia Boulanger.

Gardiner y su nuevo conjunto nos han ofrecido un muy hermoso concierto inaugurado por la prometedora y en todo caso interesantísima Sinfonía en Re de Juan Crisóstomo Arriaga, obra de estructura clásica, de nítida temática y de líneas claras y melodiosas. Nos gustó el pulso con el que fueron desentrañados los cuatro movimientos y la elegancia con la que fue expuesto el maravilloso segundo tema del Andante dentro de una concepción más bien prudente del tempo. Advertimos planos algo confusos en el Allegro-Trio, aspecto que se acentuó algo más en el Allegro con moto.

Imagen del concierto con la solista, Nicola Boud
Fotos: Rafa Martín/Ibermúsica

 

La música del Concierto para clarinete de Mozart es una de las más enigmáticas y melodiosas que jamás se hayan compuesto, plena de fluidez, cordialidad y ternura, que se hace comunicativa y dramática en el Allegro inicial, donde toma cuerpo en una tensa línea melódica que preludia el Introito del inmediato Réquiem, mucho menos caracoleante, más austero en cualquier caso.

El corazón de la obra es el sublime Adagio, hermano del Larghetto del Quinteto para clarinete K 581, que se mece en un maravilloso 3/4 donde el sentido rítmico-expresivo del compositor llega a su cenit con la aplicación de un estricto juego de simetrías. Incluso en el Rondó la voz del clarinete sondea, entre los dos intermedios, unos sorprendentes abismos de interrogativa gravedad.

En este caso escuchamos una cuidadosa y bien matizada interpretación de la solista de la orquesta, Nicola Boud, una autoridad en la materia, que tocando un clarinete bassetto -el instrumento original del destinatario de la partitura, el virtuoso Anton Stadler y sobre el que dijo unas palabras-, nos elevó el espíritu. Regaló delicados pianísimos, milagrosos adelgazamientos en el Adagio, bien acompañada por orquesta y director, que nos ofrecieron a continuación una estupenda interpretación de la Sinfonía nº 49, “La Passione”, de Haydn, un ejemplo de esas músicas pasajeramente arrebatadas que ilustraron la época Sturm und Drang.

Suprema concentración en el Adagio inicial, con líneas bien trazadas y perfiladas y solemne balanceo a media voz. En al Allegro di molto fue debidamente destacada la repetida figura de seis notas que se constituye en la espina dorsal del movimiento. Las dos trompas -sin pistones, por supuesto- se exhibieron en la tan aguda tesitura que exige la partitura. En el Menuet. Trio.

Y el Finale.Presto se nos ofreció con una velocidad fulgurante y una ejecución impecable. De esas que levantan del asiento. Ante los repetidos aplausos, se tocó de nuevo; con una interrupción inesperada antes de tiempo. Con este concierto se remataba la temporada de Ibermúsica; aunque queda por ahí, coleando, el del aplazado de la Sinfónica Juvenil de Venezuela a las órdenes de Gustavo Dudamel, que se ha trasladado al 8 de julio.

Arturo Reverter

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