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Por Publicado el: 24/11/2021Categorías: En vivo

Crítica: Concierto de Santa Cecilia. Inmoderación

CONCIERTO DE SANTA CECILIA 2021

Inmoderación

Obra de Haydn, Brahms y Álvarez/Halffter. Cayetano Castaño (oboe), Francisco Alonso (fagot), Margarita Sikoeva (violín) y Dragos Balan, (violonchelo). Orquesta Sinfónica de Madrid. Dirección musical: Dan Ettinger. 22 de noviembre

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Dan Ettinger

Partamos de la base de que la osadía merece reconocerse. En un hábito de consumo musical repertorista como el nuestro, donde la mirada hacia atrás es mucho más intensa que la ojeada hacia el presente, la búsqueda de nuevas luces para los antiguos paisajes es siempre de agradecer. Esa es la perspectiva positiva de lo que Ettinger propuso a la OSM, una narrativa musical desprejuiciada y extremadamente personal que no dudó en proponer balances poco comunes y acentuaciones nada ortodoxas. La negativa es la falta de pertinencia o adecuación de algunas de esas propuestas; en el balance final, más sombras que luces.

La primera parte tenía a Haydn como protagonista con una de esas obras de madurez que explican la genialidad del compositor austriaco con sólo atender a la sabiduría tímbrica, la Sinfonía concertante en Si bemol mayor para cuatro solistas: oboe, fagot, violín y violonchelo. No fue una lectura clara ni matizada. Se optó por el contraste dinámico como si sólo existiera belleza en el combate y no en los lugares intermedios que tan bien esboza Haydn. Con todo, la dulzura de la obra se impuso, gracias también a la musicalidad de Sikoeva y al fagot exquisito de Francisco Alonso.

El espectáculo empezó en la segunda parte, ya desde el primer movimiento de la Sinfonía nº 4 en Mi menor. Brahms consigue atomizar genialmente el motivo melódico en el inicio en un par de notas, y otras dos que contrastan con las primeras. Es un equilibrio que funciona con precisión, una especie de disección de la melodía como si se tratase del último poema de Huidobro en Altazor, dividiendo el verso en sílabas sueltas. Ettinger propuso alargar en exceso la primera nota de cada grupo para acumular tensión, y a partir de ahí fue haciendo una especie de negativo de la fotografía al uso de la sinfonía: dinámicas extremas, dibujos melódicos enrarecidos, metales de emisión abierta y timbal inmoderado. El resultado fue extraño, poco acertado en primer y tercer movimiento y más convincente en el cuarto, donde el cierto efectismo de Ettinger (en el gesto y en el resultado sonoro) encajaba con la rabia volcada en el “Allegro energico e passionato”. Fantástica la sección de chelos en su momento de gloria, esa melodía inolvidable del primer movimiento.

Para acabar, el ya tradicional Suspiros de España de Álvarez Alonso arreglado para orquesta de cuerdas por Cristóbal Halffter. Inevitable pensar que es la primera vez que lo toca la OSM desde su desaparición hace medio año. No hubo sitio para la melancolía, Ettinger se lanzó más al pasodoble que al sustrato de añoranza de la pieza, y el público lo premió holgadamente. Mario Muñoz Carrasco

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