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Crítica: Thielemann y Garanča en el Festival de Salzburgo
Por Publicado el: 01/08/2022Categorías: En vivo

Crítica: Daniil Trifonov en el Festival de Salzburgo

Daniil Trifonov, señor pianista, señor artista

FESTIVAL DE SALZBURGO 2022. Recital Daniil Trifonov (piano). Obras de Szymanowski (Tercera sonata), Debussy (Pour le piano), Prokófiev (Sarcasmos) y Brahms (Tercera sonata). Lugar: Salzburgo, Grosses Festspielhaus. Entrada: 2.179 espectadores (lleno). Fecha: 30 julio 2022. 

Daniil Trifonov en el Festival de Salzburgo

Grande entre los grandes del piano contemporáneo, Daniil Trifonov (1991) es, pese a su juventud recién treintañera, un señor pianista. Más aún, ¡un pedazo de señor artista! Tras un periodo de inactividad forzado por problemas musculares y de tendones en el codo izquierdo -tuvo que cancelar su actuación del pasado julio en el Festival de Granada- el sábado reapareció en el Festival de Salzburgo con un programa diverso cargado de enjundias técnicas y exigencias expresivas. Frente a lo predecible -Trifonov siempre se ha distinguido por su sonido poderoso y electrizante, incluso arrollador-, el fulgor ha cedido a un pianismo que, sin perder su virtuosismo asombroso, ha templado fulgores y decibelios que, en cualquier caso, siempre tuvieron sustento y razones musicales.

El hecho de renunciar al acostumbrado Steinway por un Bösendorfer acaso tenga que ver con esta mutación hacia universos más introspectivos y recónditos. Ni siquiera en la fogosa, juvenil y monumental Tercera sonata de Brahms que ocupó la segunda parte del recital quiso Trifonov cargar las tintas sobre sus aspectos más voluptuosos. La mesura, incluso en los vertiginosos movimientos extremos, marcó la pauta de una versión implacable que no por esta contención decibélica perdió fuerza o empuje. Es como si en este periodo alejado de los escenarios, Trifonov, el virtuoso arrollador heredero y representante del mejor gran pianismo ruso, hubiera escuchado aquello del refranero español de que “no por hablar más alto se tiene razón”.

Fue un recital de pianista en plenitud. Cuyos medios increíbles -en el comprometido programa apenas se apreció alguna mínima rozadura- sirvieron al caudal de ideas y sensaciones que habitan en el artista que los gobierna. Ideas, sensaciones, conceptos y visiones que se volcaron en la magistral y poco tocada Tercera sonata de Szymanowski que abrió el programa, cargada de destellos, voluptuosidades, compromiso y genialidades, a mitad de camino -no solo geográficamente- de Scriabin y Debussy. También en la inesperada versión que brindó de la Tercera sonata de Brahms, cuyo pulso encontró quietud y magia en el “Andante espressivo” y en el “Intermezzo” que hace las veces de prodigioso postizo cuarto movimiento.

El Debussy de Pour le piano también se reveló con caleidoscópica riqueza de matices y destellos. De nuevo, los episodios más lentos -la zarabanda central- encontraron los mejores ecos y reflejos en los dedos fascinantes de Trifonov, rigurosamente fiel a lo indicado en la partitura por Debussy: “Con una lenta y solemne elegancia”. Antes y después, el torbellino, ligero e hiperexpresivo, del “Preludio” y la “Tocata” final se escucharon y disfrutaron con claridades renovadas.

Completaron el programa las cinco pequeñas páginas que integran la entonces -1916- novedosa suite Sarcasmos de Prokófiev, sentidas en una traducción palpitante en ambientes, ironía y parodias, punzante y grotesca; orgullosamente arraigada en la maravillosa tradición pianística rusa: Rajmáninov, Medtner, Guilels, Richter y tantos otros -incluidos el propio Prokófiev y hasta Sokolov- completaron tan bienvenida actuación. El público que abarrotó el inmenso Grosses Festspielhaus de Salzburgo -2.179 localidades- aplaudió y vitoreo a rabiar al recuperado joven señor del piano, joven señor artista. Él, impertérrito al halago y al éxito, entraba y salía de escena a lo Sokolov, como quien va al cajero automático, como si aquello no fuera con él. Al final, una sola propina, pero que vale por mil: el coral bachiano Jesus bleibet meine Freude, en la adaptación pianística de Myra Hess. Daniil Trifonov alzó a todos al cielo. ¡Bienvenido al espectáculo! Justo Romero.

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