Plan de suscripciones

Suscribirse a la Newsletter de Beckmesser

¡No te pierdas ninguna noticia!

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Busca las entradas de cada mes

Últimos tuits de Beckmesser

Post
Diario de una madre de Alberto García Demestres PeraladaCrítica: "Diario di una madre", el gran estreno lírico del Festival de Peralada
Por Publicado el: 29/07/2026Categorías: En vivo

Cítica: Total y estrepitoso fracaso de la IA ante el reto imposible de la ‘Tetralogía’ en Bayreuth, con Thielemann en el foso

Total y estrepitoso fracaso de la IA ante el reto

imposible de la ‘Tetralogía’, con Thielemann en el foso

Wagner: El oro del Rin. Michael Volle (Wotan), Anna Kissjudit (Fricka), Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Gerhard Siegel (Mime), Klaus Florian Vogt (Loge), Evelin Novak (Freia), Alexander Grassauer (Donner), Siyabonga Maqungo (Froh), Christa Mayer (Erda), Mika Kares (Fasolt), Peter Rose (Fafner), Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka, (Wellgunde), Marie Henriette Reinhold (Flossilde). Editor: Marcus Lobbes. Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Código creativo / Arte visual: Nils Corte y Phil Hagen Jungschlaeger. Escenografía: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Narración digital y con IA: Roman Senkl. Di­rec­ción musi­cal: Christian Thielemann. Lugar: Festspielhaus de Bayreuth. Fecha: 27 julio 2026.

Total y estrepitoso fracaso de la IA ante el retoimposible de la ‘Tetralogía’, con Thielemann en el foso
Wagner: El oro del Rin. Michael Volle (Wotan), Anna Kissjudit (Fricka), Jochen Schmeckenbecher (Alberich), Gerhard Siegel (Mime), Klaus Florian Vogt (Loge), Evelin Novak (Freia), Alexander Grassauer (Donner), Siyabonga Maqungo (Froh), Christa Mayer (Erda), Mika Kares (Fasolt), Peter Rose (Fafner), Katharina Konradi (Woglinde), Natalia Skrycka, (Wellgunde), Marie Henriette Reinhold (Flossilde). Editor: Marcus Lobbes. Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Código creativo / Arte visual: Nils Corte y Phil Hagen Jungschlaeger. Escenografía: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Narración digital y con IA: Roman Senkl. Di­rec­ción musi­cal: Christian Thielemann. Lugar: Festspielhaus de Bayreuth. Fecha: 27 julio 2026.

Alza el telón El Oro del Rin con una puesta en escena en la que la IA es un elemento más

Tan lista y tan tonta a la vez, la cacareada “Inteligencia artificial” se ha estrellado de pleno ante el reto imposible de adentrarse en una obra tan humana y emocionante como la inmensa Tetralogía wagneriana. El estreno, el lunes, de El Oro del Rin, la primera entrega de las cuatro títulos que integran la magna obra de Wagner, se ha saldado con un estrepitoso fracaso, en unas de las jornadas más decepcionantes y estúpidas vividas en Bayreuth en decenios.

Una tediosa sucesión interminable de imágenes, sin ton ni son, caprichosa y sin relación con nada, fue la tónica que marcó el fiasco de este Anillo en forma de verso suelto (por fortuna, no se volverá a hacer jamás), aderezado por un ridículo y unitario vestuario -a mitad entre fallera mayor y traje regional extremeño- y el nulo movimiento escénico.

La tontería, auspiciada, claro, por Katharina Wagner, directora del Festival, fue abucheada y pateada por todos al final de dos tediosas e ininterrumpidas horas y media. Tan rotundo fracaso contrastaba con el oro sonoro que emanaba del foso, gobernado por un Christian Thielemann que cuesta creer se haya asociado y hecho cómplice de tan torpe y nada inteligente ocurrencia. Un Ring fallido escénicamente, en el que la dichosa IA no hace más que distraer y enturbiar el decurso narrativo de una obra de arte como El Anillo del Nibelungo, tan inmensa y cargada de simbolismos e ideas inaccesibles al gélido invento cibernético.

Desde el inicio, con las Hijas del Rin, hasta la conclusión, con la monumental entrada de los dioses en el Walhalla, las impertinentes y reiterativas imágenes no hacían sino molestar, incordiar y desdibujar la presencia y hacer de los cantantes, convertidos en esculturas móviles apenas visibles entre la maraña visual, aprisionados en la nula acción escénica.

Daba pena ver a los pobres cantantes envueltos, ¡además!, en un vestuario pesado, grotesco y absurdo, ajeno a todo, incluso a las propias imágenes. Mejor hubiera sido poner una bola de esas de las discotecas que giran y reflejan la luz al aire de lo que suena. Al menos, hubiera sido resultado menos molesto y alumbrado al son de la de música, virtud que la IA, al menos la sufrida en Bayreuth, parece no tener en sus sordas y desentonadas entendederas.

Frente a este dislate y ya bien fracasado disparate -aunque quedan aún por sufrir las tres restantes “jornadas” de la Tetralogía-, se impuso la música, de la mano de un Thielemann que, ajeno a la estulticia escénica, se centró en una visión parsimoniosa, detallista, preciosista y de alto voltaje dramático. De frases y tempi flexibles.

Indagadora de registros y de extremas y estratificadas dinámicas, desde el pianísimo primigenio en las profundidades del Rin -el comienzo, con el famoso, mantenido y gravísimo Mi bemol de las tubas, no pudo ser más sugestivo-, a la majestuosa entrada en el Walhalla, amplia, ensanchada y hasta enseñoreada por un foso cantable en perfecta complicidad con un Michael Volle convertido, más por carácter y personalidad que por vozarrón, en el más convincente y grandioso Wotan.

Imagen de la producción

El elenco vocal era absolutamente novedoso, hasta el punto de que todos o casi todos los cantantes abordaban por primera vez en Bayreuth estos papeles, a pesar de haber triunfado en otros roles. Como el propio Volle, quien ya fue aclamado en Bayreuth como Hans Sachs, Holandés y Amfortas, y ahora ha vuelto con este Wotan rico en matices e intenciones.

A su lado, como celosa y fastidiosa Fricka, la ascendente contralto húngara Anna Kissjudit, ya aplaudida en el Liceu esta última temporada como La Ciega en La Gioconda, y que ha hecho el viaje desde Erda a la menos grave Fricka. El inverso, precisamente, de la mezzo Crista Mayer, que en el Ring último de Bayreuth (dirigido en 2025 por Simone Young) fue notable Fricka y ahora ha devenido ajustada y terrenal Erda.

El en Bayreuth idolatrado y muy ocupado tenor Klaus Florian Vogt (aquí, en el Festspielhaus, Bayreuth lo ha cantado todo, y este año compatibiliza en el Ring nada menos que los papeles de Siegmund, Siegfried y Loge), convenció de pleno con un histriónico Loge desdibujado, sin embargo, por el coloreado circo de la fallida IA; también por unas alas (en plan “Pájaro del bosque”) que amplificaban aún más el incordio del rebuscado y fallido vestuario, firmado -tomen nota para rehuirla- Pia Maria Mackert. Triunfó en toda regla, también, el barítono Jochen Schmeckenbecher, con un Alberich cargado de carácter en el que late el arte inolvidable de su profesor Kurt Moll.

El veterano tenor Gerhard Siegel convenció como escurridizo y ligero Mime, mientras que el también tenor sudafricano Siyabonga Maqungo fue un inesperado pero efectivo Froh. Por empaste, afinación y calidad vocal, brillaron las tres estupendas Hijas del Rin, defendidas por la soprano Katharina Konradi (Woglinde) y las mezzos Natalia Skrycka (Wellgunde) y Marie Henriette Reinhold (Flossilde).

El resto del reparto fue correcto, sin más pena ni gloria. Nadie brilló ni nadie destacó ni desentonó. Cumplieron si alharacas Evelin Novak (Freia), Alexander Grassauer (Donner), y los bajos Mika Kares (Fasolt) y Peter Rose (Fafner), cantantes de fuste desdibujados y casi perdidos en la monotonía del vestuario y el telón-tisú que recibía las malditas proyecciones. Al final, el rechazo del público a la fracasada propuesta escénica (si es que así se puede llamar la cosa) fue tan unánime como el aplauso entusiasta y hasta fervoroso a Thielemann, consagrado apóstol y casi dios del wagnerismo contemporáneo. Cosa de creyentes. Mañana, más.

Justo Romero, Bayreuth

Deja un comentario

banner-calendario-conciertos

calendario operístico