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Por Publicado el: 17/04/2026Categorías: Noticias

Crítica: Jakub Józef Orlinski en el Teatro de la Maestranza. Un recital sin alma y sin identidad

Un recital sin alma y sin identidad

Obras de G. F. Haendel. T. Baird, H. Purcell y M. Karlowicz. Piano: Michal Biel. Contratenor: Jakub Józef Orlinski. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Miércoles, 15 de abril. Aforo: Poco más de tres cuartos.

Crítica: Jakub Józef Orlinski en el Teatro de la Maestranza. Un recital sin alma y sin identidad

Orlinski saluda al público sevillano
Foto: Guillermo Mendo

Tercera comparecencia de Orlinski en el Maestranza y con toda seguridad la más personal de todas, ya que se trataba de un programa diseñado a propósito para sí mismo con licencias y excursos a otros repertorios no habituales. Y con piano, que ya es un cuestión delicada e inquietante cuando del Barroco se trata.

Ya lo vivimos hace poco con el recital de Franco Fagioli, una oportunidad fallida de disfrutar de un cantante de gran calidad. Y ahora el sabor de boca que se nos queda es el de que podríamos haber disfrutado aún más de ese Orlinski maravilloso y delicado que se asomó de vez en cuando en esta noche sevillana. Por que esos Haendel y, sobre todo, Purcell, al piano, ralentizados, fuera del tiempo y del estilo, fueron en gran medida irreconocibles. 

If music be the food of love parecía una canción de Sting en vez de Purcell, tal fue la desmembración a la que fue sometida, por muy bien que tocase Biel y por muy bella que fuese la voz de Orlinski. Y embutidas entre los ramilletes pseudo barrocos unas canciones aburridísimas de Baird y otras de Karlowicz, que fueron de lo mejor de la noche, concisas, expresivas, intensas. Curioso que Orlinski sólo tuviese que recurrir a las partituras en las canciones en su propio idioma. Nada que reprochar a la voz del polaco, de una belleza y una homogeneidad como pocas en su cuerda en la actualidad.

La voz corre con naturalidad, sin saltos entre los registros y con soltura tanto en franja aguda como en la grave, con sonidos siempre cubiertos. Su técnica de proyección permite que sean perfectamente audibles sus pianissimi, como los de “Voi che udite” de Haendel, aria precedida por un recitativo muy expresivo y cincelado palara a palabra. Impecables también fueron sus coloraturas en las arias haendelianas. Y su legato y su capacidad de moldear las frases más delicadas fueron impresionantes en el “Ombra mai fu” de Haendel que sirvió como una de las propinas. Y, como era de esperar, no faltó un paso de break dance marca de la casa.

Publicado en Diario de Sevilla

Andrés Moreno Mengíbar

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