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messe des morts quincena 2026Critica: "Grande Messe des Morts, op.5", de Hector Berlioz ¡Cum Laude!
Por Publicado el: 24/08/2026Categorías: En vivo

Critica: Sir John Eliot Gardiner, un mago en el podio del Kursaal

Un mago en el podio del Kursaal

Quincena Musical. The Constellation Choir & Orchestra. Sir John Eliot Gardiner, director. Hilary Cronin, soprano. Sam Cobb, soprano. Jonathan Hanley, tenor. “Schicksalslied” op.54 (Canción del Destino), de Johanes Brahms y la Sinfonía nº 2 en Si bemol mayor, op. 52, “Lobgesang” (Canto de alabanza) de Felix Mendelssohn. Auditorio Kursaal. San Sebastián. 22-VIII-2026.

CRÍTICA – QUINCENA MUSICALSIR JOHN ELIOT GARDINER THE CONSTELLATION CHOIR & ORCHESTRA UN MAGO EN EL PODIO San Sebastián. Auditorio Kursaal. 22-VIII-2026. The Constellation Choir & Orchestra. Sir John Eliot Gardiner, director. Hilary Cronin, soprano. Sam Cobb, soprano. Jonathan Hanley, tenor. “Schicksalslied” op.54 (Canción del Destino), de Johanes Brahms y la Sinfonía nº 2 en Si bemol mayor, op. 52, “Lobgesang” (Canto de alabanza) de Felix Mendelssohn.

Sir John Eliot Gardiner

Cuando en el verano 1868 Johanes Brahms estaba ‘buceando’ en la biblioteca de su amigo músico Albert Dietrich, se encontró, casi de sopetón, con el fragmento “Hyperions Schicksalslied” perteneciente a la novela epistolar ‘Hyperion oder Der Eremit in Griechenland(Hyperion o el eremita griego) del poeta alemán Friedrich Hölderlin, y halló el combustible emocional necesario como edificio de esta pieza musical, para coro, voces solistas y orquesta, que es Schicksalslied, en tres movimientos, que constituye una de sus más importantes obras corales, en la que se idealiza una batalla espiritual entre la alegría de lo divino y la tristeza de lo humano. 

En los quince minutos de duración de esta obra quedó patente como el idealismo conceptual de la armónica melodía que Brahms destila sobre el pentagrama es asumido en su totalidad, cual absorción mágica, a través del genio que estaba subido al podio, el britano taumaturgo nacido el 23 de abril de 1943, Sir John Eliot Gardiner. Para ello contó con una soberbia orquesta historicista, casi camerística, donde el coro de treinta y tres miembros sublimó las sutilezas de un canto mimado en todas sus intensidades, como fue el caso del Allegro que constituye el Segundo Movimiento, en Do menor, ‘Doch uns ist gegeben’. Dos flautas de pico y dos trompas sin pistones, rindieron señorío sonoro al Adagio, cual postludio orquestal, que constituye el movimiento postrero.

Dedicada al rey Federico Augusto II de Sajonia y para conmemorar los cuatrocientos años de la invención de la imprenta de tipos móviles por el orfebre alemán Johanes Gutenberg, en los primeros días de 1840 Felix Mendellsohn inició la composición de la Sinfonía nº 2 en Si bemol mayor, op. 52, ‘Lobgesang’ que el propio compositor concibió como “una sinfonía-cantata, sobre palabras de la Sagrada Biblia, para solistas, coro y orquesta”, en tres movimientos. Su estreno tuvo lugar en la bachiana iglesia luterana de Santo Tomás de Leipzig.

El tronante sonido de los tres trombones, puestos en pie, fue la espoleta que inició esta obra con el Maestoso con moto – allegro, en Si bemol mayor, que conforma el Primer Movimiento. El ambiente de festividad creado por la orquesta estuvo siempre modulado desde la batuta, cual precisión suiza, donde el coro y la soprano solista Hilary Cronin fueron la benéfica base del canto oranteAlles was Odem hat, lobe den Herm(Todo lo que respira alabe al Señor). 

El dúo Ich harrete des Herm” de las dos sopranos situadas entre las trompas y los violines primeros, con el coro haciéndoles el contracanto, fue uno de los momentos de mayor belleza de cuanta encierra esta obra. El mismo mérito tuvo la sutileza romántica del aria Hüter , ist die Nach bald hin? en la que el tenor Jonathan Hanley mostró la elegancia de una íntima expresividad. El clímax sonoro llegó al final de la cantata con la jubilosa fuga coral  Ihr Völker! bringet her dem Herm Ehre und Macht (¡Oh naciones, dad gloria al Señor y engrandecerle!) llegando el cierre con los tres trombones reiterando su tema del comienzo.

Y Sir John Eliot, que llegó a San Sebastián de la mano de humanista Alfonso Aijón, a través de esa grandeza artística que es Ibermúsica, terminó su lección de magia haciéndonos el regalo, ya fuera de programa, de la obra ‘Geistliches Lied Op. 30’, de Johanes Brahms, compuesta en 1856 para coro y piano, que en esta ocasión tuvo la traslación de las 82 teclas a la sección de cuerda, donde las voces y los instrumentos derramaron aromas mejores que el más acreditado perfume parisino. 

El respetable -cual juez supremo siempre- gritó, silbó (es la moda), braveó y aclamó con fuertes aplausos, la elegancia de unas voces, el rigor de unos músicos y la sabiduría de un mago de 83 años creando arte.

“Mientras dure la música, creeremos en el libre albedrío, esa ilusión de cada instante”. Jorge Luis Borges  

Manuel Cabrera

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