Juanjo Mena, más allá de la especulación
Juanjo Mena, más allá de la especulación

Juanjo Mena anuncia su retirada definitiva de los escenarios a causa del avance de su enfermedad
Hace un cuarto de siglo, en octubre de 2002, en una entrevista con quien esto firma, Juanjo Mena (Vitoria, 1965) afirmaba que “no me interesan las especulaciones”. Por ello, por este deseo expreso, no se conjetura aquí sobre en qué estado se encuentra o desencuentra la difícil convivencia que mantiene, desde hace meses, con el maldito Alzheimer, y que le ha obligado a renunciar, definitivamente, a su carrera como director de orquesta. En su lugar, se glosará su carrera y su personalidad como maestro y músico. Desde la perspectiva y el horizonte de las tres personas que más han marcado su carrera: Sergiu Celibidache, Carmelo Bernaola y quien fue y es su agente, promotor y amigo, Humberto Orán.
Fue precisamente en un ensayo de Celibidache, en el Gasteig Kulturzentrum de Múnich, donde le conocí. El 11 de septiembre de 1991. El maestro rumano, al que Juanjo había accedido a través de su paisano Carmelo Bernaola y la complicidad de Alfonso Aijón, acababa de ensayar la Tercera de Bruckner. Allí estaba, solitario, en medio de la platea vacía, partitura y lápiz en mano, anotando la más mínima indicación o sugerencia de Celibidache a los músicos de la Filarmónica de Múnich. Luego, al final del ensayo, corrimos al escenario para acercarnos a dios-Celibidache y tratar, en corrillo, de aprehender y aprender cualquier cosa. De “fenomenología musical” o de lo que fuera. El poder de los gurús…
Celibidache marcó la manera de ser y de dirigir de Juanjo. De plantear la partitura como referencia y sancta sanctorum del intérprete. “Celibidache”, diría Mena años más tarde, “ha impregnado mi manera de ser, de pensar y de dirigir. Junto con mi maestro Carmelo Bernaola, ha sido la persona fundamental en mi carrera y en toda mi proyección humana y artística”.
“Sin embargo, y si me permites” matizó entonces, “tengo que decir que, antes de Celibidache, fue Bernaola, con quien trabajé desde muy joven, el que me dio todo. Fue él quien me encauzó en un camino correcto, primero con García Asensio y posteriormente con su gran amigo Celibidache. Las conversaciones cuando Celibidache venía a Madrid, eran para mí un auténtico lujo. Las cenas con Alfonso Aijón, Bernaola y Celibidache eran verdaderas lecciones magistrales.”
“Celibidache me enseñó el respeto por la música, el rigor ante lo que está escrito y la búsqueda de cuanto hay detrás, dentro y en medio de la partitura”. “Lo único que me preocupa cuando voy a dirigir una orquesta”, remachó en otra ocasión, “es hacer música lo más fielmente posible”.

El director fue una de las batutas más reconocidas de nuestro país y a nivel internacional
Así, con estas guías y pautas, y siempre con el arropo de Orán, discurrió y se maceró la carrera, lenta pero siempre ascendente, de un maestro particular y único, que pronto -1999- asumió la titularidad de la Sinfónica de Bilbao. Allí desarrolló una labor de “director a la antigua”, como él mismo dijo: “Hago entre treinta o treinta y cinco semanas al año. Conozco las vidas de los músicos, tenemos un lenguaje de entendimiento mutuo que me motiva a todos los niveles. Hacemos un trabajo duro, de intenso compromiso, que permite sentar las bases de una gran orquesta”
Desde estos tempranos fundamentos, desarrolló su carrera macerada y sin sobresaltos, que le ha convertido en unos de los directores españoles de mayor proyección internacional, con presencia permanente en algunas de las mejores orquestas y escenarios. Debutó en 2016 con la Filarmónica de Berlín, y repitió en septiembre de 2024, cuando la maldita enfermedad comenzaba ya a dar sus primeros síntomas.
Era especialmente apreciado por las orquestas norteamericanas, cuyos podios visitaba con regularidad. Entre ellos, los de la Sinfónica de Montreal (estuvo a un paso de la titularidad), Chicago, Cincinnati, Pittsburgh, Cleveland, Toronto, Nueva York o Boston. En Europa era igualmente querido. Desde Noruega (donde fue principal director de la Filarmónica de Bergen entre 2007 y 2013) a Manchester, ciudad en la que fue titular de la Filarmónica de la BBC entre 2012 y 2018). Dirigió reiteradamente las filarmónicas de Londres, Dresde y Oslo, la Nacional Danesa o la Tonhalle de Zúrich. Entre 2007 y 2010 fue principal director invitado del Teatro Carlo Fenice, de Génova.
En España, mantuvo un estrecho vínculo con la Orquesta Nacional, cuya titularidad también rondó cuando, en 2002, su entonces director emérito, Rafael Frühbeck de Burgos, recomendó como posibles titulares a tres jóvenes directores españoles: Pedro Halffter, Josep Pons y el propio Juanjo, quien salió del paso con prudente elegancia.
“El debate que la propuesta de Frühbeck ha abierto en torno a la titularidad de la Nacional, en el que me he visto involucrado por terceras personas, es totalmente ajeno a mí. Guardo enorme respeto por mis compañeros de profesión, tanto por el maestro Frühbeck de Burgos como por Josep Pons y Pedro Halffter. Pero he de decir que estoy inmerso en un supuesto proceso selectivo de manera absolutamente involuntaria e inesperada”.
Juanjo Mena queda como uno de los directores españoles más activos e internacionales de su generación. También -y esto le vincula a nombres como López Cobos o Gómez Martínez- uno de los baluartes del sinfonismos español. Desde El sombrero de tres picos -que dirigió en su presentación con la Filarmónica de Berlín, en mayo de 2016, con la soprano Raquel Lojendio como solista-, a las músicas de Arriaga, Guridi, Albéniz, Montsalvatge, Gerhard o Rodrigo.
Para la eternidad queda su enorme, diversa y selecta discografía, con referencias como la Sinfonía Turangalîla (con la Filarmónica de Bergen), Sexta de Bruckner (Filarmónica de la BBC), El sombrero de tres picos y Noches en los jardines de España (con el pianista Jean-Efflam Bavouzet como solista) y un largo etcétera, en el que no falta la ópera La vida breve, de Falla, que registró en Manchester, en junio de 2018, con Nancy Fabiola Herrera y Aquiles Machado como solistas.
En la memoria queda también, el recuerdo de tantos y tantos conciertos, encuentros y hasta algún puntual desencuentro. Aquel temprano Concierto para orquesta con la Orquestra de la Comunitat Valenciana (febrero 2007); aquellos fragmentos de Lohengrin en Málaga (octubre 2002); aquella Primera de Mahler en los albores del Auditorio de Alicante (mayo de 2014, con la Filarmónica de la BBC)…, o los Conciertos para de piano de Beethoven que tanto tocó y giró con la Filarmónica de Londres y su amigo Javier Perianes como solista. Y queda, sobre todo, más allá de cualquier divergencia puntual, el afecto, la admiración y reconocimiento al protagonista de una de las carreras más honestas, genuinas y fulgentes de la música española.






















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