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Crítica: Roberto ForésCrítica: Roberto Forés, maestro en casa con la Orquesta de Valencia
Por Publicado el: 09/02/2026Categorías: En vivo, Crítica

Crítica: Cristo redime a Jesús (Iglesias) en Les Arts de Valencia

Cristo redime a Jesús (Iglesias) en Les Arts de Valencia

Temporada de Les Arts. Orquesta de la CV. Mark Elder (director). Programa: La infancia de Cristo, de Berlioz. Solistas: Kate Lindsey (mezzosoprano; María), Gordon Bintner (bajo-barítono; San José), William Thomas (bajo, Herodes), Laurence Lisby (tenor; recitador. Centurión), Matthew Rose (bajo; un padre de familia, Polidoro) Lugar: Palau de les Arts (Auditori). Entrada: Alrededor de 1.100 personas. Fecha: sábado, 7 febrero 2026.

Crítica: Cristo redime a Jesús (Iglesias) en Les Arts de Valencia

Sir Mark Elder firmó una versión de referencia de Berlioz

En estos días que tanto se habla de la continuidad o no de Jesús Iglesias como director artístico del Palau de Les Arts con la tontería de si se puede o no puede renovar su contrato, ha llegado el mismísimo Cristo para disipar cualquier duda sobre la competencia y trabajo de Jesús en el templo operístico valenciano. La excelencia a borbotones, radiante, mística y excelsa de la maravillosa versión que Mark Elder ha dirigido el sábado de la “trilogía sacra” La infancia de Cristo de Berlioz desborda cualquier concurso o currículo.

Solo un técnico de la cualificación, solvencia y recursos de Iglesias puede hacer posible la realidad incontestable de un elenco vocal de primerísimo rango mundial y la dirección musical de un maestro de la talla y proyección de Elder. Cristo, en manos del oratorio maestro de Berlioz, y resucitado en València por obra y arte de unos intérpretes -solistas, maestro, orquesta, coro- en día de gloria, ha dicho sí definitivamente a la continuidad de Iglesias, artífice primero y último de esta versión de primerísimo rango, redonda y sin fisuras, cargada de efusión, claridad, amplitud dinámica, dramatismo, intensidad, flexibilidad rítmica y ligereza vital.

Con esta versión de referencia -la mejor que este crítico jamás ha escuchado- y exitazo (los aplausos y bravos finales aún andarán resonando en el Paraíso), el Palau de Les Arts vuelve a poner una pica en Flandes. Los políticos habrán de tomar nota de esta excelencia para dejar de jugar con fuego y evitar poner en riesgo la gestión de un proyecto cultural que prestigia a la Comunidad Valenciana y la ubica en el lugar privilegiado que por su tradición musical siempre mereció.

Por responsabilidad política, pero también por sentido común, déjese de arriesgar la joya de la corona que Jesús Iglesias, tras el desastroso periodo de Davide Livermore, ha logrado recuperar. ¿Qué mejor certificado para avalar su continuidad que este concierto memorable?

El reparto, casi insuperable hoy día, estaba encabezado por la ideal Santa María de la mezzosoprano estadounidense Kate Lindsey, que revalidó el exitazo salzburgués del pasado verano como Elisabetta (Maria Stuarda). Dulce y cristalina, a lo Victoria de los Ángeles, de voz firmemente proyectada y tamizada (a lo Janet Baker), su expresión estilizada y sin remilgos marca referencia.

Como también el joven tenor inglés Laurence Lisby, dueño de una voz bellísima y maravillosamente gobernada, quien fue recitador de lujo y un centurión de primera, a lo Peter Pears. Impresionante a todas luces el bajo Matthew Rose y su vozarrón a lo Salminen, a lo Talvela. Siempre entonado y gobernado con flexibilidad, estilo y delicadeza, como mostró y demostró en su sobresaliente interpretación tanto del acogedor “Padre de familia”, como el Polidoro que interviene en la primera parte del oratorio. Notable y convincente el San José del bajo-barítono Gordon Bintner. Inexpresivo, pero bien cantado el Herodes del reconocido bajo William Thomas.

Una vez más, y como siempre que trabaja bajo la laboriosa dirección de Elder, el Cor de la Generalitat se mostró por encima de sí mismo. Bordó una de sus mejores actuaciones de la temporada. Excepcional a todas luces la Orquestra de la Comunitat Valenciana, titular del Palau de Les Arts. Mimó y pulió la en esta ocasión limitada orquestación de Berlioz.

Hubo color, registros, maneras y sonoridades puramente berliozianas. La excelencia global de la OCV puede refundirse en el conocido interludio de la tercera parte (“La llegada a Sais”), a cargo exclusivo de dos flautas y arpa. Hay que citar y aplaudir vivamente a sus tres magistrales artífices: la siempre brillante Magdalena Martínez, la francesa Virginie Reibel y la arpista Noelia Cotuna.

Al frente, dinamizador de tan formidables mimbres, Mark Elder se adentró en el meollo de la “Trilogía sacra” para desentrañarla desde sus raíces. Narró con sentido teatral la acción y el detallado recorrido musical que traza el genio orquestador y dramático de Berlioz.

Templado y sin cargar tintas, dejó que fuera la propia música la que se expresara y marcara su rumbo. Se siente en cada nota, gesto y detalle que el maestro inglés ama -como tantos otros grandes maestros británicos, desde Thomas Beacham a Colin Davis, Gardiner o Rattle- particularmente esta música.

Sin batuta y con naturalidad de maestro curtido en mil batallas, Mark Elder cuidó las voces -solistas y coro- y estratificó los planos y dinámicas orquestales acorde con las voces y la propia lógica musical. Concertación magistral y fascinante. Un hito que, efectivamente, reivindica la clara apuesta de Cristo por Jesús. En la tierra, en el cielo y hasta en el Palau de Les Arts. ¡Dios verá!

Justo Romero

(Publicado en el diario “Levante”)

 

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