Critica: “La vie profonde de Saint François d’Assise”, inolvidable poema de amor en el Kursaal
CRÍTICA – LA VIE PROFONDE DE SAINT FRANÇOIS D’ASSISE – AITA DONOSTIA
¡ INOLVIDABLE POEMA DE AMOR !
Auditorio Kursaal, San Sebastián. Ilustrations musicales pour La Vie Profonde de Saint François d’Assise, de José Gonzalo Zulaica Arregui (Padre Donostia ó Aita Donostia). Annie Dutoit-Argerich, actriz. Luken Munguira, tenor. Easo y Easo Gazte, coros (director, Gorka Miranda). Fernando Bernués, director de escena. David Ferre, director de dramaturgia. Ernest Martínez Izquierdo, director musical – maestro concertador. Euskadiko Orkestra. 6 de noviembre de 2026.

Zulaica Arregui
Sesenta y dos minutos ha sido el tiempo en que se ha reducido la interpretación de la magna obra del franciscano capuchino José Gonzalo Zulaica Arregui (1886-1956) cuya duración original es de cuatro horas y quince minutos, como así tuvo lugar en el estreno parisino de 1926.
El autor de tal castración, significada con el eufemismo de ‘versión’, ha sido el pianista Yosu Okiqueña, que ha aquilatado su trabajo a la simpleza de 25 ilustraciones musicales, enmarcadas en cinco cuadros. Es una verdadera pena que el encomiable propósito de la Euskadiko Orkestra no haya sido consultado con Teresa Zulaica Arsuaga, sobrina carnal del compositor, doctora en piano, sublime conocedora y editora de toda la obra del fraile del capuz.
La obra, con textos escritos en francés, fue propuesta al poeta y dramaturgo Henri Ghéon, quien había retornado al catolicismo durante la Primera Guerra Mundial, concretamente en 1915. Músico y bardo, con identidades éticas similares, crean este maravilloso poema de amor, con el fin de conmemorar el séptimo aniversario del fallecimiento de Francesco d’Assisi, de nombre secular Giovanni di Pietro di Bernardone.
El resultado del empeño, por parte de la orquesta vasca, ya idealizado hace tiempo por su director General, Roberto Ugarte Alvarado, ha dado, a la luz de cuanto se escuchó y vio en el concierto que en estas líneas se valora, un maravilloso fruto, lleno de fuerza, color y espectacularidad. ¡Todo un éxito!

El Kursaal
En este indiscutible acierto cada una de las partes intervinientes constituyó en elemento fundamental para que resplandeciese en todo su fulgor la genialidad de esta obra musical. En ella Aita Donostia vierte, en mágicas pinceladas, todo su saber sobre la composición gregorianista; asombra su dignidad en la sabiduría sobre la instrumentalización orquestal; alumbra con el gozo de su espiritualidad; y emociona con la sutileza de su música arropando con mimo los textos de Henri Ghéon.
La aportación del Coro Easo en las voces de mayores y de jóvenes fue de una pureza exquisita, tanto en el canto vocalizado como en el muy complejo de a boca cerrada, con empastes nacáreos en una urdimbre donde cada individualidad era en sí un todo. Deliciosa la voz de la joven soprano Marta Olmedo en su breve intervención. Merece la pena destacar que entre las voces corales se encontraba la de afamada violagambista Elena Martinez de Murguía, familiar del Padre Donostia.
La narrativa -recitada- de los textos, en la lengua de Molière, estuvo a cargo de la actriz francesa Annie Dutoit-Argerich quien embridó su voz en una permanente ternura para desgranar la vida de san Francisco de Asís. El joven tenor donostiarra Luken Munguira (mimado por Eduardo López Banzo, alma mater de Al Ayre Español), en su iniciática intervención, dejó ver todas las buenas luces que le alumbran.
El escenario del auditorio fue acunado con elegancia y sutileza convirtiendo el concierto en un hermoso y sugerente espectáculo, gracias el refinado juego de luces (con las propias de cada atril) y las proyecciones de las cuatro cámaras sobre el fondo de la caja escénica de las intervenciones en vivo de músicos, cantantes y narradora. Todo ello gracias a la magnífica labor de David Ferré y Fernando Bernués.
La batuta de Ernest Martínez Izquierdo que, curiosamente, estaba sostenida por su mano izquierda, llevó a cabo una concertación musical plena en aciertos, modulando los tiempos en un fluir constante, sin brusquedad alguna, sobre un pentagrama complejo, lleno de matices que supo hacer fluir a la Euskadiko Orkestra que dejó patentes los hermosos mimbres en que está tejida. Es de esperar que pronto tenga ya un director estable, que le dé el adecuado marchamo que todas sus secciones tienen y necesitan.
“La música es humanidad pura”. Kent Nagano.























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