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Por Publicado el: 13/06/2026Categorías: En vivo

Crítica: Gustavo Dudamel y la Orquesta Sinfónica de RTVE en el Teatro Monumental

Gustavo Dudamel con la Orquesta de la RTVE

Gustavo Dudamel con la Orquesta de la RTVE

Dudamel y la Orquesta Sinfónica de RTVE en el Teatro Monumental

Ludwig van Beethoven: Obertura Egmont, op. 84 · Sinfonía nº 7 en La mayor, op. 92. Orquesta Sinfónica y Coro RTVE · Gustavo Dudamel, director. Teatro Monumental, Madrid, 11 de junio de 2026.

El Día Mundial del Cáncer de Próstata se celebra el 11 de junio y la Asociación Española de Urología lleva años buscando maneras de convertir esa fecha en algo más que un comunicado estadístico, y en 2026 encontró la mejor posible: un concierto extraordinario en el Teatro Monumental con Gustavo Dudamel al frente de la Orquesta Sinfónica de RTVE. La colaboración había requerido más de un año de gestiones. El resultado justificó la espera con creces.

Dudamel llegaba a Madrid en un momento de transición personal y profesional de primer orden. Acababa de cerrar su etapa al frente de la Filarmónica de Los Ángeles, cargo que ha ocupado durante diecisiete años, con una serie de conciertos de despedida que incluyeron la Cantata Criolla de Estévez, Mahler y Beethoven. Venezolano de nacimiento, pero español desde 2018, lleva décadas siendo una de las figuras más populares de la música clásica mundial. Que la Orquesta de RTVE haya conseguido tenerle en el Monumental -aunque sea por una sola noche y bajo el paraguas de una causa benéfica- muestra las posibilidades que la orquesta tiene cuando se lo propone.

El programa era todo Beethoven. La Obertura Egmont como apertura y la Séptima Sinfonía como plato fuerte. Una elección de una coherencia intelectual impecable: dos obras que comparten el mismo pulso rítmico obstinado, la misma voluntad de avanzar contra toda resistencia, la misma convicción de que la música no es decoración sino argumento. Wagner llamó a la Séptima la apoteosis de la danza.

Dudamel dirigió de memoria. En el ensayo de la mañana -el único- trabajó sin partitura, con una concentración y una atención al detalle que produjeron un resultado que la orquesta llevaba al concierto nocturno ya interiorizado. Eso se notó desde el primer compás de la Obertura. No había distancia entre el director y los músicos, ni entre los músicos y la sala. La comunicación fue inmediata.

La Egmont sonó con todo su dramatismo. Beethoven la escribió como música de escena para el drama de Goethe sobre el conde flamenco que eligió la muerte antes que la claudicación, y Dudamel no permitió que eso se olvidara. Cada acento, cada crescendo, cada silencio tenía un propósito narrativo. La coda final, con su fanfarria de victoria sobre la opresión, llegó con la fuerza de algo inevitable.

La Séptima fue el colofón. Dudamel construyó el primer movimiento con una paciencia arquitectónica que algunos directores más jóvenes sacrifican en favor de la energía inmediata. La introducción lenta, en lugar de ser un trámite, fue un espacio de acumulación genuina. Cuando el Vivace arrancó, el Teatro Monumental ya estaba preparado. El Allegretto, ese movimiento que Beethoven concibió como una procesión entre la oscuridad y la luz, sonó con una gravedad serena que la orquesta sostuvo sin que la tensión decayera en ningún momento. Las cuerdas de la RTVE mostraron aquí una calidad de conjunto que no siempre se les reconoce. El Presto fue un torbellino controlado. El finale, una tormenta que Dudamel desató con un gesto mínimo y que la orquesta acogió con una entrega que pocas veces se ve en una primera colaboración.

Porque eso era esto: una primera colaboración. Una orquesta que no conocía al director y un director que no conocía a la orquesta. Y sin embargo la electricidad fue inmediata, la complicidad se estableció desde el primer ensayo y el resultado tuvo la solidez de una relación construida durante temporadas. Eso es lo que tienen los grandes directores: que no necesitan tiempo para convencer. El Teatro Monumental respondió con una ovación larga y unánime, aplaudiendo sección por sección, reconociendo en cada grupo de músicos una parte del mérito.

La pregunta que quedó flotando en el aire al salir es la misma que se hacen todos los que estuvieron: ¿cuándo vuelve a la Orquesta de la RTVE? Ojalá la respuesta no tarde un año más en llegar. H. Pfeiffer

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