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Por Publicado el: 12/02/2018Categorías: En vivo

Crítica de «Pasión San Mateo» de la OCNE con Afkham

La OCNE con su director titular, David Afkham

Crítica de «Pasión San Mateo» de la OCNE con Afkham

A FALTA DE REMATE

Bach: “Pasión según San Mateo”. Sylvia Schwartz, Paula Murrihy, Samuel Boden, Michael Schade, Christian Immler, Neal Davies, Escolanía del Monasterio de El Escorial. Orquesta y Coro Nacionales. Director: David Afkham. Auditorio Nacional, Madrid, 9 de febrero de 2018.

Arturo Reverter

Volvió la “Pasión” bachiana a la programación de la Nacional. La obra fue durante muchas Semanas Santas caballo de batalla de Frühbeck de Burgos, que ofrecía una interpretación ampulosa, neorromántica, fuera de estilo aunque conjuntada. Desde que la dirigiera hace unos años Ton Koopman, con un planteamiento radicalmente distinto y una realización con fisuras, no tornaba a los atriles de las formaciones madrileñas. La ha recuperado ahora David Afkham, titular actual de ambas. Y lo ha hecho con desigual fortuna. El director alemán se sitúa en lo que podríamos calificar de terreno intermedio entre los grandes y retóricos fastos y lo que se supone eran los planteamientos de la tradición barroca.

Dos orquestas reducidas, de unos 30 miembros, positivo incluido, y dos coros, de 40 cada uno, constituían los efectivos. Quizá 80 componentes de la masa coral eran excesivos por cuanto de esta manera era difícil mantener un equilibrio volumétrico y de planos, cuando además no siempre la rectoría acertó a establecer las gradaciones dinámicas adecuadas. Las huestes que prepara generalmente con fortuna Miguel Ángel Cañamero, y que tan lucidamente se comportaron hace poco en Canarias con “Iván el Terrible” de Prokofiev, no tuvieron su mejor día. El doble coro inicial, por ejemplo, llevado muy lento por Afkham, anduvo falto de empaste. Sonó muy rudo, nada templado, poco claro y apelmazado.

Naturalmente, hubo instantes muy positivos, como el de la colaboración con soprano y mezzo en el “nº 27”, con entradas precisas y justas; o el del bien acentuado Coro inmediato, “27 B”, “Sind Blitze”; o el Coral “Wenn ich einmal scheiden”, “nº 62”, que sonó delicado y entonado; o el dramático Coro “Lass ihn kreuzigen”, “nº 50 A”, bien acentuado. Nos extrañó la falta de tacto del director en una perita en dulce como es el Coral “O Haupt voll Blut und Wunden” (“¡Oh, cabeza llena de sangre y heridas!”), “nº 54”, que pide una mayor unción y finura, un manejo más sutil de los pianos.

Claro que hubo momentos de mucha altura instrumental en la interpretación global, como el acompañamiento en el aria de la mezzo “Buss und Reu”, “nº 6”, o las intervenciones solistas en el aria de soprano “Aus Liebe”, “nº 49”, con un magnífico Díaz como traverso. La mejor versión del director la experimentamos en el acompañamiento al aria de bajo “Mache dich”, “nº 65”, y en la exposición del coro de cierre, ese célebre “Ruhe sanfte, sanfte ruh!” (“¡Descansa dulcemente! ¡Dulcemente descansa!”).

De los solistas destacó el barítono Immler, de noble metal, homogéneo, de emisión franca, de fraseo cálido, que hizo un Jesús de altura y cantó con propiedad el aria “Komm, susses Kreuz”, “nº 57”. El tenor Schade mostró línea, capacidad de contrastar, buena acentuación, pero ofreció, desde una emisión más bien nasal, de estrecha proyección, cierto amaneramiento, con excesivo empleo del falsete. Expresiva, muy justa y sobria, la mezzo, que no contralto, Murrihy, de escaso volumen y débiles graves, pero que dijo con emoción contenida alguna de sus arias, singularmente  “Erbarme dich”, “nº 39”, donde se lució, con un sonido terso, el concertino. La soprano Schwartz, que sustituía a Nuria Rial, cantó musicalmente con una voz tenue, frágil, con acentuado, que no especialmente molesto, “vibrato stretto”. El bajo Davies, experto y entonado, evidenció empaque y sonoridades pasajeramente espurias. Poca cosa el tenor de las arias, Boden, de muy pequeño volumen, descolorido y ligero. Estupendos los niños de la Escolanía. Entraron como un tiro en el Coral que cierra la primera parte.

Hay que aplaudir la intervención de las dos orquestas y de los distintos solistas instrumentales, cuyos nombres no podemos recoger aquí. Nos gustaría mencionar al menos a Fahmi Alqhai, que vino como refuerzo y que mostró el bello sonido de su viola de gamba y su limpieza ejecutora, aunque en el aria del tenor “Geduld! Geduld!”, “nº 35”, le faltara a juicio de quien escribe una acentuación más seca, mas abiertamente dramática. También reconocer la tradicional pulcritud en el continuo del chelo solista Miguel Jiménez y, por supuesto, destacar el buen tono general de los diez integrantes del coro que dieron voz a los distintos personajes secundarios. Pedro Chamizo se encargó del diseño de luces, a nuestro juicio innecesario cuando el drama interiorizado nos llega a través de los pentagramas.

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