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Por Publicado el: 20/04/2018Categorías: En vivo

Crítica: Schoenberg y Zemlinsky en el Auditorio Nacional

Conlon

Una agradable sorpresa entre los versos

Obras de A. Schoenberg y A. von Zemlinsky. Aga Mikolaj (soprano) y Martin Gantner (barítono). Orquesta Nacional de España. Dirección musical: James Conlon. Ciclo Sinfónio /19. Auditorio Nacional, Sala Sinfónica, Madrid. 13-IV-2018.

Mario Muñoz Carrasco

A raíz de la ruptura con la tonalidad, la progresiva separación entre el oyente y la música se fue consumando durante años hasta orillar a una playa de difícil retorno. Los ciclos de la habitualmente mal llamada música contemporánea (con algunas piezas escritas hace un siglo) se mantienen desde hace tiempo con un aforo muy fiel pero muy escaso, creciendo a un ritmo bastante sosegado. En esta ocasión la Orquesta Nacional había preparado un programa bisagra, que se movía en esa zona de penumbra donde adquieren sentido algunas de las revoluciones posteriores, una especie de visita guiada por el itinerario del cambio que tuvo una floja acogida en cuanto a público.

La primera parte estaba dedicada a la «Noche transfigurada» de A. Schoenberg, esa nostálgica (y metafórica) despedida para orquesta de cuerdas que el compositor austríaco dedicó a dos siglos de jerarquía tonal, siempre bajo el disfraz de un ejercicio de lirismo y esperanza hacia el futuro conmovedor. James Conlon propuso una lectura pausada y comedida, sin subrayar los momentos de rabia que contiene ni la confusión de sus compases centrales. La ventaja de este tipo de acercamiento es que se mantiene la calima original del verso de Dehmel, y la escena en la que se basa la obra está vista con cierta distancia, como un paisaje pintado por Caspar D. Friedich. La desventaja es, precisamente, esa misma: se sacrifica la empatía por mor de la construcción armónica. En definitiva, un discurso bien pronunciado pero algo vacío de llama. Buen trabajo de los violines, que tuvieron que lidiar con algunos desajustes en sus múltiples entradas descubiertas.

Fue en la segunda parte donde se disfrutó de una obra alejada sin mucho sentido del canon de los conciertos: la «Sinfonía lírica» de A. von Zemlinsky, basada en los versos de Tagore. Aunque pretenda acercarse a Mahler, la sinfonía es más heredera en lo tímbrico del Strauss de los poemas sinfónicos, gracias a su lenguaje orquestal pretencioso –en el mejor de los sentidos– y una continua demanda de intensidad, volumen y lirismo. El barítono Martin Gantner pasó algunos apuros defendiendo su parte, por ese hedonismo sonoro que el director llevó hasta el extremo. Aga Mikolaj supo captar esa poética expansiva de Zemlinsky con plenitud de facultades. La Orquesta Nacional fue, aquí sí, mucho más convincente en su retrato de las emociones y Conlon matizó los sucesivos clímax sin caer en la trampa del continuo contraste. El resultado, una convincente defensa de una obra reivindicable.

 

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