“La púrpura de la rosa”, la primera ópera de América vuelve a Lima después de tres siglos
“La púrpura de la rosa”, la primera ópera de América vuelve a Lima después de tres siglos
Hay con algo más que un asterisco. El 14 de junio de 2026 -hay dos representaciones más, mañana y el 18- ha sido una de esas fechas que merecen ser subrayadas en el calendario cultural. El Teatro Principal Manuel A. Segura de Lima abrió su telón para la primera representación completa, en la ciudad donde nació, de La púrpura de la rosa desde su estreno el 19 de octubre de 1701. Trescientos veinticinco años de espera para que la primera ópera compuesta en el continente americano regresase al escenario que le corresponde.

La historia de esta obra es, como tantas cosas del Barroco hispanoamericano, una historia de encargos, de poder y de celebración cortesana. El virrey Melchor Portocarrero y Lasso de la Vega necesitaba festejar el decimoctavo cumpleaños de Felipe V y el primer año de su reinado borbónico, y para ello encargó al músico Tomás de Torrejón y Velasco -natural de Villarrobledo, Albacete, maestro de capilla de la catedral de Lima desde 1676- una ópera con texto de Pedro Calderón de la Barca. Calderón había muerto veinte años antes, en 1681, pero el texto existía: era una fiesta cantada que el dramaturgo madrileño había escrito décadas atrás sobre el mito ovidiano de Venus y Adonis. Torrejón lo musicó completo, íntegramente en español, lo que lo convierte no solo en la primera ópera compuesta en América sino en uno de los escasos ejemplos de ópera barroca en castellano que han sobrevivido.
El argumento pertenece a Ovidio. Venus se enamora del cazador Adonis. Marte, despechado, conspira contra los amantes. Adonis muere. Venus llora sobre su cuerpo y de su sangre nace una rosa de color purpúreo. El título de la ópera condensa el mito en tres palabras. Calderón, maestro del teatro alegórico y de la imagen simbólica, entendió que ese instante de transformación —la sangre que se convierte en flor, el dolor que se convierte en belleza- era el núcleo dramático del que todo lo demás dependía. Torrejón lo comprendió igual y construyó sobre esas palabras una música de una delicadeza y una expresividad que los siglos no han deteriorado.
Lo que hace especialmente significativo el regreso de 2026 es que se trata de la primera vez que la obra se representa de forma íntegra en Lima desde su estreno. Ha habido intentos previos en otros países -la musicóloga Louise K. Stein publicó una edición crítica en 1990 que abrió el camino a varias producciones internacionales, entre ellas la de René Jacobs en Bruselas- pero la ciudad donde nació la ha tenido vedada durante tres siglos. Que sea ahora, en el teatro más antiguo de América aún en funcionamiento, cuando esa deuda se salde, tiene lógica.
La nueva producción la dirige Jean Pierre Gamarra, que ha declarado que la obra no es solo una rareza musicológica sino un texto vivo, cargado de erotismo y de una franqueza sobre el deseo que el Barroco virreinal se permitía con más naturalidad de lo que el siglo XXI a veces consiente. La escenografía es del italiano Lorenzo Albani, conocido por crear espacios donde el tiempo parece suspendido. La dirección musical corresponde al mexicano Aurelio Tello al frente de la Orquesta Barroca del Teatro Municipal de Lima.
El reparto es internacional. La soprano española Lucía Iglesias, de veintiséis años, debuta en América Latina encarnando a Venus en lo que es además su primer papel protagonista de gran formato. El contratenor Rafael Quirant da voz a Adonis y la mezzosoprano Inés López encarna a Marte. Iglesias ha declarado que representar a Venus en el contexto donde la obra fue concebida supone un privilegio de dimensión histórica.





















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