Asier Polo y Eldar Nebolsin protagonizan una velada brahmsiana en el Liceo de Cámara XXI
El violonchelista Asier Polo y el pianista Eldar Nebolsin se unen en el Auditorio Nacional de Música para ofrecer un programa dedicado a Brahms dentro del ciclo Liceo de Cámara XXI, organizado por el CNDM. El concierto, que tendrá lugar este jueves 15 de enero de 2026 en la Sala de Cámara, recorrerá dos de las grandes sonatas para violonchelo y piano del compositor alemán junto a una selección de sus más intensos lieder.

Asier Polo
El ciclo Liceo de Cámara XXI del CNDM acoge este jueves 15 de enero de 2026, a las 19:30 horas, una de las citas camerísticas más atractivas de la temporada en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música de Madrid. El violonchelista Asier Polo y el pianista Eldar Nebolsin se reúnen para ofrecer un programa monográfico dedicado a Johannes Brahms, una de las figuras esenciales del Romanticismo musical alemán.
El concierto propone un recorrido por distintas etapas creativas del compositor alemán, poniendo de relieve la profundidad expresiva, la riqueza estructural y el lirismo característicos de su escritura camerística. Abrirá la velada la Sonata para violonchelo y piano nº 1 en mi menor, op. 38, compuesta entre 1862 y 1865, una obra de marcado carácter introspectivo, donde Brahms rinde homenaje al legado de Bach y despliega una escritura densa y equilibrada entre ambos instrumentos.
A continuación, el programa se adentra en el universo vocal de Brahms con dos piezas pertenecientes a los Vier Gesänge, op. 43: Von ewiger Liebe y Die Mainacht. Estas canciones, interpretadas en versión instrumental, condensan la esencia del romanticismo brahmsiano, con melodías cargadas de emoción contenida y una atmósfera poética que dialoga de manera natural con el lenguaje camerístico del compositor.
La segunda parte del concierto estará dedicada a la Sonata para violonchelo y piano nº 2 en fa mayor, op. 99, escrita en 1886, una obra de plena madurez en la que Brahms amplía el espectro expresivo del violonchelo y exige al pianista un papel de gran virtuosismo y densidad sonora. Más expansiva y luminosa que la primera sonata, esta partitura combina ímpetu, lirismo y una arquitectura musical de gran complejidad.























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