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Por Publicado el: 26/02/2020Categorías: En vivo

Crítica: Sokolov, pianista orquesta

Sokolov, pianista orquesta

Obras de Mozart y Schumann. Auditorio Nacional. Madrid, 24 de febrero de 2020.

Son ya nada menos que 21 veces las que Grigory Sokolov (San Petersburgo, 18 de abril, 1950) nos visita sin interrupción dentro del ciclo de “Grandes Intérpretes” de la Fundación Scherzo. Concretamente desde 1996, fallando sólo en 2003. Esta historia tiene su curiosidad, como la tiene el Ciclo de Lied. Un día, allá por 1995, nuestro colaborador Justo Romero le dijo a Antonio Moral que había escuchado a un pianista fenomenal, fuera de serie que, entonces, contaba con 45 años. Moral buscó algún disco, le encantó y lo contrató. Desde entonces, este hombre de precisas rutinas se ha acostumbrado a visitar Madrid, a cuyo Auditorio Nacional impone sus horarios para ensayar. Y, también, ha acostumbrado – ¿domado, quizá? – a su público, porque tiene un público que llena el Auditorio cada vez que actúa.

Sokolov-Auditoria-organo

Sokolov bajo el órgano del Auditorio Nacional

Todos sabemos lo que vamos a escuchar en un recital de Sokolov, aparte de las incontables propinas. Vamos a escuchar un piano casi convertido en una orquesta y por eso el plato fuerte era la segunda parte y sus 35 minutos de “Bunte Blätter” Op.99, una obra tan infrecuente hasta el punto de que posiblemente nadie la habíamos escuchado con anterioridad. La tocaba con frecuencia Sviatoslav Richter, pero pocos más. Una obra que Schumann, junto con “Albumblátter”, tardó en recuperar. Lo hizo a final de su vida reuniendo “fondos de armario”, piezas cortas de carácter muy variado y sumo interés, algunas utilizadas en obras mayores, porque muestran abiertamente una de las características fundamentales del piano de Schumann: su enfoque orquestal. De ahí que Schumann le vaya como anillo al dedo a Sokolov. Estuvo en ellas absolutamente admirable, llenos de colores, muy introvertido en las intimistas y tempestuoso en las temperamentales virtuosísticas. Por cierto, algunas de ella presentan un perfume español, no lejano al de sus Spanisches Liederspiel opus 74 y Spaniche Liebeslieder opus 138.

Otra cosa es Mozart, del que ofreció, sin interrupción alguna para aplausos, el “Preludio y Fuga en Do mayor KV 394”, la “Sonata n.11 en La mayor KV331” y el “Rondó en La menor KV511”. Su Mozart no es el del siglo XVIII, sino que lo proyecta al XIX. Los pianos en sus tiempos no son los de ahora y Sokolov aprovecha las diferencias. Quizá también lo hubiera hecho Mozart. Muchos están acostumbrados a un Mozart más claro, liviano, transparente. El de Sokolov, entre otros factores a través del uso del pedal, se emborrona algo, coge más potencia, exprime más colores y se vuelve más expresivo y, en consecuencia, más comunicativo. No podemos saber lo que hubiera opinado Mozart sobre ello, pero es en cualquier caso siempre interesante y revelador.

Luego las propinas: dos Brahms, un Chopin, un Rameau, un Rachmaninov y un Bach. Prácticamente una tercera parte que, cómo no, obligaba a ir a un restaurante a comentar el recital. Sokolov es siempre Sokolov, por encima del repertorio. Permítaseme felicitarle por adelantado sus 70 años el 18 de abril, apenas 5 días después que yo los mismos. Gonzalo Alonso

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