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Critica: Sin complejos ni remilgos
Por Publicado el: 25/01/2021Categorías: En vivo

Crítica: María Dueñas con la OCNE. De Granada llegó

ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA

De Granada llegó

Obras de Torres, Bruch y Sibelius. María Dueñas, violín. Orquesta Nacional. Director: Jaime Martín. Auditorio Nacional, Madrid, 22 de enero de 2021.

María Dueñas

No cabe duda de que la violinista María Dueñas (Granada, 2002) es uno de los valores jóvenes más destacados de la actualidad. Descubierta por Juventudes Musicales de Madrid hace cuatro años y ganadora brillante de la beca de estudios correspondiente, en un breve lapso de tiempo, tras sus contactos con Spivakov y otros maestros de la escuela rusa, se ha asentado y demostrado una suficiencia, una seguridad y un aplomo propios de un intérprete veterano. Tañe un Guarnerius de 1736 y lo hace sonar como los ángeles, con una precisión de ataque, una afinación, un juego de “spicatti” y un brillo esplendente.

Lo pudimos comprobar en su ejecución del “Concierto nº 1” de Bruch, en el que, además de frasear con gusto y calidez, exhibió una plenitud tímbrica muy considerable, apreciable ya desde la misma introducción, trazada muy sobria y concentradamente, apuntando una especial amplitud y resonancia de la cuarta cuerda, con graves redondos y sensuales. Quizá en la zona aguda y sobreaguda ese equilibrio se pierda en un tanto, no lo suficiente para romper el atractivo espectro, que se ofreció en todo su esplendor en la exposición de los dos temas que se alternan en el “Adagio”, tocado sin dengues y acentos acaramelados.

Sin problemas en el espirituoso “Allegro” conclusivo, enunciado con la ligereza y la agilidad exigidas, sin desbordamientos innecesarios. Ante los aplausos tuvimos un bis, quizá una virtuosa pieza de Wieniawski. La solista tuvo el apoyo acogedor de una Nacional apasionadamente gobernada por el extravertido y entusiasta Jaime Martín, de batuta volandera y expresiva, a quien de vez en cuando se le fue algo la mano en los “tutti” pero que fraseó con propiedad. Como lo hizo asimismo en una interpretación muy volcada hacia fuera de la “Sinfonía nº 5” de Sibelius, necesitada de una mejor planificación y definición de líneas, pero que sonó vigorosa y expresiva. El “accelerando” progresivo que culmina el primer movimiento pudo tener una traducción más ajustada y una transparencia mayores, bien que el subrayado rítmico mantuviera la conveniente tensión.

Bien controladas las oleadas que abren la composición. El “Andante mosso” tuvo el latido preciso y nos fue revelando que la versión era más intensa que refinada. En todo caso, apreciamos lo agreste del paisaje finés, que acaba por tomar forma en el “Allegro molto”, que nació de un pianísimo adecuadamente planificado. Una lástima que el tema básico, con sus estribaciones, no terminara de sobresalir del todo por encima de la maraña orquestal. Pero hubo concentración y carga emotiva en los seis terminantes acordes con los que, secamente, se cierra la obra.

Como “aperitivo” escuchamos “El triunfo de Baco” de las ya conocidas “Tres pinturas velazqueñas” de Jesús Torres, que recogió menos aplausos de los debidos. Nos gustó el aire “scherzante” impreso por la batuta a esta música tan sugerente, tan bien hilada, envuelta en un indiscutible toque sensual, que trabaja muy libremente sobre un tema de seis notas, a modo de “ostinato”, acompañado de nerviosos diseños de los metales sobre los que destacan jugosas y bien medidas estridencias. Música fina pero potente cerrada con un desbordante “tourbillon”. Arturo Reverter

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