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Por Publicado el: 04/08/2020Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

El año en que Plácido vivió peligrosamente

El año en que Plácido vivió peligrosamente

Ha pasado sólo un año, pero parecen haber sido muchos más. Tanto y tanto hemos vivido lo que para muchos, pero especialmente para Plácido Domingo, será recordado como “El año en que vivimos peligrosamente”.

El 4 de agosto de 2019, hace justo un año, cenaba con Plácido Domingo en la Piazza Bra de la Arena tras el espectáculo en homenaje a los 50 años de su debut -también el de Piero Faggioni y el mío propio- en Verona. Cena multitudinaria, pero con algún personaje muy nervioso porque ya debía conocer la tormenta que se barruntaba y que estallaría tan sólo una semana más tarde. Alessandro Ariosi se acercó con su esposa y socia en su agencia artística pretendiendo que Faggioni desapareciera para hablar a solas conmigo sobre las noticias publicadas en la prensa italiana y recogidas por La Razón respecto a supuestas irregularidades en su relación con diversos teatros italianos. Ni el célebre regista, que naturalmente no se levantó, ni yo podíamos entender tal actitud. Una semana después pensé que él,  amigo y estrecho colaborador de Plácido, debía estar ya al tanto de las acusaciones de acoso que sobre el tenor llegarían por parte de la agencia americana Associated Press. También, obviamente, de su propio problema, ahora, según la prensa italiana, en investigación por la Prefectura y discutiéndose en el Parlamento. Nueve mujeres, que posteriormente sumarían hasta 44 -¡ni Don Giovanni!- habrían acusado a Plácido Domingo de acoso sexual o comportamiento sexual inapropiado. Los hechos se remontarían a los años ochenta, treinta años antes. Sólo aparecía uno de sus nombres, el de la mezzosoprano Patricia Wulf. El mes pasado surgió en la RAI (“La Barcaccia”) la voz de la soprano uruguaya Luz del Alba Rubio como otra supuesta acusada, no dejando clara la diferencia entre “acoso”, “galantería” o “insistencia exagerada”. Plácido, como otras grandes figuras de nuestra sociedad, ha suscitado admiración, incluso enamoramientos y habrá sido sin duda un seductor, pero también se le han acercado muchas personas con la intención de hacer carrera a través de él, estando dispuestas a “lo que fuera” para ello. Así es la vida y todos lo sabemos.

Plácido sufrió la pena del telediario y la pregunta del verano fue: ¿Qué opinas de lo de Plácido? Respuestas para todos los gustos.

Plácido Domingo

En septiembre, tras los ensayos para “Macbeth”, Plácido Domingo cancelaba sine die todas sus actuaciones futuras en el Met. Había mucho temor a que en la premier se organizase una protesta que perjudicase, no ya a Plácido, sino a sus compañeros y, en definitiva, al Met. De aquí la decisión consensuada por artista y teatro. Había recibido los apoyos de compañeros de reparto como la propia Anna Netrebko, que en su popularísimo y nada cohibido Instagram declaró que sentía que era un honor volver a trabajar con Plácido. Incluso había recibido el apoyo expreso del Peter Gelb, el director de la institución. Pero Estados Unidos es Estados Unidos. Frente a estos apoyos estuvieron parte de los empleados del Met, coro y orquesta incluidos, con afirmaciones a los medios con palabras muy gruesas, tales como “Me dan náuseas solo de verle encima del escenario”. El ambiente dentro del teatro se había vuelto muy enrarecido, pero también arriba de él. Porque arriba de él están quienes mantienen el teatro, millonarios que ponen su dinero para que abra sus puertas a diario, pertenecientes a una sociedad hipócritamente puritana. El #MeToo se ha apoderado de esa sociedad que es capaz de las mayores atrocidades con tal que nunca se sepa que suceden.

Poco después anunció su dimisión como director general de la Ópera de Los Ángeles y, tras las reacciones de la Orquesta De Filadelfia y la Ópera de San Francisco, su adiós a la ópera en EEUU.

Las cosas podrían haber tomado otro rumbo si el artista hubiera estado bien aconsejado, pero emitió un par de comunicados desastrosos. Por mala traducción al inglés o por lo que fuera En febrero 2020 Plácido Domingo pidió perdón por el dolor causado y asumió toda responsabilidad ante las denuncias de acoso. El sindicato de la ópera de Estados Unidos investigó si  Plácido Domingo acosó o abusó de su poder con 27 mujeres. Plácido Domingo, que en un principio negó los hechos, declaró “ahora entiendo que alguna de esas mujeres pudiera tener miedo a expresarse honestamente porque les preocupaba que sus carreras se vieran afectadas. Aunque no fue mi intención, nunca nadie debería sentirse de esa forma”. Domingo aseguró que pensó que sus interacciones o relaciones “siempre fueron bienvenidas y consensuadas” y que nunca “haría daño, ofendería o avergonzaría a nadie de forma intencionada”. “Reconozco que las reglas y los estándares por los cuales somos y deberíamos ser medidos hoy son muy distintos de que eran en el pasado”, continúa, “me apegaré a los más altos estándares”. Así, a esta disculpa, el cantante suma su compromiso por llevar a cabo un cambio en la industria de la ópera: “Mi ferviente deseo es que esto resulte en un espacio más seguro para trabajar y espero que mi ejemplo empuje a otros a seguir mis pasos”.

Plácido Domingo, al parecer, llegó a un acuerdo con el Sindicato de Músicos de EEUU en marzo donando $500.000 a AGMA Relief Fund, una organización independiente del sindicato, a fin de ayudar a los miembros en crisis y a erradicar las conductas de acoso sexual. Como consecuencia desaparecerían todos los cargos disciplinarios contra el tenor.

Recientemente, la investigación la Ópera de Los Ángeles concluyó que las denuncias presentadas contra él eran simplemente “creíbles”. No hubo jamás una denuncia en los juzgados, pero se le vituperó, se le negó la presunción de inocencia y desapareció el “in dubio, pro reo”. De poco sirvieron los manifiestos a su favor de Eugene Kohn, Anna Tomowa-Sintow, Raina Kabaivanska, Violeta Urmana, Verónica Villarroel, Yelena Kurdina, Stefan Tanzer, Anna Pirozzi, Saioa Hernández, María José Siri, Yusif Eyvazov, Anna Netrebko, etc.

Temeroso, canceló Tokio, pero Europa fue menos hipócrita desde la declaración inicial de Helga Rabl-Stadler, presidenta del Festival de Salzburgo y pudo continuar actuando o dirigiendo hasta la llegada de la pandemia.

Se contagió del coronavirus en una cena en Méjico y estuvo ingresado para recuperarse en su casa de Acapulco a partir de marzo. Seguro que también para meditar.

Este verano debería volver a Verona y declaraba la Corriere della Sera: “Para mí, que he tenido la fortuna de vivir 50 mágicos años de conciertos, la vuelta al escenario del Arena en este momento histórico tiene una tremenda carga emocional que diferencia este concierto del resto. La felicidad de volver a cantar y hacer música se unirá al profundo respeto por aquellos que han luchado y sufrido por este virus y por aquellos que ya no están”. Plácido Domingo, Saioa Hernández, Sonya Yoncheva y Antonio Pappano lideran la programación de verano del Palacio Real de Caserta; Netrebko, Kaufmann y Plácido Domingo figuran en la temporada 20/21 de la Ópera de Viena…

Tras el escarnio y la lapidación, que ha sufrido Plácido Domingo, las acusaciones nunca acreditadas en sede judicial, no han quedado demostradas con la suficiente garantía. Consiguientemente, si no hay avales que preconicen tal verdad, la presunción de inocencia ha de prevalecer, por encima de cualquier otra, para quienes creemos en la dignidad del ser humano y en su legítimo derecho de defensa. Pero, además, ¿cómo es posible que una cuestión de moralidad, sin pruebas definitivas y sin juicio,  impida trabajar a un artista, cuando no se lo impide a un representante electo aún estando investigado?

Austria parece haberse dado cuenta al entregarle, justo al año de empezar su calvario, el Premio de Teatro y Música. Quizá otros sigan sus pasos. Y haría bien en seguirlos nuestro inefable ministro de cultura. Gonzalo Alonso

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