Crítica: Yulianna Avdeeva, Chopin en vena en el Festival Iturbi
Yulianna Avdeeva, Chopin en vena
IV Festival Iturbi. Recital de Yulianna Avdeeva (piano). Obras de Chopin y Spilzmann. Lugar: València, Palau de la Música. Aforo: Alrededor de 1100 espectadores Fecha: 27 junio 2026

Yulianna Avdeeva en el Festival Iturbi de València
Hace ya tiempo que la moscovita Yuliana Avdeeva (1985), anda asentada en el olimpo de los más genuinos y dotados pianistas de la actualidad. Desde que su nombre saltara al estrellato en 2010, cuando ganó y deslumbró en el Concurso Chopin de Varsovia, su nombre no ha dejado de crecer hasta convertirse en la pianista en plenitud que el sábado fascinó en el Festival Iturbi con un programa muy suyo, y que ha rodado por medio mundo. Chopin frente a Władysław Szpilman (1911-2000), compositor del que Avdeeva se ha consagrado como su más fiel y efectiva apóstol.
Por fortuna, la presencia de Avdeeva en España se ha convertido en casi tan frecuente como la de otros colosos del teclado, como sus paisanos Grígori Sokolov o Arcadi Volodos. En València, en concreto, se recuerda bien su debut en el propio Festival Iturbi (2022), y luego, en mayo de 2024, un lírico Concierto de Grieg junto con la Orquestra de València y el gobierno de Pablo González. Siempre, aquí y allá, entonces y hoy, su pianismo llega marcado por el mismo “temperamento ardiente y virtuosismo sensible” que conllevó su definitivo triunfo varsoviano,
El de València ha sido un recital que, como ya ocurrió en 2022, supone un hito dentro de la propia programación del Festival Iturbi. Como el inolvidable pianista valenciano que da nombre, la Avdeeva es dueña de un sonido transparente, timbrado y nítido, en el que todo se escucha y cobra relieve. Algo que casa milimétrica con una expresión diáfana, cantabile y rotunda a un tiempo, en la que el pentagrama parece marcar su propio rumbo, convirtiendo así al intérprete -ella- en servidor y puente entre compositor y público. Y como Iturbi, su virtuosismo fluido, perfecto y jamás exhibicionista arraiga y se ubica en la mejor tradición pianística.
Tras abrir el programa con el díptico de los Nocturnos opus 62 de Chopin, llegó la breve pero fragante y chopiniana Mazurca en fa menor de Spilzamann, que enlazó -por ánimo y tonalidad- con la Fantasía opus 49 de Chopin. El legato perfecto, el aquilatado pedal, el enorme pero medido arco dinámico y el latido interno de la música, flexible y recio a un tiempo (la Avdeeva domina como pocos el arte sutil del rubato), sellaron pauta y criterio en ambas piezas.

Imagen del concierto
Luego llegó esa maravilla que es la suite La vida de las máquinas, que Spilzmann firma en 1933 y de la que la Avdeeva se ha convertido en ideal intérprete. Apenas seis minutos cargados de vitalidad, nervio y refinamiento, coronados por una vertiginosa Toccatina que la Avdeeva convirtió en el mejor preámbulo al Andante spianato y Gran Polonesa brillante de Chopin que cerró la primera parte del programa, con la confrontación y complemento del lirismo efusivo del Andante spianato y el pulso firme, brillante y popular de la polonesa.
La segunda parte estuvo integrada exclusivamente por los 24 Preludios de Chopin, un ciclo perfecto al que Avdeeva otorgó sentido unitario, hilvanando magistralmente cada uno de ellos con el resto del conjunto. Los tiempos, respiraciones o attacca que, según el caso, estableció entre preludio y preludio fueron la pauta de una interpretación tan plural, diversa y precisa como la misma partitura.
Cada preludio tuvo su mundo y universo sonoro, integrado en un retablo sonoro pleno de diversidad y sentido. Desde los preludios lentos -como el segundo, cuarto o veinte- a los más tempestuosos y vivaces -catorce, dieciséis, dieciocho, veintidós o veinticuatro-, todo se sucedió en un pianismo perfecto y extremo. El aire de mazurca del séptimo o el sentido pastoral de decimoséptimo, frente a las turbulencias en modo menor del 8, 18, 22 o 24.
En medio, el preludio “Gota de agua” (número 15), con su melodiosa primera parte y dramática sección central, se antojó equilibrador fiel, síntesis y punto de encuentro. El éxito, como no podía ser de otro modo, inmenso. En él se notaba el recuerdo y afecto de las anteriores visitas. Un nocturno -el póstumo, en do sostenido menor- y un vals sellaron la tarde con aromas chopinianos. ¡Hasta pronto, maestra!

























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