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El Real disparate
El verano musical español
Por Publicado el: 12/09/2013Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

Consideraciones sobre Mortier

A continuación el texto íntegro de Gonzalo Alonso en el Patronato del Teatro Real del 10 de diciembre de 2008, que resulta de especial interés en estos momentos. También los consejos que dio a la Comisión Ejecutiva.

INTERVENCIÓN COMPLETA DE D. GONZALO ALONSO EN REUNIÓN PATRONATO DEL 10 DE DICIEMBRE DE 2008.

El pasado 24 de septiembre tuvo este Patronato un almuerzo informal en el que se intercambiaron impresiones ante una situación delicada causada por la no renovación de los contratos de los directores artístico y musical del teatro y, más que por el fondo de la cuestión, por el método empleado. Dado que los sucesos posteriores se han ido desencadenando con cierto confusionismo, creo que debe quedar constancia de algunas de las cosas entonces dichas y algunas que deseo añadir ahora.

Punto primero: Comparto en el fondo la necesidad de emprender una nueva etapa en la dirección musical del teatro, tal y como he aconsejado en varias ocasiones pasadas, con observaciones que ahora se utilizan por la Comisión Ejecutiva para justificar la decisión y que en su momento no fueron tan bien recibidas. No comparto tanto sin embargo la decisión de no renovar al director artístico, con mucho menos tiempo en el teatro y a quien era necesario haber concedido más plazo para no ya consolidar su proyecto -sus dos primeras temporadas estaban ya contratadas por Emilio Sagi y se limitó a gestionarlas, como ahora tendría que hacer Mortier- sino para conocer y valorar el mismo, pues tan sólo hemos podido vivir una temporada y media de Moral. No comparto en absoluto el método empleado, pero al respecto ya dije en su momento todo lo que tenía que decir y no voy a insistir más sobre el asunto.

Punto segundo: Hemos conocido por la prensa las sucesivas candidaturas sustitutivas de Lissner y Mortier, la de Harding y hasta el falso globo de Dudamel. Muchos nombres de directores musicales o artísticos como si todo fuera cuestión de nombres, pero ningún proyecto. El procedimiento ha sido equivocado. No se ha realizado una reflexión sobre qué es lo que el teatro hace bien, menos bien, regular y mal. No se ha escrito un plan de mejora en el que se refleje el tipo de proyecto que el teatro precisa en estos momentos. Cuando se cambia un director artístico es, bien porque ha fallecido el anterior, como fue el caso de García Navarro –frente a lo que la Ejecutiva ha afirmado públicamente, Cambreleng jamás tuvo competencias artísticas- pero no es el caso actual; bien porque hay desacuerdos personales entre la dirección general y el director artístico, lo que no parece tampoco el caso, dados todos las parabienes recibidos por Moral en la presentación de su sustituto; o bien porque hay desacuerdos en lo profesional. Es decir, se desea un cambio de proyecto artístico. Creo que la mayoría de nosotros desconoce en qué ha fallado el actual -con su 98% de ocupación y un amplio campo para la ópera del siglo XX- y qué se desea cambiar. Y, repito, sólo hemos vivido temporada y media de Moral e incluso desconocemos la programación de la próxima temporada. Una vez definido el proyecto es cuando ha de pensarse en el nombre de aquél con el perfil más adecuado para llevar tal proyecto a buen término. ¿O es que el coche, su marca, modelo, estética y mecánica dan igual y lo que importa es el nombre del chofer? Porque chóferes con nombres valiosos para diferentes coches los había y en abundancia, algunos incluso con predisposición a escuchar.

Punto tercero: ¿Cómo es posible que hace un mes fuese tan importante contratar un director musical de primera línea y ahora no nos haga falta y nos baste con directores para cada título y algunos de ellos un tanto mediocres? Se dijo que era necesario un gran titular para que la orquesta alcanzase la excelencia. ¿Es que ésta ya no interesa? ¿O es que eso valía con Lissner y ya no con Mortier? No voy a insistir ni hurgar más en la herida, pero lo advertí en más de una ocasión: Lissner no vendría a Madrid y utilizaría la oferta para mejorar su renovación en la Scala. Así ha sucedido. El propio Mortier ha declarado en La Razón que, aunque hace unos diez años Elena Salgado estuviese en contacto con él, nadie del Real lo ha hecho ahora hasta el 10 de diciembre pasado, cuando él había dimitido del NYCO y Lissner había dicho que no. ¿Dónde estaríamos ahora si no fuese por la carambola del paro de Mortier?

Punto quinto: ¿es Mortier el candidato que mejor conviene al Real en las actuales circunstancias del teatro? Creo sinceramente que no por varios motivos, en los que lamentablemente no me puedo alargar, pero que resumo y puedo ampliar en cualquier ocasión:

–         Su afición a un repertorio propio de festival o de un segundo teatro de carácter alternativo, así como por puestas en escena un tanto peculiares. Su apuesta por un 35% de ópera contemporánea puede salir muy caro al Real, pues los derechos de autor son muy considerables, como sabe cualquier gestor.

–         Su enfrentamiento o cuanto menos alejamiento de los grandes de la dirección musical, el canto e incluso la escena. Ya se han hecho oír las voces de Domingo, Álvarez, Flórez, Carsen, Mattila, etc, que han llegado a ofrecer a otros teatros las fechas que negociaban con Moral.

–         La mejora del nivel de nuestra orquesta precisa un director musical estable que de verdad trabaje con ella, que determine jubilaciones y despidos, nuevas contrataciones, audiciones, asignaciones de plantillas por títulos acordes con las necesidades del teatro y no las particulares de sus profesores. Varios titulares en Madrid –alguno bastante mediocre- supondrán un caos.

–         Mortier es persona inteligente y, sobre todo, alguien que posiblemente sabe más de teatro que cualquiera de los que estamos en el Patronato, si exceptuamos a Alicia Moreno. El Real ha cambiado mucho desde los tiempos de Arguelles-Sagi y Mortier se va a encontrar con un teatro de “aficionados” en muchas parcelas. Carezco de tiempo para ponerles ejemplos como el de maquillaje, pero sí diré que los convenios colectivos firmados en áreas como la técnica, van a suponer auténticos quebraderos de cabeza a Mortier y por añadidura a la Comisión Ejecutiva.  Y ya advierto, es peligroso seguir el camino que está empezando el Real, de suspender a personal de sus responsabilidades para mantenerlo en nómina perdido por otros lados, camino que con Mortier puede acentuarse y camino que conduce a la situación de teatros tan deficitarios como los italianos.

–         En su inteligente presentación a la prensa, sin duda bien aleccionado por la Ejecutiva, habló primero del canto, luego de la música y sólo en tercer lugar de la escena. Se nos ha dicho que Mortier ya no quiere escándalos pero, señores, “il lupo puó perdere il pelo, ma non el vizio”. Mortier no va a cambiar, pero si cambiase, ¿me quieren decir entonces para qué vamos a contratar a un lobo Mortier que ya no es un lobo sino un cordero que entonces vendría a jubilarse?

–         Seamos además conscientes del grave problema que inducimos en los demás teatros españoles. El Diario Vasco ha publicado el pasado sábado que Mortier va a cobrar en el Real 280.000€ al año, más algunas prebendas. Si la cifra es cierta, hay que decir que es lo que cobraban las tres directores artísticos anteriores del teatro, pero juntos. Además Mortier aterriza de entrada con dos ayudantes. ¿Es que Mortier va a triplicar el número de espectáculos o su calidad? ¿Es que acaso tenemos presupuesto para ello, por muy buenas intenciones que tenga Mortier? ¿Acaso somos más ricos que Nueva York? Me surgen graves inquietudes. Pero vuelvo al principio de este punto. Hasta ahora el sueldo más alto en España era el de Helga Schmidt en Valencia con sus 180.000€, pero por aunar dos puestos en uno, la dirección artística y la intendencia. Me consta que, conocida la cifra ofrecida por Madrid a Mortier, ya hay teatros en donde el personal piensa en solicitar incrementos retributivos. ¿Es la remuneración de Mortier la más adecuada públicamente en los tiempos de ajustes de cinturones que vivimos, lo es de cara a los demás teatros? Y, a su remuneración, habrá que sumar la de la gente que se traiga, que va a ampliar y no sustituir la plantilla del teatro. Sinceramente lamento que estemos siendo calificados en algunos medios internacionales reputados como paletos nuevos ricos.

–         su afición a los déficits públicos. En este sentido, no disponer de firma no impide este déficit, puesto que existen las cartas de compromiso. El coste final de Mortier será su salario y prebendas, los del equipo que añada, los derechos de autor de su repertorio… tantas y tantas cosas que no se si han valorado. Ello puede ser tanto más grave cuando por primera vez en los once años de historia del teatro se van a aprobar para el 2009 unos presupuestos deficitarios.

Punto cuarto: me consta que el nombramiento de los directores musicales y escénicos es competencia de la Comisión Ejecutiva a propuesta de la dirección general tras los cambios de estatutos realizados últimamente. Alguien dijo en una reunión anterior que no se podía dirigir un teatro asambleariamente, Patronato por en medio. Pero, señores, ¿acaso no se acudirá a este Patronato si la experiencia Mortier falla? No sería justo que entonces sí fuésemos lo importantes que ahora no hemos sido. ¿No les parece además absurdo que se recurra a nosotros para aprobar presupuestos sin poder discutir a lo que estos responden o que entre nuestras atribuciones esté la aprobación del inventario de bienes del teatro en vez de su proyecto artístico. Lo digo con toda claridad y lo propongo expresamente: estos estatutos han de cambiarse. Gonzalo Alonso

 

Consideraciones ante la candidatura de Mortier para la Comisión Ejecutiva

Los proyectos que hasta la fecha ha emprendido Mortier no coinciden con el que precisa el Teatro Real y de ahí pueden surgir muchos problemas.

Han sido proyectos basados en un repertorio muy selecto, elitista si se quiere, abordado por directores de escena y orquesta muy ligados a él.

En París, su última y más próxima referencia, no tuvo más remedio que ampliar a un repertorio más tradicional, pero se ha encontrado con rechazo de público –ha descendido la ocupación- a causa, entre otros motivos, de la pobreza de las direcciones musicales y, en parte, escénicas. Cambreling ha aburrido a todo el personal cuando se ha apartado de su especialidad, la música contemporánea.

Su paso por Bruselas, Salzburgo o París ha ido acompañado de déficits económicos que el Real no se podría permitir.

En la actualidad se encuentra muy alejado, incluso peleado, de los grandes directores musicales, de escena e incluso intérpretes, lo que dificultaría las contrataciones de estos para el Real.

Todo ello obliga a contemplar con lupa las condiciones de una eventual contratación. En caso de iniciarse negociaciones, además de las habituales en estos casos, sugeriría:

. El establecimiento de unas bases generales de repertorio que incluyan porcentajes aproximativos para el gran repertorio.

. La firma del documento sobre filosofía y líneas generales de programación presentadas en Patronato por Miguel Muñiz y aprobadas por éste.

. Otra política musical diferente a la que ha empleado en París. Semyon Bychkov es un muy aceptable director para la generalidad del repertorio alemán, aunque no para todo él, y sería muy deseable ligar al equipo a un joven español como Pablo Heras, quien ya trabaja en el teatro. En cambio habría que acordar un nombre adecuado para el repertorio italiano que, si no de primera fila, sí ofrezca garantía indudable de solvencia. He aquí una primera relación por orden alfabético: James Conlon, Mark Elder, Daniele Gatti, Alan Gilbert, Philippe Jordan, Vladimir Jurowsky, Fabio Luisi, Nicola Luisotti, Tugan Sokhiev, Simone Young.

Estas tres figuras deberían complementarse con un par de nombre por temporada de auténtico relieve (Abbado, Muti, Mehta, Maazel, Chailly, Gatti, etc), existiendo vías para su contratación que puedo precisar si lo deseáis. Adicionalmente deberían poder dirigir a lo largo de las tres primeras temporadas de Mortier, al menos en un título, los españoles Frühbeck de Burgos y Gómez Martínez, auténticamente olvidados,  y, en cada par de temporadas, sería deseable dar entrada a españoles como Pedro Halffter o Juanjo Mena.

Aún así queda en el aire un problema que alguien habría de resolver: ¿Quién sería responsable de los ajustes en cambios y aumentos de atriles en la Sinfónica? ¿Quién realizaría las audiciones? Este punto no puede pasarse por alto.

. Es imprescindible que Mortier mantenga una amplia y franca conversación con el director técnico del teatro para conocer con exactitud las condiciones laborales y convenios técnicos que, por lo que yo se, pueden interferir significativamente en sus ideas de funcionamiento.

.  La residencia española de Mortier es, tal y como ya he insistido, incuestionable.

. La personalidad de Mortier y la independencia de la que ha gozado podrían ir en detrimento de la figura del director general del teatro y, muy especialmente, de su sometimiento a un control económico. Sería indispensable asegurar que no se producirían en el Real los déficits de Bruselas, Salzburgo o París.

Madrid, 19 de noviembre de 2008

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