Crítica: ‘La fille du Régiment’ en Málaga. La Marie se va a los puertos (de nuevo)
La fille du Régiment en Málaga: La Marie se va a los puertos (de nuevo)
La fille du Régiment, de G. Donizetti. Reparto: Rocío Pérez, Juan de Dios Mateos, Javier Franco, Marina Pardo, Luis Pacetti, Óscar E. Velázquez, Jesús Gómez y Rosa Moreno. Coro Titular del Teatro Cervantes de Málaga (dir: Pablo Moras). Orquesta Filarmónica de Málaga. Dirección de escena: Javier Hernández. Dirección musical: Salvador Vázquez. Teatro Cervantes de Málaga, 24 de mayo.

La hija del regimiento de Donizetti, en Málaga
Fotografías: Carlos Díaz/Teatro Cervantes
Hace dieciocho años, cuando esta producción se estrenó en el jerezano Teatro Villamarta, titulé mi crítica La Marie se va a los puertos. Y ello en relación al cambio de localización de la trama, que iba de la Suiza ocupada por la tropas napoleónicas a algún puerto del Sur de España durante las mismas circunstancias. Y así lo corrobora el rico y llamativo vestuario de Gabriela Salaverri, con trajes de volantes, peinetas y mantillas.
La trasposición funciona a la perfección. Es más, tras los años transcurridos se ha acometido, de la mano de Jesús Ruiz, una puesta al día de la escenografía que dota a esta producción ahora reestrenada en Málaga de un colorido y de una riqueza escénica inmejorables.
También Javier Hdernández ha aprovechado la ocasión para completar aquí y allá con decenas de detalles de buen gusto y mejor olfato escénico su idea inicial. El resultado ha sido deslumbrante, de una riqueza de colorido subyugante gracias a la nueva iluminación de Marcos Serna. Todo es acción sobre la escena, acción para nada gratuita; todo lo contrario, pensada para reforzar la acción teatral sugerida por el libreto. Hasta el coro se mueve sin parar e interviene en las atractivas coreografías de Zaida Ballesteros.
Salvador Vázquez consiguió de la Orquesta Filarmónica de Málaga la mejor prestación en el foso que le recuerdo en veinticinco años que llevo escuchándola en estos menesteres. Extrajo de ella un sonido empastado, compacto, de gran calidad en todas las secciones, con algunas intervenciones solistas de gran calidad, como la del violonchelo en el aria de Marie “Par le rang et par l’opulence”.
Vázquez imprimió desde la obertura y hasta el final de la ópera un ritmo vivo, de acentos muy marcados, con tempos ágiles que nunca decaían, vibrantes, dándole vestimenta sonora a la acción teatral, sobre todo en los dos finales de acto. Pero también supo arropar a las voces en los momentos más delicados, como en la referida aria, en “Il faut partir” o en “Pour me rapprocher de Marie”, instantes en los que respiró a la par que los cantantes, arropándolos suavemente. El equilibrio foso-escena fue siempre perfecto, sin tapar en ningún momento el canto incluso en los momentos de conjunto más movidos.
El elenco vocal reunido por el Cervantes es irreprochable. Rocío Pérez tiene la voz ideal para el personaje de Marie. No es sonido de gran potencia en origen, pero su magnífica técnica de proyección la hace expandirse con amplitud suficiente para llenar toda la sala. Timbre campanilleante, con un registro sobreagudo espectacular y perfectamente integrado en el resto de su registro. Allí quedó para el recuerdo de un enfervorecido público un espectacular Fa sobreagudo al final de su “Rataplán”.
Pero no se agotan ahí las virtudes de esta cantante, porque su línea de canto en los momentos más sentimentales es impecable, cuajada de sensibilidad, con un legato lleno de intención. Si además actúa con soltura escénica, sin parar de moverse de un lado a otro de la escena y cambiando de manera cómica de registro durante el segundo acto, entendemos la standing ovation con la que el público acogió el final de este espectáculo.

Imagen de la producción de Javier Hernández
Fotografías: Carlos Díaz/Teatro Cervantes
Igualmente perfecto para el personaje de Tonio fue el tenor Juan de Dios Mateos, un lírico-ligero que ofrece una voz corpórea, con potencia en toda la gama, una voz con amplia capacidad para expandirse y en la que no se aprecian saltos en el paso de registros, tal es la idoneidad de su registro. Su manera de moverse por la escena es connatural en él, viste el personaje de principio a fin con desparpajo, subrayando con el cuerpo el canto. Sus registros agudo y sobreagudo son potentes y firmes.
No tuvo ningún problema para emitir con firmeza y brillo los nueve Dos de la famosa aria. En realidad fueron diez, porque sobre el último hizo lo que pocos tenores hacen, que es articular dos sílabas sobre la misma nota (MiliTAi-RE et mari). Es un cantante sensible a los momentos dramáticos y es capaz de desplegar un bello legato en las escenas más sensibles, como en “Pour me rapprocher de Marie” con una línea sostenida sobre el fiato con acentos y reguladores.
Javier Franco, con su voz campanuda y poderosa, fue un Sulpice efectivo tanto en lo vocal como en lo actoral. Su terceto junto a Tonio y Marie en el segundo acto fue un momento especialmente delicioso, con tempo chispeante desde la batuta y el perfecto encaje entre las voces. Un escalón por debajo estuvo Marina Pardo como la Marquesa de Berkenfield. Su veteranía le hace actuar con gran naturalidad sobre las tablas y frasear con gran sentido expresivo, pero el problema está en una voz con un vibrato cada vez más acusado a insufrible y en una afinación más que dudosa en su aria del primer acto.
Los papeles secundarios vinieron bien servidos, especialmente el Hortensius de Luis Pacetti, un valor siempre seguro para el Teatro Cervantes. Y una mención para el coro, especialmente el masculino, tan demandado en esta ópera. No sólo se movió con soltura por la escena con los complicados pero efectivos diseños de Javier Hernández o las coreografías de Zaida Ballesteros, sino que cantó con una riqueza de matices, un empaste y una flexibilidad irreprochables.






















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