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Arteta reaparece triunfando
Dialogos de Besugos de 2003
Por Publicado el: 08/04/2004Categorías: Diálogos de besugos

Comentario de Beckmesser

O de cómo descubrir que un crítico de música parece no tener pajolera idea ni lo que es un adagio ni lo que es un rondó. Ni tampoco lo que la polifonía. Leed con atención el párrafo rojo de la crítica al estreno de Halffter en Salzburgo y regocijaros. Juzgad vosotros mismos. Esto puede pasar -que mal está- en un periódico de tercera, pero no en el primero del país. Es la anécdota más comentada del verano entre sus compañeros críticos serios.
Cálida acogida a Cristóbal Halffter en Salzburgo
… Cristóbal Halffter (1930) ha sido durante 24 mágicas horas la imagen musical de España en el mundo. Musical, e incluso cultural. Su fotografía y la primera página de su nueva partitura estaban en un lugar de honor en los cotizados escaparates salzburgueses de la editora Universal de Viena, junto a otras de Berio, Boulez, Rihm y Stockhausen. La librería Höllrighl, la más emblemática de la ciudad, colocó también, en su vitrina más preciada, una bandera española, con una selección de libros de Pérez-Reverte, Maruja Torres, Carme Riera, Ángeles Caso, Rosa Montero, Marcela Serrano y Alicia Giménez, entre otros. En idioma original, además. No es que la presencia de españoles en Salzburgo sea mayoritaria -un 0,9% del total de espectadores-, pero se respira estos días una actitud especialmente comprensiva hacia todo lo que viene de España. Halffter en funciones de compositor-embajador ha vivido con intimidad con su familia más directa una de las noches más hermosas de toda su carrera profesional. Ningún responsable institucional, ni siquiera del Ministerio de Cultura, se ha desplazado a Salzburgo para acompañarle en un día tan significativo. ¿Indiferencia? ¿Desprecio hacia la creación musical? De verdad, no lo entiendo.
Peter Ruzicka, director del Festival de Salzburgo, ha vuelto a demostrar (como hace años en la Bienal de Múnich encargando una ópera a Mauricio Sotelo) su conocimiento de los compositores españoles demandando un título orquestal a Cristóbal Halffter, que se mueve como pez en el agua -sin ataduras, sin condicionamientos- en el territorio sinfónico. Su obra presentada en Salzburgo es magnífica y participa del juego formal entre un adagio permanente, que tiene algo de lamento o de planto por las víctimas de la violencia (la obra es una respuesta en música a los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York), y un rondó que aparece y desaparece, nada caprichosamente, para crear atractivos y sugerentes contrastes. La intensidad emotiva de la cuerda de la Filarmónica de Viena es determinante en el proceso de fascinación. Las líneas melódicas se superponen en una sensación compacta de sonido envolvente y, en cierto modo, polifónico. El lenguaje de Halffter es comunicativo a su manera, dentro de un cosmopolitismo refinado y complejo. El carácter reflexivo, meditativo, se impone al margen de la anécdota.
Decía Danilo Kis en 1985 que «la realidad hay que deformarla, retorcerla un poco, para descubrir nuevas dimensiones de tiempo y de espacio». Halffter, más que descubrir nuevas dimensiones, las crea desde el pensamiento sonoro. Sus utopías no sé si serán alcanzables, pero al menos son necesarias en estos tiempos de incertidumbres y contradicciones….
J. Á. Vela del Campo (El País, 6/08/2003)
Lean y vean lo que no son críticas musicales sino «otra cosa» y alguna de alucinar. Se habla de todo menos de música y, obviamente, será por algo.
Cierto aire cosmopolita
Las puestas en escena nunca son inocentes, y mucho menos las de los pianistas. La aparición de Jean-Yves Thibaudet ayer en el Auditorio fue, hasta cierto punto, reveladora: chaqueta de cuero, hebillas doradas en los zapatos, andares decididos, un toque elegante a lo Nacho Duato. Daba pistas sobre por dónde podían ir los tiros. El pianista francés cuida (y mucho) su imagen, y no solamente en Madrid….
….Tiene Jean-Yves Thibaudet un aire cosmopolita, de aire moderno. Es joven (Lyon, 1961), inquieto y, a pesar de los pesares, no excesivamente carismático. Todo se andará. La presentación madrileña en un recital solitario era, como mínimo oportuno, para desvelar si su fama se corresponde con la realidad. Digamos, de entrada, que no defraudó. Más aún: acabó en clima totalmente triunfal.
Vayamos por partes. Su Chopin fue variado y ligero: dos nocturnos, dos estudios, dos valses. Trató de distanciarse tanto de los tópicos románticos asociados al compositor, que al final su lectura resultó distante. En Liszt fueron las cosas mucho mejor. La actitud cantabile del pianista le alejó de los excesos. El fraseo fue de una enorme transparencia. Jean-Yves Thibaudet demostró su dominio técnico. Y así Liszt, en su fragmento para «después de una lectura de Dante», llegó a la sala con una musicalidad admirable. Sin gangas, sin atropellos.
Los Estudios, de Debussy fueron como un cóctel de aperitivo. Un cóctel, en cualquier caso, más cercano a un Bellini a la manera del Harrys Bar de Venecia, que a un whisky sour a lo Horcher. Los platos fuertes estaban por llegar: un excepcional Erik Satie y un apabullante Olivier Messiaen. El pianista desplegaba todas sus armas: naturalidad, ausencia de prejuicios, limpieza, swing, equilibrio entre sonidos y silencios, embrujo.
Llegaron las propinas. Y en un pianista tan cuidadoso como Jean-Yves Thibaudet no fueron casuales, sino complementarias al espíritu del recital. …
…. ¿Un pianista francés? ¿Un pianista posmoderno? No lo sé. En cualquier caso, un pianista diferente. Con desparpajo, con vitalidad. Cosmopolita. Vela del Campo (El País 28/01/2003)
La mirada inocente y la nieve
Con la nieve llegó Bach. Por fuera y por dentro. Los copos caían en la calle y un torrente de música blanca refrescaba las mentes. Bach, de nuevo….
….No entro en la polémica de si se deben interpretar estas obras con instrumentos de época o con piano moderno. Lo importante es que se hagan bien. Schiff razona su preferencia por el piano en el programa de mano. Me inquietan más sus afirmaciones de las reticencias de muchos pianistas para convivir cotidianamente con Bach, cuando, como él mismo dice, «la vida de un músico sin Bach es como la vida de un actor sin Shakespeare». La afinidad de Schiff con Bach es evidente. Como recuerda María Gil, el pianista manifestó hace no demasiado que «Bach es el padre, Mozart el hijo y Schubert el espíritu santo». Más claro, agua.
Lo que prevalece de la primera entrega de Schiff es su afán de compartir lo que siente desde un conseguido equilibrio entre las matemáticas y los afectos. En ello tienen mucho que ver sus inclinaciones camerísticas, su gusto por los formatos intimistas. Pero en Bach no se puede prescindir de la arquitectura, de las simetrías, de la abstracción. Schiff, desde luego, vuelca su lectura con un pie en la razón pura y, sin embargo, no renuncia a un apasionamiento febril a medio camino entre los estímulos del corazón y la cabeza. La fantasía se circunscribe, en cualquier caso, a los contenidos. La mirada que de todo ello resulta es inocente, como diría Simenon. Vela del Campo (El País, 20/2/2003)
Detrás de la celosía
La última imagen de la tarde, cuando la música se volvía callada y el silencio recuperaba sus dominios, era simbólicamente esclarecedora: un grupo de monjas permanecía de pie detrás de la celosía de clausura. Se vislumbraban parcialmente a través del entrelazado de la madera sus hábitos negros con los cuellos blancos, se presentía en la lejanía la historia de un lugar. Porque la evocación histórica y la atmósfera ambiental del espacio tenían una importancia fundamental. Tomás Luis de Victoria, el mejor músico español de todos los tiempos, había centrado su trabajo, desde 1587 hasta su muerte en 1611, en el marco del Monasterio de las Descalzas, bien como maestro de capilla, como cantor o como organista… …. El Oficio de difuntos, seguramente la obra maestra de Victoria en el periodo final de su vida, está escrito inmediatamente después de la muerte hace cuatro siglos, el 26 de febrero de 1603, de María de Austria. Demasiados fantasmas de la memoria coincidían anteayer en el concierto de las Descalzas. Era imposible no sucumbir a un estado emocional. Las monjitas del fondo refrescaban además con su presencia la imagen del paso del tiempo
Mientras abandonaba la sala escuché decir a un espectador: «Ha sido sobrecogedor». Lo comparto. Tengo la sensación de que los cantantes del Gabrieli Consort también se habían dejado influir por las especialísimas circunstancias ambientales. Están en gira por España con esta obra, de la Filarmónica de Bilbao al Lope de Vega de Sevilla o Santiago de Compostela. La parada madrileña era, en cualquier caso, diferente. Paul McCreesh compartió, en su contención habitual, ese grado de excitación que se mascaba en la sala. Desde la entonación inicial de Taedet animam meam hasta el responsorio final, la música se impuso con un criterio de elevación espiritual, alcanzando quizás su momento más hermoso en Versa est in luctum cithara mea, extraído del libro de Job. Tomás Luis de Victoria volvió a estar en su monasterio. No era un milagro, ¿o sí? Las monjas de detrás de la celosía fueron testigos. Y los privilegiados espectadores que abarrotaban la capilla también. Vela del Campo (27/02/2003)

Con buen pié
La creación de un grupo español especializado en la difusión de la música de nuestros días es, como dice Jorge F. Guerra, director del CDMC, una de las «asignaturas pendientes» de la música en España. Empezó la Academia con buen pie y a ello no es ajeno el trabajo de preparación realizado por Arturo Tamayo, un director de enorme categoría y experiencia en la música de las últimas décadas…
….Se enfrentaron a un estreno mundial de Félix Ibarrondo, Gacela del amigo, sobre una combinación de textos de García Lorca y el compositor. La obra, dedicada a la memoria de Francisco Guerrero, fue expuesta primorosamente. De Guerrero se interpretó asimismo con maestría el Concierto de cámara. En fin, larga vida a esta Academia tan esperanzadora. Vela del Campo (EL País, 21/02/2003)

De nuevo las críticas nos sorprenden y, a mí en especial, me sorprende el oído de Vela del Campo. Lean lo que ha escrito él del «Dove sono» de Barbara Boney y lo que ha escrito Alvaro Guibert. Mi parecer, que coincide con el de una gran cantantes española que ha presenciado y participado en muchas «Bodas», es que no salió mal el «Porgi amor», pero naufragó en el «Dove sono», con muchos nervios, justa de agudos, de fiatos y un punto calante. Y perfecta la opinión de guibert sobre María José Moreno.
Vela del Campo (El País): «Del reparto vocal destacó Barbara Bonney en el papel de la Condesa. Siguiendo con las comparaciones futbolísticas, si Ros era Zidane, Bonney se podría equiparar a Ronaldo. Tenía dos oportunidades; desaprovechó la primera, el aria Porgi amor, y se desquitó en la segunda, Dove sono, llevando a su terreno técnico el aria y haciendo diabluras en el más puro estilo mozartiano»
Guibert (La Razón): «Barbara Bonney (Condesa) cantó un «Porgi, amor» delicioso. Tumbada en la cama, fraseó esas notas divinas con tanta perfección, que la música pareció entrar en chorro al teatro en ese momento. Luego, en el tercer acto, su «Dove sono» brilló algo menos. A María José Moreno le pasó al revés: fue centrándose poco a poco y terminó cuajando una Susana de altísimo nivel»

Ya verán cómo está el patio crítico a través de la historia real que les cuento.
Diálogo público entre dos críticos nada más terminar la primera parte del concierto de Nucci y Raimondi en el Real.
Crítico 1: «¡Haga el favor de hacer menos ruido al pasar las páginas del programa, porque me molesta!»
Crítico 2: «Pues tendré que pasarlas para ver lo que están cantando»
Crítico 1: «Es usted un maleducado»
Crítico 2: «Y usted un cabrón. A mí nadie me ha llamado maleducado en mi vida»
Crítico 1: «No le doy una ostia de milagro. ¡Viejo!»
Crítico 2: «A mí un bigotillo como usted, que no tiene media ostia, no me puede dar una entera»

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