Crítica: Triunfo madrileño de la Orquesta de Valencia y Liebreich en el Auditorio Nacional
Liebreich y el triunfo madrileño de la Orquesta de Valencia
Crítica. TEMPORADA ORQUESTA Y CORO NACIONAL DE ESPAÑA. Programa: Obras de Martín i Soler (Obertura de La capricciosa corretta), Brahms (Concierto para violín y orquesta), y Strauss (Así habló Zaratustra). Orquestra de València. Solista: Serguéi Jachatrián (violín). Director: Alexander Liebreich. Lugar: Madrid, Auditorio Nacional de Música. Entrada: Alrededor de 1.790 espectadores (lleno). Fecha: viernes, 27 febrero 2026.

La orquesta valenciana participó en la temporada de la ONE
Llegó y triunfó con todas las de la ley la Orquestra de València en eI primero de los tres conciertos programados este fin de semana en Madrid, en el Auditorio Nacional de Música, dentro del ciclo de abono de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Hacía 22 años que la centuria valenciana no recalaba en Madrid, por lo que esta actuación ha servido para exhibir el renovado nivel que hoy la sitúa en primer plano del sinfonismo español.
Tres conciertos para los que se han agotado las 6.972 localidades disponibles (el aforo del Auditorio Nacional es de 2.324 butacas). En el primer de ellos, el viernes, el público refrendó con su patente entusiasmo las excelencias de un programa cargado de compromiso, centrado en el poema sinfónico Así habló Zaratustra, de Richard Strauss, que encontró en las huestes valencianas y en su director titular, el bávaro Alexander Liebreich (Ratisbona, 1968), una visión de alto voltaje emocional y brillante virtuosismo instrumental.
Asomaron en tan cuidadosamente narrada interpretación la solvencia straussiana de Liebreich -quien desde 2018 es presidente de la Sociedad Richard Strauss de Múnich, además de director artístico del Richard Strauss Festival-, y las virtudes de una orquesta que siempre se ha identificado con la música del compositor bávaro, con hitos tan celebrados como sus interpretaciones en versiones de concierto de óperas como Salomé y Elektra, o la versión del mismo Así habló Zaratustra que dirigió Miguel Ángel Gómez Martínez en su primer concierto como titular de la formación valenciana, en noviembre de 1997.
Aquella orquesta poco tiene que ver con la que este fin de semana saborea el público madrileño. Han transcurrido tres décadas de aquel Zaratustra, tiempo que, salvo zozobras y periodos muy concretos, ha sido de permanente mejora y crecimiento. La calidad de la cuerda, homogénea, compacta, con nervio y terciopelo a un tiempo, es otro mundo. Como también la de un viento que se ha quitado de una vez el lugar común y peyorativo de “valenciano y de banda” para afirmar la realidad evidente de su calidad. Por no hablar de una percusión y timbales de primer nivel, como dejó bien claro el timbalero Javier Eguillor, colosal en los sobrecogedores compases iniciales (“Amanecer”) del magistral poema sinfónico.
Fue un comienzo ciertamente impactante, pórtico de una versión en la que las nueve secciones del poema se sucedieron en un discurso narrativo bien contado y dicho por Liebreich. Fantasía, incertidumbres, convicciones y el fondo filosófico del libro homónimo de Nietzsche que inspiró a Strauss habitaron en esta lectura cercana y fiel en letra y espíritu, en la que brilló toda la orquesta sin apenas excepción.
Además de los timbales de Eguillor y toda la sección de percusión -incluidos los sonidos impactantes y minuciosamente calibrados de la campana-, cabe destacar numerosas intervenciones solistas. Concertino (Anabel García del Castillo), los cuatro solistas de maderas, vientos… Una noche redonda en que todo tocó excelencia. ¡Orgullo de orquesta!
Antes, Serguéi Jachatrián (Ereván, 1985) dejó constancia de su linaje violinístico y artístico en el Concierto de Brahms, que cargó de virtuosismo y sentido lírico. Deslumbra el solista armenio por su técnica perfecta y sofisticada, pero también por una expresión natural, alejada de cualquier pose o efectismo. Su arte hondo, genuino y estilizado, y su pulido talento, le ubican en el olimpo de los violinistas actuales. Fue un Brahms vivificante, pletórico de sentido romántico y emoción sin almíbar. Desde las cuatro cuerdas, cantó el segundo movimiento con efusiva delicadeza, que contrastó con los acentos jubilosos que insufló al “Allegro giocoso” final.
Naturalmente, el Auditorio Nacional se vino abajo al final de la interpretación, que se benefició del acompañamiento atento, cómplice y efectivo de Liebreich. Tras varias salidas a saludar, Jachatrián se alió con el concertino que tocó en la primera parte del programa, Enrique Palomares, para interpretar fuera de programa y al alimón, un quieto y melodioso canto popular armenio recogido y transcrito por Komitas. Fue el complemento y colofón perfecto e intimista de una actuación en todos los sentidos sobresaliente.
El programa había comenzado con tintes valencianos, con los compases vivos y teatrales de la obertura de La capricciosa corretta, ópera bufa en dos actos del compositor valenciano Vicente Martín i Soler, coetáneo de Mozart en la Viena Imperial de la segunda mitad del XVIII, y con el que tanto paralelismo mantiene.
La viva, fresca y transparente versión escuchada fue preámbulo de lo mucho y bueno que aún tenía por delante esta noche en la que los actuales paisanos de Martín i Soler lucieron en Madrid sus mejores armas. El quisquilloso Brahms y el meticuloso Strauss hubieran disfrutado y aplaudido de lo lindo. ¡Ni les cuento el creador de Una cosa rara!
(Publicado en el diario Levante)

























Últimos comentarios