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Critica: Sokolov, pintor de sensibilidades
Por Publicado el: 24/02/2020Categorías: En vivo

Critica: Un magnífico Rosenkavalier bajo la dirección de Zubin Mehta

DER ROSENKAVALIER (R. STRAUSS)

Staatsoper de Berlín. 22 Febrero 2020.

Estas representaciones de El Caballero de la Rosa han dejado el listón muy alto, ya que han contado con una producción escénica más bien clásica, una excelente dirección musical y un magnífico reparto vocal, al menos en 3 de los 4 más importantes personajes de la ópera.

Se trata de una nueva producción que lleva la firma del austriaco André Heller, que hace un trabajo bastante tradicional, adecuado y atractivo, con la única novedad de cambiar la época de la trama, que la lleva a los años en que se estrenó la ópera (1917), ofreciendo una atractiva escenografía (Xenia Hausner) en los dos primeros actos, con un aposento de la Mariscala con pinturas en las paredes y un amplio escenario en el segundo acto de la casa de Faninal. Queda bastante más oscurecido el tercer acto, que se desarrolla en exterior en una especie de albergue árabe con una gran jaima al fondo del escenario. En mi opinión el acto de la posada requiere un desarrollo en interior y aquí se pierde el interés. La cosa volvió a mejorar notablemente al final, cuando desaparece todo el mobiliario y la jaima y se oscurece el escenario para el trío y dúo finales. El vestuario es siempre atractivo y responde a la época, siendo obra de Arthur Arbesser. Buena la labor de iluminación de Olaf Freese.

Escena

La dirección de escena de André Héller es buena, caracterizando muy bien a los distintos personajes y moviendo muy bien a los personajes de contorno. Es una producción que se ve con gusto y funciona sin problemas. El otro toque original fue convertir a Mohamed en un adulto, cuando estamos acostumbrados a ver a un niño en el personaje. Muy bien conseguida la breve escena final de la recuperación del pañuelo de la Mariscala.

La dirección musical corrió a cargo de Zubin Mehta, que era uno de los grandes atractivos de estas representaciones y tengo que decir que su lectura ha estado al nivel más alto que se puede esperar de un estupendo director, como es él. No había transcurrido un mes desde que le viera en este mismo teatro en el Falstaff de Verdi y ahí su dirección no me entusiasmó, aunque fuera brillante en términos generales. Ahora, en cambio, tengo que decir que su dirección ha superado mis expectativas. Nos ha ofrecido una lectura magnífica de esta extraordinaria ópera, cuidando todos los detalles, apoyando siempre a los cantantes, a los que trató con mimo, y sacando un partido magnífico de la extraordinaria Staatskapelle Berlín.

Como digo más arriba, el reparto vocal ha sido excelente en casi todos los casos. Lo menos destacable fue la prestación de la mezzosoprano canadiense Michèle Losier, cuya actuación fue buena sin duda, pero un tanto oscurecida por el brillo de sus otros compañeros de reparto. Como en otras ocasiones que la he visto en escena, su voz me ha parecido atractiva y bien manejada, con el inconveniente de que su volumen vocal es un tanto escaso, lo que se aprecia en algunas ocasiones. En su favor hay que decir que su musicalidad en la Presentación de la Rosa y en el final de la ópera no dejó nada que desear.

Camilla Nylund

La soprano finlandesa Camilla Nylund fue la Marschallin y es la vez que más me ha convencido de todas las que la he visto en escena y han sido unas cuantas. No hacía un mes que la veía en Dresde en Meistersinger y no me convenció, resultado su canto un tanto impersonal. Todo ha funcionado mucho mejor aquí. Me sorprendió muy positivamente su canto, verdaderamente emocionante, en el famoso monólogo del primer acto, así como en el dueto con Octavian que cierra dicho acto. Hubo calidad y emoción a raudales. Lo mismo se puede decir de su actuación en el tercer acto, donde no exagero diciendo que fue ella la Mariscala, no su intérprete, cantando con gran gusto y musicalidad sus intervenciones en dicho acto. No esperaba tanto de ella y la sorpresa me ha resultado por demás gratificante.

Michèle Losier y Günther Groissböck

El Barón Ochs fue interpretado estupendamente por Günther Groissböck, que resulta en escena más joven que lo que estamos acostumbrados en el personaje. Su actuación nada dejó que desear tanto en términos vocales como escénicos. La presencia de este bajo en el reparto ha sido sustituyendo al anunciado René Pape, ya que Groissböck estaba anunciado en estas fechas como Hunding en el Teatro Real. Parece ser que Zubin Mehta no estaba satisfecho con René Pape, que debutaba en el personaje, y quiso contar con Groissböck, a quien había dirigido anteriormente en Salzburgo. Y así fue el cambio, con el que seguramente hemos ganado todos.

Sophie Faninal fue la soprano americana Nadine Sierra y hay que descubrirse ante su interpretación. Vocalmente, no se puede hacer una Sophie mejor y además es una excelente intérprete escénica. Generalmente, Sophie suele ser interpretada por una soprano ligera y Nadine Sierra es algo más que eso, más bien una lírico-ligera, pero la tesitura no le crea ningún problema. Es una excelente cantante, a la que espero ver dentro de unas semanas en Burdeos en la parte de Juliette en la ópera de Gounod, que creo que le puede ir estupendamente. Por si lo anterior no fuera suficiente, le acompaña además la figura.

La parte de Faninal fue interpretada por el ya veterano Roman Trekel, sobre cuyo estado hubo aviso de indisposición al comenzar la representación. Fuera por enfermedad o no, el caso es que su voz no corría de modo suficiente y me temo que hay más problemas en su estado vocal.

La pareja de intrigantes italianos fue adecuadamente interpretada por Katharina Kammerloher (Annina) y Karl-Michael Ebner (Valzacchi), mejor vocalmente la primera.

La Presentación de la Rosa

Un lujo la presencia de Anna Samuil en la parte de Marianne, la criada de Sophie.
Lo hizo bien el Cantante Italiano, interpretado por Atalla Ayan, que cantó con voz adecuada y atractiva su bien conocida aria.

El resto de los numerosos personajes secundarios estuvieron bien cubiertos en todos los casos.

La Staatsoper Unter den Linden había agotado sus localidades y el público dedicó un auténtico triunfo a los cantantes y sobre todo a Zubin Mehta en los saludos finales.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 4 horas y 43 minutos, incluyendo dos largos intermedios. Duración musical de 3 horas y 33 minutos. Diez minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 136 euros, habiendo butacas de platea desde 44 euros. La localidad más barata costaba 26 euros. José M. Irurzun

Fotos: R. Walz

 

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