Crítica: Renaud Capuçon, de tuteo con solistas de la Orquestra de València
Renaud Capuçon, de tuteo con solistas de la Orquestra de València
CAMBRA AL PALAU (Ciclo de Cámara del Palau de la Música). Obras de Mozart, Turina y Brahms. Intérpretes: Renaud Capuçon (violín) y profesores de la Orquestra de València (Casandra Didu y Luciano Casalino, violines; Pilar Márin y Santiago Cantó, violines; Iván Balaguer y David Forés, violonchelos). Lugar: Palau de la Música (Sala Rodrigo). Entrada: Alrededor de 200 personas. Fecha: 28 mayo 2026.

Imagen del concierto
Entre los beneficios que aporta la figura del “Artista residente” en las orquesta sinfónicas no es pequeño el de brindar la oportunidad de que músicos de la propia orquesta hagan música de cámara con grandes nombres de la escena internacional. Así ha ocurrido el jueves, en un concierto en el que el violinista francés Renaud Capuçon, actual “artista residente” de la Orquestra de València, ha actuado integrado en un conjunto de cámara configurado por solistas de la formación valenciana. En los atriles, un surtido y precioso programa que surcaba obras de Mozart, Turina y Brahms.
El decidido camerista que es Renaud Capuçon (Chambéry, 1976) se alió, impulsó y contagió a sus ocasionales colegas de atril para hacer Música de Cámara en mayúsculas. Con arrojo instrumental y expresivo. Bordaron así una versión del bellísimo Sexteto para cuerdas opus 18 de Brahms que, pese a algunos desequilibrios instrumentales, fue ciertamente notable, henchida de expresión y temperamento brahmsianos. De juventud, impulso y plenitud, que encontró sus mejores momentos en el segundo movimiento (Andante moderato) y en un vibrante final que fue, además, “grazioso”, como pide el compositor.
El programa, sin intermedio, había comenzado estupendamente, muy en alto, con el Dúo para violín y viola K 423 de Mozart, con Capuçon y la violista Pilar Marín al alimón, de tú a tú, en un diálogo equilibrado en el que la reconocida maestría del violinista se complementó con el talento y evidente sello solista de la primera viola de la Orquestra de València, que salió más que airosa del reto de compartir atril con uno de los máximos instrumentistas actuales.

Capuçon junto a la violista Pilar Marín
La oración del torero, el particular cuarteto que Turina concibió en 1925 para cuatro laúdes, pero que finalmente se universalizó en forma de cuarteto de cuerdas, no tuvo el privilegio de contar con el sonido codiciado del Guarneri del Gesù “Panette” de Capuçon. En su lugar, intervino como primer violín Luciano Casalino, intérprete de solvencias y temple, que conformó un empastado y desenvuelto cuarteto junto con la siempre notable violinista Casandra Didu, la viola de Santiago Cantó y el violonchelo de David Forés.
Entonación, expresión, equilibrio y sentido cantable fueron cualidades de una lectura bien planteada, en la que habitó la coloreada melancolía con la que Turina envuelve su íntima idealización del pasodoble. Por supuesto, gran éxito de todos, ante una Sala Rodrigo que distó del lleno. ¿Dónde diantres estaban los centenares y centenares de estudiantes de violín que pululan por València?























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