Critica: “Grande Messe des Morts, op.5”, de Hector Berlioz ¡Cum Laude!
CRÍTICA – QUINCENA MUSICAL
GRANDE MESSE DES MORTS, OP. 5, DE HECTOR BERLIOZ
¡CUM LAUDE!
San Sebastián. Auditorio Kursaal. 19.VIII.2026. Grande messe des morts, op. 5, de Hector Berlioz. John Matthew Myers (tenor). Orfeón Donostiarra (director: Txomin Maidagan). Coro Easo (director: Gorka Miranda). Euskadiko Orkestra y Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Erik Nielsen (director musical / maestro concertador).

Concierto Messe des Morts @Iker Azurmendi
En 1837 Hector Berlioz, que no era hombre de Fe, recibió el encargo del Ministro del Interior francés Adrien de Gasparin, a través de un hijo de éste, gran amigo del compositor, para componer una misa de difuntos, o sea un requiem, ajustando un precio de 3000 francos de entonces que luego se lo regatearon ofreciéndole la dádiva de una cruz (ya reinaba entonces la idiocia en la política) y, a la vista del escándalo que iba a formarse, el gobierno de Luis Felipe I optó por dar cumplimiento al contrato.
Su estreno el 5 de diciembre de 1837 en la parisina iglesia de San Luis de Los Inválidos fue un rotundo éxito, como así ha seguido siendo hasta nuestros días cada vez que se interpreta. La grandilocuencia de esta obra y su implosión anímica al escucharla, hicieron que el dramaturgo Alfred de Vigny escribiera en su Journal d’un poète, en el mismo mes y año, que esa música “es hermosa y extraña, salvaje convulsiva y dolorosa”.
Cuajada en belleza fue la conjunción coral del Orfeón Donostiarra y del Abesbatza Easo, perfectamente embridados en el mismo afán. Desde el Introito y Kyrie del Primer Movimiento quedó perfectamente dibujado el trazo de lo que sería una señera elegancia coral, con un empaste sólido que adquirió plena señorío en las sutilezas suplicantes y majestuosas en el canto del Rex tremendae del Cuarto Movimiento. Cuando los coralistas cantaron a capella el Quaerens me apianando el sonido, con modulaciones perfectamente compensadas, tal y como requiere el Quinto Movimiento, el grado de intimismo para quien lo escucha propicia un hermoso clímax de emotividad.
Sorprendente la textura fonal de joven tenor californiano John Matthew Myers, a quien ya se ha que seguir la pista de sus futuros eventos. Su voz es de netamente de lirico, apareciendo en su registro central almíbares más pesantes de spinto tal como así se pudo apreciar en su solo de Sanctus del Noveno Movimiento, donde las voces femeninas hicieron la sutileza de un edulcorante contracanto, amén de las sedantes notas, largas y tensas, de las cuatro flautas.
¡Qué gusto disfrutar de un maestro concertador de verdad! y máxime con esta grandiosidad de obra, cuajada de poderosas complejidades. Erik Nielsen llevó en su batuta la medida exacta y los tiempos perfectos de todo el gran orgánico orquestal, dando el protagonismo a cada una de las secciones, como fue la de viento metal (tanto en el escenario como en las colocaciones fuera del mismo) creando un soberbio efecto envolvente de grandeza, cual fue el caso del Sexto Movimiento, en 9/8 y en modo sonata, con el tronante apoyo de la percusión. Al protagonismo que Berlioz otorga a la cuerda grave (violonchelos y contrabajos) Nielsen le sacó chismas de serenidad en el Tercer Movimiento. ¡Qué elegante forma de crear sutilezas!
Coro, orquesta, tenor y batuta conformaron una grandiosa tesis doctoral en la construcción del arte de la musa Euterpe, alcanzando un irrefutable cum laude.
¿Qué pasa en el Orfeón Donostiarra para que su director titular, José Antonio Sáinz Alfaro, haya sido sustituido en esta ocasión -y en otras anteriores- por el joven barítono y director guipuzcoano Txomin Maidagan Ruiz, de tan solo 22 años? ¿Se augura cambio?
Usted también responde, cuando su esposa, novia o amiga íntima le pide algo: ¡Si Mi Sol! Manuel Cabrera



















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