Suscribirse a la Newsletter de Beckmesser

¡No te pierdas ninguna noticia!

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Busca las entradas de cada mes

Últimos tuits de Beckmesser

Últimas 20 entradas

OCNE-Afkham-AuditorioCrítica de "Pasión San Mateo" de la OCNE con Afkham
Crítica de «El pintor»: Derribar la belleza
Por Publicado el: 12/02/2018Categorías: En vivo

Crítica de Leonskaya con el Cuarteto Borodin

Baluarte de tradición

CUARTETO BORODÍN Y ELISABETH LEÓNSKAYA (piano). Pro­gra­ma: Obras de Haydn (Cuarteto de cuerdo en Sol, opus 35 número 5), Beethoven (Sonata para piano número 31, en La bemol, opus 110), y Shotakóvich (Quinteto para piano y cuerdas en sol, opus 57). Lugar: Palau de la Música. Entra­da: Alre­de­dor de 800 perso­nas. Fe­cha: Miércoles, 7 febrero 2018.

El Cuarteto Borodín forma parte de la más gloriosa historia de la interpretación musical del siglo XX. 73 años después de su fundación en Moscú, en 1945, el legendario conjunto puso de relieve en su concierto en el Palau de la Música que, pese a la permuta de componentes y de tiempos, mantiene intactas muchas de sus legendarias excelencias. En esta ocasión ha regresado acompañado por otra leyenda de las salas de conciertos, la pianista georgiana Elisabeth Leónskaya (Tiflis, 1945), junto a la que –como era bien previsible- interpretaron una referencial versión del Quinteto de Shostakóvich.

Naturalmente, ya no queda ninguno de sus cuatro miembros fundadores, todos alumnos entonces del Conservatorio de Moscú, y entre los que se encontraban nada menos que el violinista Rostislav Dubinski, el viola y director de orquesta Rudolf Barshái y el violonchelista Mstislav Rostropóvich, que apenas un año después fue reemplazado por Valentín Berlinski, en activo hasta 2007 y maestro del actual violonchelista, Vladímir Balshin. El Borodín es memoria viva de la historia de la música, un baluarte de tradición que hoy representa, además de un modelo, el último vestigio de una peculiar manera de hacer música y de entenderla, en la que emoción y naturalidad se combinan con el sólido entronque a una tradición centenaria de la que él mismo forma parte.

Sus cuatro componentes suman a su reconocido virtuosismo instrumental una sobriedad expresiva incompatible con cualquier afectación. Pura música, desnuda de aspavientos o de efectos gratuitos. El Quinteto de Shostakóvich, que ya grabaran en su día en una antológica versión junto a Sviatoslav Richer, volvió a ser la obra excepcional inmortalizada por ellos y ahora revitalizada en sus cinco movimientos junto a una cómplice tan señalada como la Leónskaya, pianista por tantas razones cercanas a Richter y a esta música, que supone uno de los más profundos homenajes que Shostakóvich rinde a su venerado Bach. Además, le valió, en 1941, el codiciado Premio Stalin y cien mil rublos, cifra fabulosa en aquella época de penurias, que el solidario camarada Dmitri Dmítrievich se liquidó ayudando a vecinos y amigos con dificultades económicas.

El Borodín y la Leónskaya se sumergieron en la entraña del Quinteto para hacerla materia sonora. Desde los primeros compases del preludio, enunciados en solitario por la magistral Leónskaya, se sentía la hondura, autenticidad y calado de la versión. Luego, en la fuga -el tiempo más fascinante de la obra, con sus “increíbles novedades”, como decía de ella Prokófiev, que la consideraba “el mejor y más interesante movimiento del Quinteto– se sentía y vivía la unicidad expresiva de cinco intérpretes que tocan y respiran con un único latir, como un único músico. Como contraste a tal intensidad, el ligero y rápido scherzo central, un desenvuelto allegretto que se erige puente entre el “preludio y fuga” inicial y el “intermezzo y final” que corona el simétrico conjunto.

El programa se había inaugurado con una versión del Cuarteto en Sol, opus 33 número 5 de Haydn dicha –como no podía ser otra forma con tales artistas- con perfección sobresaliente y fidelidad escrupulosa, aunque un punto ayuna de contraste, nervio y ese humor ingenioso que tanto palpita en la creación haydniana. Fue el único pero a una interpretación en cualquier caso superlativa, preludio de una Sonata para piano opus 110 de Beethoven (la número 31) en la que la Leónskaya dejó constancia de su excelsa categoría artística y pianística, muy especialmente en el hipnótico Adagio y en la formidable y arriesgada fuga final. ¡Concierto! Justo Romero

Publicado en Levante el 10 de febrero de 2018

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Donacion

IBERM-22-banner-Yo-Yo-Ma-Kathryn-S-Beckmesser-250-x-250
banner.entradas-cndm

Calendario de conciertos en España

ABAO-Beckmesser_IPuritani_250x250px
OFGC-si_public_beckmesser_ofgc_2223.gif
banner-sinfonica-tenerife-t3
banner-palau-musica-valencia-entradas
banner-01-250x250px-otoño-soriano-2022

calendario operístico 2022/2023

liceo-banners-abonat-22-23_250x250_cast