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Por Publicado el: 23/03/2026Categorías: En vivo

Crítica: La Orquesta RTVE, en brazos de la reina “loca” y Sánchez-Verdú

EN BRAZOS DE LA REINA “LOCA”

Obras de Rimsky-Korsakov, Sánchez-Verdú y Chaikovski. Lidia Vignes-Curtis, mezzo. Orquesta RTVE. Director: Josep Caballé Domenech. Teatro Monumental, Madrid, 19 de marzo de 2026.

Crítica: La Orquesta RTVE, en brazos de la reina "loca" y Sánchez-Verdú

José María Sánchez-Verdú

Ameno concierto construido en torno a la obra estreno firmada por el catedrático y compositor José María Sánchez-Verdú (1968) y que suponía el mayor atractivo de la sesión: el Cancionero de Juana la Loca, que se dio a conocer el pasado 15 de noviembre en Amberes bajo la dirección del compositor, quien nos dice que la partitura “explora los lazos culturales, musicales y políticos entre España y Flandes, ya que la corte mantenía dos conjuntos musicales de músicos españoles y flamencos”. Un ejemplo de este patrimonio es este Cancionero, “bellamente manuscrito e iluminado en Brujas hacia 1511”, que se conserva en la Biblioteca Real de Bélgica”.

Nos recuerda en sus notas al programa Manuel Muñoz que, según el autor, estamos ante “un cancionero contemporáneo que continúa esta tradición entrelazando piezas en diferentes lenguas de manera diagógica”. Se establece una curiosa relación con compositores de la época, como Josquin des Prés, Cabezón o Pierre de la Rue. La habilidad de Sánchez Verdú radica en combinar música contemporánea con estructuras y textos de aquella época. Todo ello contribuye a crear una interesante y novedosa amalgama tratada con una exquisitez diríamos que rara si no viniera firmada por el compositor algecireño.

El Cancionero se conserva en Lieja y contiene textos y música de la capilla flamenca y española. A partir de todo ello Sánchez Verdú realiza un delicadísimo trabajo para combinar unas músicas y otras. Una labor de entremezclar pentagramas y textos con un cuidado y una exquisitez supremas a lo largo de siete secuencias ligadas sin solución de continuidad. Con una fantasía y una aquilatación de timbres muy sugerente.

Autor de un considerable catálogo que incluye varias óperas y espectáculos líricos, el compositor ha depositado su mirada en varias ocasiones en músicas del pasado para “recrearlas” o, la mayor parte de las veces, partir de ellas para realizar obras de indudable personalidad. No deja de ser curioso, pues la estética del compositor, lejos de estar anclada en la tradición, aun partiendo de ella, practica una música muy personal pero que podría lejanamente adscribirse al “bruitismo”, en todo caso muy alejado de las experiencias sonoras, a  veces poco gratas al oído, de compositores en torno a la órbita del alemán Helmut Lachenmann.

La primera pieza, Ay dime, Señora, tiene su origen en unos pentagramas firmados por Pedro de Pastrana en 1479. A partir de ella el compositor propone un exquisito juego de instrumentos graves como lecho de la cantilena de la mezzo. El aire procesional, subrayado por los timbres graves. Leves toques de los parches cierran la música.

Domine, sobre palabras de Jacob Obrecht, es danzable. Una suerte de melopea subrayada por toques de laúd renacentista. Seguimos con otra música, esta perteneciente a Pierre de la Rue, guardada en Bruselas. Sobre estas bases continúa la singular composición de Sánchez Verdú, que hace intervenir posteriormente al organeto en un curso de extraordinaria economía de medios. Escuchamos en lo que queda sigilosos trinos de los chelos, sobre sugerente marcheta en los bajos.

Particular interés tiene sin duda Triste está la reina sobre música de Ockeghem con texto de Antonio Contreras y que figura en el Palacio Real de Madrid. Escuchamos glisandos, láminas delicadas y sorprendentes y violentos golpes. Presencia del organeto y del tema original. El número 5, Llenos de lágrimas tristes, se desenvuelve sobre notas de Josquin Desprez y texto de Pedro de Pastrana guardado en la Biblioteca Nacional de Cataluña.

Memento mei pone cierre a la selección. La música original venía firmada por Luis de Narváez sobre texto de Despres. Escuchamos clusters y una panoplia orquestal tan refinada como evocadora. La interpretación, a falta quizá de una pátina más refinada, nos pereció excelente. La mezzo ligera, Lidia Vignes-Curtis, en algún momento a falta de solidez abajo pero ágil, expresiva y calurosa, cumplió más que bien.

Como lo hizo desde el principio el director de la sesión, Josep Caballé Domenech, seguro en el marcaje, sólido en el concepto, claro en el mando, atento siempre a cada grupo instrumental, que previamente había presentado una versión bien rubricada, a falta quizá de una mayor fantasía fraseológica, del Capricho Español de Rimsky-Korsakov. En la segunda parte de la sesión supo encauzar con claridad, buen aire, dicción convincente y personalidad todos los números de la suite de el Lago de los Cisnes de Chaikovski. Puede que sin el encanto fraseológico deseable.

Arturo Reverter

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