Critica: Adra, Zarzuela para un cumpleaños con la OCAL y Michael Thomas
Adra: Zarzuela para un cumpleaños
Adra. Auditorio del Centro Cultural, 27 de septiembre de 2026. Gala de Zarzuela. Orquesta Ciudad de Almería. Soprano: Carmen Larios. Tenor: Juan de Dios Mateos. Bailarines: Inés de Inés y Alejandro de Haro. Presentador: Javiér Sánchez-Rivas. Director: Michael Thomas.

(Fotografía: Federico Mantecón)
Los primeros veinticinco años de edad de la Orquesta Ciudad de Almería (OCAL) han servido para que, con la financiación conjunta de Cajamar y de la Diputación Provincial de Almería, se haya desarrollado una gira de siete conciertos por diferentes localidades almerienses, el ´último de los cuales tuvo lugar en el espléndido auditorio de Adra con una considerable y entusiasta respuesta del público.
Hizo de presentador e hilo conductor entre los bloques del programa Javier Sánchez-Rivas, director de la Compañía Sevillana de Zarzuela y excelente actor cómico y cantante que, en este caso, hilvanó con fluidez y humor los diversos fragmentos de esta gala conmemorativa. La soprano almeriense Carmen Larios posee un instrumento lleno de brillo, con un timbre penetrante y esmaltado a la perfección. Controla el fiato de manera magistral, con largas frases finales reguladas al milímetro sin vacilaciones. Se le entiende todo lo que canta (cosa poco normal en su cuerda) y lo que canta lo hace con cuidado extremo en el fraseo. Ya desde su aparición con “No corté más que una rosa” se notó su esmero en hilar las frases con delicadeza extrema y lirismo puesto en evidencia. Pero ello no le privó de exhibir sus dotes técnicas y el gracejo de su decir en las famosas carceleras de “Las hijas del Zebedeo”, con dejes andaluces; y también en “Me llaman la primorosa”, con amplio despliegue de coloraturas y ascensos vertiginosos hacia el MI bemol. Fue especialmente delicioso su dúo con el tenor “Caballero del alto plumero”, donde combinaba picardía y elegancia por partes iguales.
El también almeriense Juan de Dios Mateos es posiblemente el mejor tenor rossiniano y belcantista español del momento, como lo avala su estrecha agenda internacional. Voz de lírico-ligero, ligeramente acornetada, con una proyección perfecta y sin rasgos nasales, lo que le permite ascensos brillantes en la escala y que sus agudos se abran con brillo cada vez mayor conforme ascienden hacia el Si bemol. No hay saltos en el paso de registros y domina a la perfección la línea cantabile que hace del legato y de la elegancia en los ataques su ley suprema. Con tales armas se llevó a su terreno momentos tan conocidos como “Por el humo se sabe dónde está el fuego”, “De este apacible rincón de Madrid” (con su punto de bravura en los pasajes centrales) o “No puede ser”, evitando los excesos veristas habituales en otras voces y mostrándonos las nuevas facetas de estas piezas abordadas desde una estética belcantista, como ya nos enseñase en su momento Alfredo Kraus. Estuvo especialmente espléndido en el dúo de Luisa Fernanda ya mencionado, con una soberbia exquisitez en el fraseo.
Para algunos pasajes orquestales como los del díptico de Luis Alonso o el fandango de Doña Francisquita se contó con estupendos bailarines, más de danza española Inés de Inés, más de danza clásica Alejandro de Haro, que sacaron oro del reducido espacio en el que se movían, tanto a solo como en pas de deux. Michael Thomás hizo que la OCAL sonase con empaste y brillo en todas las secciones, destacándose especialmente las intervenciones de maderas y metales. Pero, por ejemplo, el acompañamiento de las cuerdas en la sección central de “No puede ser” fue de una delicadeza extremada. Thomas mostró dominar todos los recursos estéticos de la zarzuela, especialmente en lo referente a los ritmos y el equilibrio (no siempre fácil) con las voces. Momentos como el preludio de El tambor de granaderos, los intermedios de Luis Alonso o, sobre todo, el fandango (subrayando aquí con especial relieve el desarrollo del ostinato) levantaron de sus asientos a los oyentes, que arrancaron dos brillantes bises: el pasodoble España Cañí de Pascual Marquina y el famoso dúo de El Gato Montés de Manuel Penella. Fue un sorprendente “¡Cumpleaños feliz!” Andrés Moreno Mengíbar






















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