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Crítica: Orquesta de ValenciaCrítica: Triunfo madrileño de la Orquesta de Valencia y Liebreich en el Auditorio Nacional
Por Publicado el: 01/03/2026Categorías: En vivo, Crítica

Crítica: Nos divertimos y gozamos con Jaroussky en el CNDM

Crítica. Obras de Boësset, Bataille, Matteis, Du Bailly, Guédron, Allegri, Mouliné, Lambert, Pandolfi Mealli, Monteverdi, Rossi y Purcell. Philippe Jaroussky, contratenor. L’Arpeggiata. Tiorba y dirección: Christina Pluhar.

Crítica: Jaroussky en el CNDM

Philippe Jaroussky volvió a triunfar en el Auditorio Nacional

Todo un mundo musical, un recorrido por una amplia fracción del siglo XVII, agrupando distintos estilos y propuestas, un conglomerado bien dispuesto y organizado, con llamadas a lo serio y a lo cómico en sus vertientes instrumental y vocal, es lo que pudimos disfrutar en este curioso concierto, que transcurrió muy animadamente durante más de hora y media y sin pausa. Nos lo pasamos estupendamente en un Auditorio casi lleno. La atención no decayó ni un instante.

Escuchamos canciones estróficas más o menos ornamentadas, ritmos y danzas variados, con abundantes incrustaciones de lo hispano, estilos emparentados y pertenecientes a distintas esferas geográficas. Un auténtico e imparable tourbillon, perfectamente definido en sus concisas notas al programa por Pablo J. Vayón. Como eje e interviniente en muchas de las piezas programadas, el contratenor Philippe Jaroussky, que evidenció una vez más su temple, su musicalidad, su técnica.

Es cierto que, a los 48 años, ha perdido frescura de emisión, facilidad y que su voz de soprano más bien ligera se ha oscurecido un tanto y que no tiene ya su tradicional facilidad para desenvolverse por las zonas alta de su tesitura, pero sigue siendo un magnífico cantante que no abusa, como otros, de su registro modal y que su timbre siempre es el mismo. No queda muy claro, aunque su voz nunca ha sido especialmente voluminosa, la razón de que él y todos los demás intervinientes actuaran con micrófono, aunque es cierto que en sus constantes movimientos arriba y abajo pudieran aconsejarlo.

Habría que destacar muchas cosas de la animada sesión. Mencionaremos, en aras de la brevedad, solo algunas. Así la impronta rítmica sobre compás ternario que impulsó, nada más abrir la sesión, Nos esprits libres et contents del Ballet de la Reyne de Antoine Boësset, en arreglo, extensivo a otras muchas piezas, de la propia Pluhar, un hacha también en el manejo de la tiorba.

Disfrutamos mucho con la improvisación sobre el Canario de Lorenzo Allegri. No menos con Ma bergère est tendre fidèle de Michel Lambert, en donde también intervino la corneta de Doron Sherwin, un auténtico virtuoso. En un instante los dos solistas se encaramaron al anfiteatro lateral y cantaron y tocaron desde allí. Un virtuosismo que no cesaría en toda la noche.

Disfrutamos asimismo con las intervenciones eventuales de los otros cinco instrumentistas, como la del contrabajista Leonardo Teruggi en la Ciaccona, auténtica improvisación, de Maurizio Cazzati. Muy bien asimismo la violista de gamba Lixsania Fernández, que se marcaría un dúo con el contratenor. Estupenda Kimga Ujszászi con su violín barroco, segurísimos David Mayoral en la percusión y Dani Espasa (director de Vespres d’Arnadi) en el clave.

Jaroussky se esmeró en el recitativo de Arnalta de L’incoronazione di Poppea de Monteverdi y sorprendió en una frase en registro modal (zona grave) del aria Ohimé, ch’io cado. Y bordó el aria de Orfeo, Lasciate Averno, del Orfeo de Luigi Rossi. El cierre tuvo a Henry Purcell como protagonista con el aria de Oedipus, King of Thebes de 1692, un dramático y bello lamento. Tristeza compensada por un sorprendente primer bis, la célebre canción Bésame mucho de la mexicana Consuelito Velázquez.


Por todo ello un encuentro la mar de divertido. Por sus hechuras, por el repertorio, bien escogido (en ocasiones, arreglado), por el toque a veces humorístico, por el movimiento general, por la donosura de todos los músicos, por el evidente protagonismo, deambulando de aquí para allá, de Jaroussky, que pese a que ya está en lento declive, sigue conservando las básicas esencias canoras y el arte que le dio fama.

Arturo Reverter

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