Crítica: Nuno Coelho en Valencia, “lo bueno, si breve, buenísimo”
TEMPORADA 2025-2026 del Palau de la Música. Orquestra de València. Programa: Obras de Freitas Branco, Lili Boulanger y Debussy. Director: Nuno Coelho. Lugar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1.300 espectadores. Fecha: jueves, 30 abril 2026.

Nuno Coelho regresó a Valencia con éxito
Breve pero muy precioso e interesante programa el propuesto por el lusitano Nuno Coelho (Oporto, 1989) en su nueva visita a la Orquestra de València. En los atriles, tres obras fantasiosas y hasta oníricas, compuestas casi simultáneamente -primeras dos décadas del siglo XX- por los franceses Lili Boulanger y Claude Debussy, más el enjundioso y personalísimo poema sinfónico Vathek, página sustancial del rácano sinfonismo ibérico.
Compuesto por el portugués Luis de Freitas Branco (1890-1955) en 1913, este poema sinfónico “en forma de variaciones sobre un tema oriental” se escuchaba, según explicó el propio Coelho antes de coger la batuta, “por primera vez en España”.
Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Así que, no porque lo diga el adagio, lo escuchado y disfrutado el jueves en el Palau de la Música fue buenísimo. No solo por el contenido de este programa tan ajeno a rutinas y lugares comunes, también por el modo en que le ha dado vida Nuno Coelho, cuya carrera internacional quedó catapultada en 2017, tras ganar el Concurso de Cadaqués.
Hoy es uno de los directores más competentes y cuajados del panorama ibérico e internacional. Lo ha puesto bien de relieve en sus sucesivas visitas al podio de la Orquestra de València, y particularmente en esta última, ante este reto cargado de novedad, compromiso y exigencias.
Si las exigencias de toda índole que requieren los coloreados y sinuosos “ecos de los pueblos de España” que vuelca Debussy en las tres “postales” que configuran Iberia, los requerimientos sinfónicos de Vathek exigen igualmente un trabajo concienzudo y meticuloso, capaz de recrear con fantasía, virtuosismo instrumental y empaque orquestal la brillante y afilada escritura de Freitas Branco, quien bebe y recoge de todas las corrientes de su tiempo de incertidumbres y fractura.
Inspirado en la obra homónima escrita -en francés- por el novelista inglés William Beckford en 1786, en los 35 minutos de Vathek cohabitan desde el dodecafonismo schönberguiano -hay momentos de vanguardismo recalcitrante-, hasta la fascinación por lo oriental que sedujo a tantos compositores -de Mozart a Wagner; de Saint-Saëns a Szymanowski o Albéniz-, todo teñido por la impronta de sus propias raíces portuguesas y personales.
Un retablo descriptivo pleno -como la Iberia de Debussy o la brevísima D’un matin de printemps, de Lili Boulanger- de fantasía y pasión por las trasparencias sonoras y los registros instrumentales, como evidencian los extensos y comprometidos solos de fagot y flauta, respectivamente, intercalados en el rico tejido sinfónico, a modo casi de interludios.
Notable y, en ocasiones, hasta estupenda respuesta de la Orquestra de València ante un programa cargado de riesgos y sutilezas, que aún entrañaba la dificultad añadida de que dos de sus tres obras se ponían por primera vez en los atriles.
Todo lo resolvió y materializó Coelho con ese buen hacer, técnico y expresivo, que tanto define su carrera siempre ascendente. De la fascinación de la música truncada de Boulanger a la voluptuosidad pletórica y cercana de ese Debussy que nunca estuvo en Iberia.
Si Freitas es uno de los grandes de la creación ibérica, Nuno figura por derecho entre los maestros más sobresalientes nacidos en esta maravillosa Balsa de piedra que soñó y narró Saramago. Gran concierto, por mucho que no se llenara el Palau ni los aplausos finales fueran los propios de los “¡Viva Cartagena!”.
(Publicado en el diario Levante)





















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