Crítica: Sustanciosa firme construcción de la Sinfónica de Düsseldorf y Ádám Fischer
SUSTANCIOSA FIRME CONSTRUCCIÓN
Mahler: Sinfonía nº 3. Catriona Morison. Orquesta Sinfónica de Düsseldorf. Coro de la Comunidad de Madrid. Pequeños Cantores de la ORCAM. Director: Ádám Fischer. Auditorio Nacional, 21 de octubre de 2026.

Ádám Fischer y la Sinfónica de Düsseldorf (c) Susanne Diesner
Hace pocas semanas hablábamos aquí de la interpretación de esta Sinfonía mahleriana a cargo de los conjuntos de la Comunidad de Madrid dirigidos por Alondra de la Parra. Hoy, y contando con los mismos conjuntos vocales, hemos asistido a una nueva recreación de esta imponente partitura. Que se ha visto con otras luces y una perspectiva de mayor análisis estructural; lo que ha beneficiado a la versión, gobernada por una batuta especialmente afín como es la de Ádám Fischer, sin duda un mahleriano de buena cepa, de esos que llevan años profundizando en la literatura del músico bohemio.
Lo hemos podido comprobar en este concierto que ha puesto las estructuras de la gigantesca composición al descubierto a lo largo de una exposición en la que todo, o casi todo, ha estado bien engarzado, explicado, planificado ejecutado. Nos ha dejado un magnífico sabor. Ya en la apertura, con ese gigantesco Kräftig, Schieden (Vehemente, decidido), La gaya ciencia, la mañana de un día de verano. En la extensa introducción se escuchan varios temas o secciones, que serán la base de todo el fragmento y que en esta ocasión han quedado bien expuestos, claros, nítidos., llenos de color popular.
El desmesurado desarrollo recoge la tendencia anti arquitectónica de la exposición de forma curiosamente articulada. En la recapitulación o reexposición se citan la introducción, prácticamente completa, en Re menor, y la exposición, con su marcha en dos secciones, en Fa mayor. La coda es muy breve, solamente 13 compases. “La página más despreocupada que he compuesto”, decía Mahler del segundo movimiento, Tempo di menuetto, Muy moderato, en La mayor, 3/4. Es un lied con variaciones. Se trabajan las cuerdas graves en pizzicato. Solos de oboe y violín. Las refracciones y el colorido son, apunta Nicastro, muy Biedermeier.
El Scherzo es un commodo scherzando en do menor y 2/4. También un lied con variaciones, con solo de posthorn en Fa mayor y 6/8. Primera presencia del Wunderhorn y referencia a distintos lieder del compositor. Fischer, con las riendas bien sujetas, con una orquesta afinada y segura, supo controlar casi todo y darle el aire adecuado, en donde lo popular, el sabor agreste de la tierra, es básico. En otras ocasiones henos escuchado en el momento más misterioso el interno del instrumento de viento. En esta ocasión se ha empleado el posthorn en vez del fiscorno, que se usa otras veces. Magnífico solista que dotó de un aire hermosamente poético a su canto lejano.
Los coros de niños y femenino de la Orquesta de la Comunidad, que conocen bien estos pentagramas después de su intervención de hace unos días, han cumplido mejor que bien a las órdenes de Fischer siguiendo su gesto amplio y claro, caluroso, comprensivo, perfectamente ensamblado con los modos de su Orquesta, con la que trabaja desde 2015. Claridad, adecuación rítmica en el quinto tiempo. Antes, en el Misterioso cuarto movimiento, se lució la maezzosoprano Catriona Morisosn, de voz cálida, dicción más que correcta y pulcra afinación. Bordó ese oscuro Lied.
Todo quedó a punto para que la diestra batuta dibujara las anacrusas que dibujan el inicio del majestuoso Lento, tranquilo, sentido, Lo que me dice el amor, en Re mayor, 4/4, que incluye citas de la sección introductoria del primer movimiento. Exposición, sonoridad y discurso de estirpe wagneriana.
Encontramos también un evidente parentesco con la atmósfera del lento de la Novena de Beethoven y algún adagio de Bruckner. Es un canto de amor, sin combate, sin espera. La melodía es serena, “de pacata religiosidad”, según el iconoclasta Nicastro. La muy parsifaliana peroración, es versión depurada del ímpetu proteico y dionisíaco de la primera parte, que nos conduce a la contemplación espiritual. La móvil y diáfana batuta de Fischer supo hilar, construir, desarrollar e impulsar el cálido discurso. Escuchamos los últimos compases sin respirar.























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