Zubin Mehta y la Reina Sofía, una medalla, una amistad y sesenta años de Alhambra

Entrega de la Medalla del Festival de Granada. Foto: Fermín Rodríguez
Zubin Mehta y la Reina Sofía, una medalla, una amistad y sesenta años de Alhambra
La noche del 12 de junio, en el Palacio de Carlos V, en la Alhambra de Granada, Zubin Mehta avanzó hacia el escenario en silla de ruedas, se incorporó con esfuerzo visible y con ayuda de sus asistentes, subió al podio y se sentó. El público ya estaba de pie antes de que sonara una sola nota. Tenía noventa años, llevaba en este mundo de la música más de seis décadas, y allí estaba, dispuesto a dirigir a la Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino en la trilogía sinfónica que Mozart escribió en el verano de 1788.
La ocasión era doble: la inauguración de la septuagésimo quinta edición del Festival Internacional de Música y Danza de Granada y la entrega, en el descanso del concierto, de la Medalla de Honor del Festival. La encargada de ponérsela al pecho fue la Reina Sofía, presidenta de honor de un certamen al que lleva vinculada tanto tiempo como el propio Mehta.
Y no es casual. Cuando el joven director indio llegó a Granada por primera vez, en 1964, para dirigir en la decimotercera edición del Festival con la Orquesta Nacional de España, quien entonces era princesa le llevó una noche a las cuevas del Sacromonte a ver bailar a los gitanos. Mehta lo ha contado más de una vez. Las amistades que duran sesenta años no se construyen en los palcos, sino en los lugares donde la música es todavía algo más primitivo.
Desde aquella primera visita, Mehta ha vuelto a la Alhambra en cuatro ediciones distintas -1964, 1968, 2011 y la de ahora- sumando siete conciertos en un recinto que, a estas alturas, forma parte de su geografía sentimental tanto como Bombay, Viena o Tel Aviv. El Consejo Rector del Festival acordó el pasado mayo otorgarle la distinción por su trayectoria y por esa vinculación sostenida, que no es la del artista que pasa sino la del músico que regresa, que no es lo mismo.
El currículum de Mehta no necesita presentación. Nació en Bombay en 1936, hijo del violinista Mehli Mehta, estudió medicina antes que música y acabó en la Academia de Viena con Hans Swarowsky, que era de esos profesores que no hacían regalos. Ganó el Concurso Internacional de Liverpool, fue premiado en Tanglewood y en 1961 -a los veinticuatro años- ya había dirigido las filarmónicas de Viena, Berlín e Israel. Fue director musical en Montreal y en Los Ángeles, y entre 1978 y 1991 rigió la Filarmónica de Nueva York con el mandato más largo en la historia de la orquesta. De 1985 a 2017 presidió el Maggio Musicale Fiorentino, la misma orquesta que trajo a Granada para la ocasión. Y durante más de cinco décadas fue el rostro y la conciencia musical de la Filarmónica de Israel, de la que hoy es director emérito. Un palmarés que incluye el Kennedy Center Honor y el Praemium Imperiale.
Pero hay algo en el Mehta de estos últimos meses que merece detenerse un momento. En enero de 2026, canceló todos sus compromisos con orquestas israelíes en protesta por la gestión de Netanyahu en Gaza. Un hombre de noventa años, que ha dedicado medio siglo a construir puentes musicales en Oriente Próximo, decidía que había cosas que pesaban más que la prudencia diplomática. No todo el mundo lo entendió igual. Pero la coherencia a esa edad, pagando ese precio, tiene un nombre que no es frecuente en este gremio.
La ovación que recibió en la Alhambra duró lo que duran las ovaciones que ya no son protocolarias. En el escenario, junto a la Reina Sofía y al director del Festival, Paolo Pinamonti, también estaban el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, la consejera andaluza Patricia del Pozo y la alcaldesa Marifrán Carazo. La política siempre encuentra la manera de aparecer en la foto. Pero esa noche, en el Palacio de Carlos V, la foto era de ellos dos: una reina y un director que se conocen desde que ambos eran jóvenes y Granada aún no estaba plagada de turistas. Gonzalo Alonso





















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